Los intereses de Washington en la contienda entre Israel y el Líbano
18.08.06 @ 10:06:34. Archivado en Dossieres, Oriente Próximo
Segunda parte
“Hamas pensó que la llamada de Damasco tenía muchas interferencias, ya que Israel estaba descodificando la clave”, dijo el consejero. Durante el año anterior a su victoria en las elecciones de enero en Palestina, Hamas restringió sus actividades terroristas. En las conversaciones interceptadas a finales de mayo, el líder de Hamas remarcó que “no obtenían ningún beneficio de ello y perdían credibilidad a los ojos de la población palestina”. La conclusión, sentenció, era “volver al terrorismo y tratar de obtener concesiones del gobierno israelí. Estados Unidos e Israel coincidían en que si el líder de Hamas tomó tal decisión debería haber una respuesta a gran escala.

En las semanas posteriores, cuando Hamas comenzó a cavar el túnel hacia Israel, la Unidad 8200 captó de nuevo comunicaciones entre Hamas, Siria, y Hezbollah en las que expresaban su deseo de que Hezbollah calentara el norte. En uno de los mensajes Nasrallah (líder de Hezbollah) se refirió a Olmert y el Ministro de Defensa Amir Peretz “como representantes débiles” en comparación con los ex Ministros Ariel Sharon y Ehud Barak, con amplia experiencia militar, y por lo tanto calculó que Israel respondería a pequeña escala, localmente, como en el pasado, concluyó el consejero.
A principios de verano, antes de los secuestros de Hezbollah, varios oficiales israelíes visitaron Washington por separado para “obtener luz verde a la operación de bombardeo y comprobar el apoyo estadounidense, continuó contándome mi contacto. Israel empezó con Cheney. Querían estar seguros de su apoyo y el de su gente en la oficina en Oriente Próximo. Posteriormente persuadir a Bush no constituía ningún problema y Condi Rice estaba ya a bordo.
El plan inicial, diseñado por los israelíes, consistía en un bombardeo masivo como respuesta a las provocaciones de Hezbollah. Israel creía que apuntando a las infraestructuras del Líbano, incluidas las autopistas, depósitos de combustible, e incluso la carretera principal que lleva al aeropuerto se persuadiría a la población Cristiana y Suní del Líbano para ponerse en contra de Hezbollah, de acuerdo con la información que me proporcionó un ex oficial Inteligencia retirado. La Fuerza Aérea Israelí ha comandado, en las últimas semanas, casi 9.000 misiones (el portavoz israelí David Siegel dijo que Israel apuntaba únicamente a lugares conectados con Hezbollah; el bombardeo de puentes y carreteras era un daño colateral para evitar el transporte de armas).
El plan israelí, según este ex oficial de Inteligencia, era “el espejo donde Estados Unidos pretendía mirar de cara a sus planes con Irán”. (La propuesta inicial de la Fuerza Aérea americana para un ataque contra las instalaciones nucleares de Irán, que incluye también la opción de bombardear infraestructuras civiles, ha sido pospuesta por los máximos jefes del ejército, la marina y del cuerpo de Marines. Dudan que dicho plan funcione, y que como ha ocurrido con la guerra de Israel contra Hezbollah, lleve, inevitablemente, a la utilización de las tropas de tierra).
Uzi Arad, quién formó parte del Mossad durante más de dos décadas me contó que según su experiencia los contactos entre Israel y el gobierno de Estados Unidos han sido rutinarios, y continua, “en todos los encuentros y diálogos con los oficiales nunca he escuchado nada referente a una previa coordinación con Estados Unidos. Lo único que me ha sorprendido, esta vez, es la rápida decisión tomada por Olmert de avocar a una guerra. Normalmente se analiza cuidadosamente y con tiempo todos los puntos”.
La persona clave en el plan militar ha sido el teniente general Dan Halutz, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa Israelíes, que a lo largo de su carrera participó en la planificación de un ataque aéreo a Irán. Olmert, ex alcalde de Jerusalén y Peretz, ex dirigente laborista, no podían competir con su experiencia y pericia.
