El mundo después del 11S
10.09.06 @ 11:30:46. Archivado en Dossieres, Oriente Próximo
SEGUNDA PARTE

Davidson: George, tú has escrito esta semana, algo acerca del Islam moderado.
Packer: Un asunto que pasamos por alto, porque nos hemos centrado, directamente, en el uso de la fuerza, es la batalla personal dentro de los países musulmanes, que se está agudizando cada vez más. Ya dura medio siglo. Estamos viviendo el intenso final de una batalla que está afectando a los países árabes desde su independencia, y es una batalla que concierne a la modernidad y la clase de sociedad musulmana que quiere vivir en ella. Para este artículo he buscado algunos signos de moderación intelectual en lugares como Sudan y Marruecos. No puedo decir que sea muy entusiasta, pero hay signos de avance a los que sin embargo no hemos prestado atención porque los grandes titulares lo ocupan siempre Oriente Próximo. Un estudiante sudanés me confesó que no esperaba nada bueno del mundo árabe en el futuro (entendí que se refería al Oriente Próximo). El lugar donde habita una mayor esperanza es la periferia, los musulmanes de la periferia, desde Senegal a Indonesia. Países que no están normalmente en los titulares, donde la lucha por definir sus propias sociedades es menos explosiva (y no está atrapada en el centro del conflicto Palestino-Israelí, la guerra de Irak, el poder militar americano y etc). Es un tema tratado bajo el prisma de cualquiera que no esté bajo la amenaza de armas, es decir a través de ideas, partidos políticos, e incluso a través de políticas democráticas en algunos de ellos. Por lo tanto no es una cuestión solo de guerra y destrucción; es también de ideas y de la dirección que están tomando estos países. He oído frecuentemente, no obstante, que las imágenes de Oriente Próximo en Al Jazeera ponen la situación muy difícil para ganar adeptos a los reformistas de estos países musulmanes de la periferia. Puesto que son vistos, de una manera creciente, como defensores de Occidente. Cuanto más se establezca y trace como enfrentamiento el Islam versus Occidente, peor será para todos, nosotros y los propios musulmanes. Y a medida que esa rabia se transforme en una batalla de ideas dentro de los países musulmanes por la modernización y no una lucha contra Occidente, habrá más esperanza, porque creo que la mayoría de la población no quiere vivir en una sociedad totalitaria donde son impuestas a la fuerza costumbres de la Edad Media.
Davidson: Quiero volver cinco años atrás, justo después del 11S, cuando hablabamos largo y tendido sobre justicia, sobre llevar a los ejecutores ante los tribunales, y la duda de si se ha hecho justicia por el atentado. Sy, nombraste a Khalid Sheikh Mohammed, actualmente en prisión acusado de ser la cabeza dirigente del atentado. ¿Por qué no ha sido juzgado?
Hersh: Porque la Administración no ha querido. Creo que una de las razones es porque dirá en el juicio como ha sido tratado. Es difícil obtener un veredicto si alguien llega a los tribunales describiendo el tipo de tratamiento que ha recibido en manos de los Estados Unidos. Decidimos bien pronto comportarnos como idiotas. Todavía lo somos, va más allá de la estupidez.
Davidson: Hemos mencionado Afganistán como el primer lugar donde fuimos a “apresar a los chicos malos”. Jon Lee, tú estabas en Afganistán cuando comenzó el bombardeo, en octubre de 2001; también volviste el año pasado. ¿Has tenido la sensación, cuando estabas allí, de que se ha hecho alguna justicia por las víctimas del 11S, y a su vez, por los afganos?
