El desgarro de Oriente Próximo
13.03.06 @ 09:54:27. Archivado en Dossieres, Oriente Próximo
Sobresale en Le Monde Diplomatique una serie de "cuadernos" compuestos por un grupo de periodistas a propósito de temas candentes de la arena política global, que a la postre afecta a nuestro presente y futuro.
He querido unir a estos cuadernos, el mío propio intentando autoanalizarme en esa extraña dicotomía que sentimos cuando no te sitúas en los extremos y estás en ambos lados.
La permanente herida abierta de Israel-Palestina, extiende su gangrena a los países orientales colindantes, aunque no lleva la sangre al río con la tan manida (invención) occidental de guerra entre civilizaciones.

No deberíamos minusvalorar en un ápice la importancia que Oriente próximo (lugar donde se suceden algunos de los conflictos más sangrantes ) representa para mantener la paz mundial.
El cara a cara entre Israel y Palestina , cuyas viejas rencillas son históricas, (en su biografía de Mahoma, Karen Armstrong, ya nos cuenta las escaramuzas que enfrentaron al profeta con varias tribus judías en 627), vive una situación sin salida a corto plazo que además pesa en todo la región.
La polémica descripción de Israel que hizo el general De Gaulle: "...pueblo de elite, seguro de si mismo y dominador..." hoy día se hace, desgraciadamente, cada vez más cierta. De los 38 años de ocupación, los palestinos han visto sus tierras expropiadas e invadidas por colonos que bajo su libro sagrado alegan derechos divinos; se posesionaban de un lugar y de unos campos. Por otro lado no hay duda de que, debido a sus enormes divisiones políticas internas, las corruptelas ampliamente denunciadas por Hamas (y que en parte les haya llevado al poder), a la práctica del terrorismo, y a la ineficacia y torpeza de sus líderes, los palestinos han defendido mal su causa.
En otra cara del poliedro la operación anglo-americana en Irak ha puesto final a la dictadura de Saddam Hussein pero ha sumido al país en una terrible guerra civil, ha destapado la vergüenza de Abu Ghraib, Guantánamo y a saber cuantas prisiones secretas envueltas en un limbo sin ley. Y a pesar de la falta de interés de la opinión americana, la administración Bush quiere ahora emprenderla contra Irán, con el pretexto del desarrollo de la energía nuclear que se está llevando a cabo en este país.
En cuanto al Líbano, se ha librado de la red de influencia de Siria para meterse en una continuo fregado de peleas interiores, ya anteriormente responsables de 30.000 muertos desde 1975 a 1989.
Un poco más lejos, en Afghanistan, la intervención occidental, capitaneada por Naciones Unidas, no ha eliminado ni a los talibanes, ni reconstruido un país reventado por veinticinco años de enfrentamientos, y mucho menos ayudado en algo a la situación de la mujer en ese territorio, algo que no parecen tener muy en cuenta organismos como la ONU o potencias invasoras vendedoras de democracias que resultan bastante improbable que se den cuando más de la mitad de la población, la femenina, está sometida en rejas de hilo y hierro.
No sorprende que las grandes batallas planetarias se desarrollen en el Próximo Oriente, teniendo en cuenta el emplazamiento estratégico de esta parte del mundo que produce el 35% del petróleo mundial y conservan el 68% de las reservas.(Próxima reseña en esta bitácora del film Syriana).
Si muchos males históricos son los responsables de los males de la región, es ante todo el estado de guerra permanente generado por el conflicto palestino-israelí lo que la transforma en un autentico polvorín. Todos los enfrentamientos (1948, 1956, 1967, 1973 y 1982) han derivado en una adoración y dependencia de la armas, devoradora de riquezas, que han impedido el desarrollo. Sin olvidar que esta beligerancia continua permite asentarse a los poderes autoritarios, y tener un pretexto para eliminar, aún más si cabe, las libertades individuales y colectivas. Claro ejemplo de reflexión que ha saltado a las pantallas estos días se refleja en la película Munich, donde se aprecia ese agrandamiento del cáncer, ese tapar la herida a hierro y formar un volcán que supura odio.
Cuando la administración Bush habla de democratizar el Oriente Próximo, hace una buena pregunta, a la que aporta una muy mala respuesta. Ya que se ríe de la naturaleza y cultura de los regimenes donde se aposenta, y lo único que hace es servir a sus propios intereses. Como apunta el reciente Premio Príncipe de Asturias 2003, Ryszard Kapuscinski: "El Islam es una religión de pobres, de pueblos de color. En su origen el Islam es una religión de lucha, sacudida por batallas y desacuerdos internos. Se divide entre el Islam del rio , abierto y democrático y el del desierto, implacable, combativo y primitivo. No sólo es fe, es ley. La ley islámica define minuciosamente las reglas de comportamiento del musulmán. Estado y religión son una misma cosa".
Washington nunca se ha inquietado por lo crímenes de la dictadura irakí, cerrando los ojos incluso cuando ésta devastaba a sus ciudadanos kurdos; es más, se ha servido del dictador irakí todo lo que le ha convenido, mientras protegiera la región del contagio de la revolución iraní. Poco le importa a EEUU que Arabia Saudí viole sistemáticamente los derechos humanos mientras no alimente el fuego del terrorismo, (asunto éste último que está por demostrar) y provea de líquido negro a las grandes naciones.
El gran proyecto de Oriente Medio tiene como principal objetivo reforzar a Estados Unidos como el conjunto dominador de este espacio político: sobre su petróleo, sobres sus mercados y consecuentemente sobre sus regimenes políticos. La instalación de bases militares es un elemento esencial para cumplir este objetivo. El conocido comentario "choque de civilizaciones" que tiene su epicentro en la región, y la lucha contra el terrorismo, no son nada más que excusas para la conquista neocolonialista de los países de este emblemático lugar.
Luego de lo sucedido hasta ahora está claro que George W.Bush y Anthony Blair no han entendido lo que Robespierre quería decir cuando escribía: "Los pueblos no quieren a misioneros armados". Ninguna intervención militar reemplazará nunca al indispensable esfuerzo político y diplomático y especialmente la intención y deseo de paz, olvidando el eterno odio histórico.
Nada cambiará en la región mientras israelíes y y palestinos sigan enfrentándose.
Tal vez estemos ante un tremendo choque cultural que no tenemos más remedio que analizar y dialogar, pero en todo caso la solución no está en atizar el fuego con la tan manida y mal entendida libertad de expresión.
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Blanca Vázquez Fernández
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