En las primeras reuniones con oficiales estadounidenses los israelíes apuntaban a la guerra en Kosovo como ejemplo de lo que Israel trataba de conseguir. Las tropas de la OTAN dirigidas por el general americano Wesley Clark bombardearon repetidamente no sólo blancos militares sino también túneles, puentes, y carreteras, en Kosovo y Serbia, durante 78 días hasta obligar a las fuerzas Serbias a retirarse de Kosovo. “Israel estudió la guerra de Kosovo como modelo a seguir” continuó diciéndome el consejero del gobierno, “los israelíes comentaron a Condi Rice que lo que América había hecho en 70 días, ellos lo harían en 35”.
Hay, desde luego, grandes diferencias entre el Líbano y Kosovo. Clark, retirado de la armada desde el año 2000 y que perdió unas presidencias por el partido Demócrata en 2004, comentó al respecto: “Si es cierto que la campaña israelí está basada en las tácticas norteamericanas en Kosovo, entonces es que no han entendido la idea. Nuestro uso de la fuerza tenía un objetivo diplomático, no se trataba de matar civiles”. Clark escribió en un libro que publicó en 2001, con el título “Hacer la guerra moderna”, que fue la amenaza de una posible invasión terrestre, a la par que los bombardeos lo que forzó a Serbia a parar la guerra. “Personalmente, me dijo, de acuerdo con mi experiencia, los ataques aéreos tienen que ser respaldados con la voluntad y capacidad de acabar el trabajo en tierra”.
Kosovo ha sido citado públicamente por los oficiales y periodistas Israelíes desde el comienzo de la guerra. El 6 de agosto, el Primer Ministro Olmert, en respuesta a las condenas europeas sobre las muertes de civiles en Líbano, respondió: “No tienen derecho a reprochar nada a Israel, los países europeos atacaron Kosovo y mataron 10.000 civiles. !Diez mil! Y ninguno de estos países había sufrido antes ni siquiera el ataque de un solo misil. No digo que estuviera mal intervenir en Kosovo, pero por favor, no nos sermoneen sobre el trato a los civiles”. (Human Right Watch calculó que el número de civiles muertos en los bombardeos de la OTAN fue de 500; el gobierno yugoslavo puso la cifra entre 1.200 y 5.000).
El departamento de Cheney apoyó el plan israelí, al igual que Elliott Abrams, viceconsejero de Seguridad Nacional, según varios ex oficiales, aunque un portavoz de Consejo de Seguridad Nacional negó la conformidad de Abrams). Creían que Israel tenía que moverse rápido en sus ataques aéreos a Hezbollah. “Hemos dicho a Israel que si tenían que hacerlo estábamos a su lado, y que lo hicieran cuanto antes, más pronto que tarde, ya que cuanto más tiempo se emplea en esas decisiones menos tiempo nos queda para evaluar los resultados y diseñar un plan contra Irán antes que Bush acabe su mandato”. El punto de vista de Cheney era “¿Qué pasa si los israelíes ejecutan su plan con éxito? Será un buena noticia. Podemos saber lo que hacer en Irán observando lo que Israel hace en el Líbano.
El consejero del Pentágono declaró que el departamento de Inteligencia de la Casa Blanca se está manejando mal en el caso de Hezbollah e Irán, como ya lo hizo con Irak en 2002 y 2003 en referencia a las armas de destrucción masiva. “La gran queja, ahora, en el departamento de Inteligencia es que todo los temas realmente importante están siendo enviados a las altas esferas, la Casa Blanca, sin ser apenas analizados cuidadosamente. Es una mala política y viola todas las normas de Seguridad Nacional, con el añadido de que si nos quejamos nos echan. Cheney maneja el tema con mano dura”.