Anderson: No cabe duda que la acción americana y de la coalición en Afganistán consiguió una cosa: borrar a Al Qaeda de todas las áreas que ocupaba, especialmente en su papel como dirigente del régimen Taliban en el país. Esto no es retórica política. Al Qaeda tenía un papel preeminente en el país, fundó el régimen Taliban, y disponía de una base de operaciones abierta a terroristas que buscan dañar cualquier Estado, incluido Estados Unidos. Se consiguió ese objetivo pero no es una victoria total. Los Taliban huyeron a las montañas. Osama bin Laden escapó. Y desde entonces Occidente, (Estados Unidos y sus socios) se han echado a dormir. Los afganos se convirtieron en plastilina. No tenían más expectativas, que las que tenemos en Occidente. Éramos el país de la esperanza. Éramos, en su imaginación, ese Estados Unidos esplendoroso de la era Kennedy. Éramos capaces de hacer cualquier cosa por ellos. Estaban con nosotros. Pudimos hacer tanto en Afganistán que hubiera sido un gran mensaje para el resto del mundo. Pudimos hacer lo mejor para el país. Pero no lo hicimos. Teníamos a nuestros chicos de las Fuerzas Especiales haciendo lo que se les pedía, que era limpiar y perseguir los remanentes de Al Qaeda y algunos Taliban. Pero, ¿qué apreciaron los afganos sobre el terreno?. Vieron que no había ningún esfuerzo serio de integrarlos en la propuesta de ideas, aparte de la amable figura accidentalizada de Hamid Karzai, que pronto fue considerado como un títere presidencial. El poder de su gobierno era incapaz, a los ojos de la población nacional e internacional, para transformar un país que ha sido destruido durante tres décadas de guerra.
Davidson: Sy, has escrito mucho sobre los fallos de Inteligencia que no evitaron el 11S. Poco después del atentado se habló mucho de que las tácticas y métodos del FBI y la CIA tenían que cambiar. ¿Han cambiado realmente?, y si es así, ¿ha sido para mejor o para peor?
Hersh: Creo con vehemencia que las cosas están peor. Gente muy capaz se ha asqueado y desanimado y ha dejado Inteligencia. Creo que el nuevo sistema originado por la Comisión del 11S va a ser otro desastre. Soy muy escéptico. Como he dicho antes, algunos tratan de avanzar en este campo, tratan de utilizar un red operativa, y trabajar con métodos más sofisticados para atrapar la verdadera raíz de las células terroristas. Aunque no vamos mal encaminados el patinazo del principio fue inmenso. Mira, lo fundamental es que tenemos una Casa Blanca que, como George ha dicho al comienzo de esta conversación, no asimila ninguna información que no desea. No es nada nuevo y no ha cambiado nada. Estamos aún en una condiciones calamitosas.
Davidson: La Casa Blanca dice que tenemos que olvidarnos de, por ejemplo, la privacidad de las llamadas telefónicas, para evitar más ataques terroristas.
Hersh: Hay maneras de tratar el asunto más allá de los confines de las leyes de vigilancia del Departamento de Inteligencia Externa. Esta Administración ha elegido no utilizarlas, por la razón que sea, (seguridad o por puro secretismo). Han demostrado su desprecio por la Constitución. Hay una verdadera crisis constitucional. Tenemos una crisis por la situación en Irak, que como dice Jon Lee, sufre una guerra civil. Ocurre simplemente que no queremos nombrar a la bicha.
Davidson: ¿Es América más fuerte que hace cinco años?
Hersh: !Oh Dios!, nadie discutiría sobre eso. Nadie diría eso. Acabas se oír en esta conversación como se nos ve. No hemos hecho lo correcto en términos de reconstrucción. No hemos hecho lo correcto en Irak. Es imposible que estemos en mejor forma. No ha habido un ataque en Estados Unidos, (no tengo respuesta para esto), aunque no creo que sea un vehículo político para George W. Bush. No somos tan fuertes desde la perspectiva de que ya no somos tan respetados y ese áurea de país invencible ha desaparecido.
Davidson: Jon Lee, volvamos al 10 de septiembre de 2001, cuando estabas a punto de partir a Sri Lanka. Viaje que cancelaste y no has realizado aún. ¿Crees que América ha desatendido otras zonas del mundo desde el 11S?
