La pose de la desesperación invencible
10.05.06 @ 14:04:25. Archivado en Dossieres, Oriente Próximo
De mirada limpia y azul, poseído de una fuerza extraordinaria a sus 80 años, John Berger es un escritor que retrata con realismo impactante la miseria moral, la miseria a secas.

Este escritor y crítico de arte británico describe con palabras graves, cargadas de razón la situación del pueblo palestino, de sus desesperación sin miedo, sin resignación, sin sensación de derrota lo que da lugar a una pose con respecto al mundo que les ignora: “para nosotros, dice una madre palestina en un control, el silencio de Occidente es peor que las balas de ellos”.
Vaya a donde vaya uno en Palestina (incluso en las zonas rurales) siempre se encuentra entre escombros, moviéndose con tiento sobre ellos, buscando la forma de sortearlos, de saltarlos. Pero también están los escombros de las palabras; los escombros de las palabras que ya no cobijan nada, porque su significado ha sido destruido. Como el IDF (Israeli Defence Force) Fuerzas Defensivas de Israel, que es hoy, de hecho un ejercito de ocupación.
Los tortuosos puestos fronterizos y los controles del ejército israelí han reducido gravemente los movimientos de los palestinos, la posibilidad de viajar, o de pensar en viajar, por lo que les queda de sus propios territorios. Muchos de ellos no se pueden alejar más de 20 kilómetros en ninguna dirección. El muro de hormigón de 8 metros de alto que se está construyendo crea enclaves dispersos, corta el paso a ciertas zonas y, en definitiva, fragmenta y divide a los palestinos.
En la pared de un casa cualquiera se lee: “De las entrañas del campamento nace cada día una revolución”.
Un 60% al menos de los habitantes de los campamentos están desempleados. Los campamentos de refugiados son lo más parecido a una barriada de chabolas. Todos los que lo ocupan son como miembros de una misma familia. Si a alguno se le presenta la oportunidad de dejar el campamento por una vivienda ligeramente mejor existen muchas posibilidades de que la rechace. Trasladarse equivaldría a una amputación. Así funciona la pose de la desesperación invencible.
Acaban de construir dos nuevos asentamientos, ninguno de los dos parece un pueblo; más bien parecen un jeep gigantesco, lo bastante grande para acomodar confortablemente a doscientos de estos colonos con pistolas. Los dos son ilegales, los dos están construidos en lo alto de un cerro, los dos tienen torres de vigilancia. El mensaje virtual que envían al paisaje circundante es:
!Manos arriba! !Arriba, te estoy diciendo! !Y ahora retrocede despacio! Los hombres que trabajaron en su construcción eran en su mayoría palestinos desempleados. Así funciona la pose de la desesperación invencible.
Arafat, apodado Catástrofe Andante, no estaba libre de faltas. ¿Existe algún líder querido completamente puro? Sin embargo en las faltas de Arafat estaban metidos, como las notas en un bolsillo, los agravios que sufría su país día tras día. Ni la pureza ni la fuerza se ganan una lealtad tan imperecedera, sino que sólo se la puede ganar algo imperfecto, como imperfectos somos todos. Así funciona la pose de la desesperación invencible.
Al noroeste, la ciudad de Qalqilya (50.000 habitantes) está completamente rodeada por 17 kilómetros de muro, con una sola salida. La precaria economía de la ciudad cayó así en bancarrota. No es fácil describir la visión del muro donde atraviesa zonas despobladas. Es lo opuesto a los escombros. Es burocrático: meticulosamente proyectado con mapas electrónicos, prefabricado, preventivo. Cuando esté terminado mostrará en sus 640 kilómetros el rostro inexpresivo de la desigualdad. Así funciona la pose de la desesperación invencible.
Hay 8.000 presos políticos palestinos en las cárceles israelíes, 350 de los cuales son menores de 18 años. Lanzar piedras puede llevar a una sentencia de dos años y medio o más de cárcel. Allí se aprende a aprender.
En esa pose de la que hablo hay algo especial, una cualidad para la que no existe una palabra en ningún vocabulario posmoderno o político. Se trata de una manera de compartir. Esa pose se puede expresar de diferentes maneras: en el joven que se une a la yihad, en la anciana que musita sus recuerdos entre los dientes mellados, en una sonriente chiquilla de 11 años que envuelve una promesa para esconderla en la desesperación...
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Blanca Vázquez Fernández
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