El objetido a largo plazo de la Administración Bush era establecer una coalición Árabe Suní (con la inclusión de países como Arabia Saudi, Jordania y Egipto) que unida a Estados Unidos y Europa presionara a los mullahs Chiítas en Irán. “Pero dicho plan requería que Israel derrotara a Hezbollah”. Algunos funcionarios de la oficina de Cheney y del Consejo de Seguridad Nacional han llegado a convencerse, mediante conversaciones privadas, que estos países podrían moderar sus críticas públicas contra Israel y acusarían a Hezbollah por crear la crisis que ha llevado a la guerra. Aunque lo hicieron en un principio, cambiaron su posición en vista de las protestas de sus respectivas poblaciones sobre el bombardeo israelí. La Casa Blanca se sintió claramente decepcionada cuando hacia finales del mes pasado el Príncipe Saud al-Faisal, Ministro saudí de Exteriores, acudió a un encuentro con Bush en Washington, en el que pidió una intervención diplomática inmediata para parar la guerra. El diario Washington Post publicó que Estados Unidos esperaba el apoyo de los países árabes moderados “para tratar de presionar a Siria e Irán y con ello controlar a Hezbollah, pero los Saudíes se desentendieron....lo que parece ha ensombrecido la iniciativa”, a tenor de la información que me suministró el consejero especializado en las relaciones con Oriente Próximo.
La sorprendente fuerza de la resistencia de Hezbollah, y su continua habilidad para lanzar misiles al norte de Israel esquivando los constantes bombardeos israelíes, es un gran contratiempo para aquellos que, en la Casa Blanca, quieren usar la fuerza en Irán. Igualmente la duda se instala en los que piensan que el bombardeo a Irán le creará desestabilizad interna y revueltas.
Sin embargo, algunos oficiales pertenecientes al grupo del Alto Mando están preocupados ante el hecho de que la Administración no saque una valoración positiva y realista de este ataque. “Dudamos que Rumsfeld y Cheney saquen las conclusiones correctas, cuando el humo desaparezca, dirán que ha sido un éxito, y se atrincherarán en su plan de ataque a Irán”. En la Casa Blanca, especialmente en la oficina del Vicepresidente, muchos oficiales creen que la campaña militar contra Hezbollah ha funcionado y que hay que seguir adelante. Aunque por otro lado, dice el consejero del gobierno, algunos políticos de la Administración han concluido que el coste civil del bombardeo al Líbano ha sido muy alto. “Le están advirtiendo a Israel que disminuya los ataques a las infraestructuras”. Parecidas divisiones se están produciendo en Israel. David Siegel, portavoz el gobierno israelí, comunicó que los líderes de su país creían, a comienzos de agosto, que la guerra por aire había sido un éxito, con la destrucción de más del 70% del armamento de Hezbollah (especialmente los misiles de largo alcance y gran capacidad) . “El problema son los de corto alcance, que pueden ser disparados desde poblaciones pequeñas y casas”. La única solución a esto son las operaciones por tierra (que es lo que Israel hará si las conversaciones diplomáticas no progresan).
La semana pasada, no obstante, era evidente la preocupación del gobierno israelí por la marcha de la guerra. En un movimiento inusual, el General en Jefe Moshe Kaplinsky, a las órdenes de Halutz, se puso al mando de las operaciones, sustituyendo al General Udi Adam. La preocupación en Israel es que Nasrallah aumente la crisis con el lanzamiento de misiles a Tel Aviv. “Hay un intenso debate sobre cuanto daño tiene que infligir Israel como prevención”, sentencia el consejero. “Si Nasrallah ataca Tel Aviv, ¿qué debería hacer Israel? Su objetivo es disuadir, con más ataques, a Nasrallah y que destruirá su país si no para.
Un oficial de la Inteligencia europea considera que “los israelíes están pillados en una trampa psicológica. Los primeros años pensaron que podrían solucionar los problemas con mano dura. Pero ahora, con los mártires islamistas, las cosas han cambiado, y necesitan diferentes respuestas. ¿Cómo atemorizo a gente que admira a los mártires?”. El problema con el intento de eliminar a Hezbollah es que el grupo tiene vínculos con la población Chiíta en el sur del Líbano, el Valle de Bekaa, y los suburbios del sur de Beirut, donde dirigen escuelas, hospitales, estaciones de radio, y varias ONGs.