Anderson: Absolutamente. Como también ocurría antes del 11S. Lo que estaba haciendo entonces para The New Yorker era algo que me interesaba personalmente, como ir a lugares del mundo que sentía abandonados desde la Guerra Fría. De hecho Afganistán era una de mis metas, si bien fui posteriormente al atentado. Sri Lanka era uno de los más oscuros porque no lo situábamos desde ningún ángulo en América. Como americano que ha vivido la mayor parte de su vida fuera, he sentido muchas veces esa desconexión entre nuestra propia percepción y la percepción que el resto de los países tiene de nosotros. Como americano que se siente extraño en su extraño país, me he tomado con cautela la representación de mi país. En los noventa y comienzos del siglo XXI era muy entusiasta, y profunda y conmovedoramente consciente del abandono de nuestra responsabilidad sobre el pasado (en algunos casos con un legado muy destructivo ), responsabilidad que hemos olvidado durante todos estos años de esfuerzo empleado en combatir la expansión del comunismo en los países del Tercer Mundo. Hemos dejado un buen agujero. Ya no somos los buenos americanos. La gente todavía nos esperaba. La era Clinton, en cierta forma, recordaba a la época dorada, a pesar de los errores en la política exterior de esta Administración. Estados Unidos había conseguido dar, de nuevo, esa sensación de compromiso con el mundo. O puede que fueran las reminiscencias del colapso de la Unión Soviética. Sin embargo todo ha cambiado, al igual que Sy y George apuntaban: El lenguaje elegido y las decisiones políticas tomadas sobre como América debe responder ante las nuevas amenazas. Hemos tenido muchas oportunidades de arreglarlo, de cambiar estas percepciones cada vez más arraigas de rencor y enemistad hacia América por no asumir sus responsabilidades.
Davidson: Pero aunque no seamos queridos, ¿Somos más fuertes?
Anderson: No. No. Porque hemos perdido el respeto de nuestros enemigos. ¿Por qué se produjo ese “lapsus sin gobierno” entre la caída de Baghdad y el momento en que los insurgentes comenzaron a actuar? Porque nos observaron sobre el terreno. Primero, fue el bombardeo, y una especie de veloz campaña de infantería concentrada en la capital. Después nuestras tropas comenzaron a desplegarse y se convirtieron en los custodios de la ley y el orden. Entonces el enemigo vencido (o más bien diríamos un enemigo esfumado o desvanecido y que en modo alguno se sentía vencido) esperando y observando desde las sombras, decidió atacar, decidió que era posible matarnos. O sea que podían observarnos de cerca y ver que operábamos sin la lógica de una superpotencia que sabe lo que quiere hacer. No teníamos ningún conocimiento del terreno, la lengua, la cultura. Había un discusión abierta sobre lo que queríamos. Éramos atacables. Por lo tanto nuestros enemigos perdieron todo el respeto por nuestros billones de dólares de chatarreria. Y ahora tenemos allí una de las peores insurgencias del mundo. Hace un año, todavía teníamos la ilusión, ingenua ilusión, de que Afganistán estaba resuelto, que los Taliban estaban en las montañas, el Gobierno de Karzai se iba fortaleciendo, estábamos construyendo una espléndida y nueva embajada americana (aunque ningún otro edificio en Kabul), y resulta que, ahora, los Taliban han vuelto. Ya no nos temen más. No somos fuertes porque nuestros enemigos no creen que lo seamos y hasta que Estados Unidos entienda eso y comprenda como transformar su posición en el mundo y hacer que la gente le respete, tanto por ser una gran nación como por su poder militar, aplicado adecuadamente, estaremos luchando contra una batalla cada vez más cuesta arriba.
Traducción de The New Yorker
The World After 9/11
Amy Davidson charla con:
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Blanca Vázquez Fernández
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