Un estratega militar de alto nivel me confesó, a su vez: “Somos muy vulnerables en la región, y hemos hablado con el régimen Saudita sobre el efecto de un ataque iraní, a Hezbollah y sus infraestructuras petroleras. Hay una preocupación especial en el Pentágono, añadió, sobre los países productores de petróleo al norte del estrecho de Hormuz. Debemos anticipar las consecuencias inesperadas que se pueden producir”. ¿Podemos mantener el barril de petróleo a 100 dólares? Hay algo cómico en pensar que todo se puede hacer desde el aire. Es imposible tener éxito sin una presencia en tierra, aunque los políticos no consideran nunca lo malo, solo quieren oír el lado bueno”.
Hay evidencias de que los Iraníes esperaban la guerra contra Hezbollah. Vali Nasr, experto sobre Irán y los Chiítas, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores y profesor de la Escuela Superior Naval de Monterey, California, explicó: “Cada movimiento negativo de América hacia Hezbollah es visto por Irán como parte de la campaña contra ellos. En Irán han comenzado a prepararse para el momento decisivo suministrando armas y entrenamiento cada vez más sofisticados a Hezbollah. Hezbollah está probando, ahora, las nuevas armas de Irán. Irán cree que la Administración Bush trata de usurparle su papel en la región y para ello fomenta problemas“.
Nasr, que recientemente publicó un estudio sobre la división Sunni-Chiíta, continuó afirmando que el líder iraní cree que el objetivo de la política de Washington es obtener ayuda de la fuerza internacional para actuar como amortiguador y separar Siria del Líbano con el fin de aislar a Hezbollah, cuya vía de suministro se realiza a través de Siria. La acción militar no siempre obtiene los resultados políticos que se desean. La popularidad del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, crítico en extremo con Israel, es cada vez mayor en su país. Si Estados Unidos ataca las infraestructura nucleares de Irán puede que Ahmadinejad acabe convirtiéndose en otro Nasrallah, el rock star de la zona árabe.
Donald Rumsfeld, uno de los miembros más poderosos y directos de la Administración Bush, no ha comentado casi nada sobre la crisis del Líbano. Su relativa tranquilidad, comparada con su agresiva presencia en el tema iraní, ha promovido un debate en Washington sobre donde se sitúa esta vez.
Algunos de los oficiales en servicio y ex oficiales entrevistados para este artículo piensan que Rumsfeld no apoya a Bush y Cheney sobre el papel de América en la guerra entre Israel y Hezbollah. “Hay un presentimiento general de que Rumsfeld estaba cansado del enfoque de esta guerra. La Fuerza Aérea y el uso de algunas Reservas Especiales funcionó en Afganistán, lo que se copió, a su vez, en Irak. Consistía en la misma idea, pero no ha funcionado. Piensa que Hezbollah está muy escondido y un ataque israelí no constituye un éxito, y lo último que desea es otra guerra que ponga en peligro las tropas americanas en Irak.
La opinión de un diplomático occidental al respecto es que se entiende que Rumsfeld no sepa todos las complejidades de la guerra. “Está enfadado y preocupado por sus tropas en Irak”. Rumsfeld trabajó en la Casa Blanca durante el último año de la guerra del Vietnam, de donde salieron las tropas americanas en el año 1975. No quiere que algo así se repita en Irak y una incursión en Irán pondría a los soldados americanos en Irak a merced de ataques de milicias pro-Iranies Chiítas.
En la reunión del 3 de agosto del Comité de Servicios Armados del Senado, Rumsfeld se mostraba poco entusiasta sobre las implicaciones del mantenimiento de las tropas en Irak. A la pregunta de si la Administración era consciente del impacto de la guerra en Irak, respondió que en sus reuniones con Bush y Condoleezza Rice, “hay una sensibilidad especial por no poner a nuestro país, nuestros intereses o nuestra fuerza militar en peligro por lo ocurrido entre Israel y Hezbollah....Hay enormes riesgos a los que nos enfrentamos en la zona, y estamos ante una difícil y delicada situación.
Sin embargo el Consejero del Pentágono considera que “Rummy” forma parte del equipo. Le gustaría ver a Hezbollah reducido, aunque está por la labor de bombardear menos e innovar en las operaciones por tierra, opinión compartida por el ex oficial de Inteligencia que cree que Rumsfeld está encantado de que Israel sea nuestro caballo de batalla.
Hay también dudas sobre el status de Condoleezza Rice. Su inicial apoyo al ataque aéreo israelí ha sido moderado con disgusto por los efectos del ataque en el Líbano. A principios de agosto comenzó, de forma privada, a empujar a la Administración con la idea de entrar en conversaciones diplomáticas con Siria, sin ningún éxito. La semana pasada el diario Times dijo que Rice dirigió una embajada oficial a Damasco para encontrarse con el Ministro de Asuntos Exteriores Sirio, si bien la reunión no produjo ningún resultado. El diario publicó, igualmente, que Rice se muestra como parte pacificadora no sólo en el exterior, también entre partes contrarias dentro de la Administración. El artículo subraya la división entre los cuerpos diplomáticos del Departamento de Estado y los “conservadores del gobierno o neocon” incluidos Cheney y Abrams, que abogaban por un apoyo incondicional a Israel.
Diplomáticos occidentales me confirmaron que creen que Abrams quiere aparecer como mediador con Irán y en la actual crisis Israelí-Hezbollah, y con ello disminuir el papel de Rice, quién ya no quiso realizar el último viaje diplomático a Oriente Próximo. “Solo quería aparecer si veía alguna posibilidad de parar la guerra.”
El mayor apoyo de Bush en Europa sigue siendo el Primer Ministro Británico Tony Blair, aunque muchos de sus colaboradores del Departamento de Asuntos Exteriores, creen que se encuentra en un limbo muy particular, especialmente por aceptar la negativa de Bush de un inmediato alto el fuego entre Israel y Hezbollah. “Blair está solo en esto” comenta un ex diplomático, “sabe que no es más que un monigote que está fuera del tablero, pero apuesta por la política Bush. “Bebe la complicidad de la Casa Blanca como el que más en Washington”. La crisis empezará realmente a finales de agosto cuando los iraníes, ante el ultimátum de Naciones Unidas, digan no.
Incluso aquellos que continúan apoyando la guerra de Israel contra Hezbollah están de acuerdo que es un gran error tratar de poner a la población libanesa en contra de Hezbollah. Los bombardeos estratégicos son un concepto miliar que ha fallado durante 90 años y aún así las fuerzas aéreas, a lo largo del globo, continúan en sus trece, me explicó John Arquilla, analista de defensa en la Escuela Superior Naval. Arquilla ha hecho campaña, durante más de una década y con gran éxito, para cambiar la manera en que América lucha contra el terrorismo. La guerra hoy en día no es entre muchedumbres. Hay que actuar con coordinación de equipos y redes para derrotar a la otra red. Israel se ha centrado en bombardear Hezbollah, y cuando no ha funcionado, ha descargado su agresividad en tierra. La definición de demencia proviene de hacer siempre lo mismo esperando diferentes resultados.
Traducción : The New Yorker
Washington’s interests in Israel’s war.
by SEYMOUR M. HERSH
Seymour Myron Hersh (1937) es un controvertido periodista investigador asentado en Nueva York. Es asiduo colaborador del diario The New Yorker en asuntos militares y de seguridad.
Adquirió mucho prestigio cuando en 1969 publicó La masacre My Lai sobre la guerra del Vietnam, por el que ganó el Premio Pulitzer Internacional en 1970. Destapó las torturas y vejaciones de la prisión de Abu Ghraib en 2004.
Sus reportajes beben de las confesiones y confidencias de consejeros, oficiales, expertos, diplomáticos y en general personas cercanas al poder o que lo han estado durante años, y con quienes Hersh mantiene un acuerdo de anonimato bajo cualquier circunstancia.
Mas reportajes de este periodista: Ansia conquistadora
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Blanca Vázquez Fernández
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