Oasis multicolor
03.03.06 @ 10:06:32. Archivado en Viajando en monocicleta
Al fondo, la montaña nevada en invierno, invisible en el calor del verano.
Me deleito con los nenúfares, lotus, papiros, y todas las plantas acuáticas y arbustos del parque Majorelle, con la arquitectura hispano-morisca que domina el paisaje, con la calma perfecta del agua de la fuente Ménara, con el paisaje, (palmeral), de las lujosas villas aisladas entre 150.000 palmeras. Me subyuga el palacio de la Bahia, construido en honor de la favorita del gran visir, al final del siglo XIX, con su hilera de apartamentos, rodeados de patios, donde vivían una veintena de hermosas favoritas. Todas las noches desfilaban delante del ministro, que escogía la más bella para esa noche. Entre perfumes y suaves cremas, las favoritas pasaban todo el día consagradas a su propia belleza y cuidado para estar resplandecientes por la noche....
Marrakech se cubre de sombras al crepúsculo.
Salgo en la noche, cuando el viento es caricia, el alcohol fluye a borbotones y las mujeres van sin velo, vestidas a la moda. Noches cálidas y sensuales, orientales, adornadas de suntuosas bailarinas del vientre....
Las mil caras de Marrakech: la del ambiente de cabaret clásico con bailarinas, la de los restaurantes a la moda (París-Marrakech, Cosy, Sunset..), la de discotecas y bares con las últimas tendencias musicales (Pachá, El Teatro, El Paraíso, New Feeling, Taj Mahal, y lo último en cabarets importado del Líbano con música árabe premezclada). Está el Marrakech "underground" (La Bodega, bar gay con cueros y látigos), el de extasiarse en el desierto, en inmensas tiendas entre las estrellas y el hachís, el de las chicas de 16 años que buscan un extranjero (principalmente de nacionalidad francesa). Su sueño, bajo la presión familiar, es poseer un pasaporte. Está el Marrakech de la brujería, akelarre, a veces visible a la vuelta de una callejuela. Está el Marrakech de las superproducciones que vienen a filmar durante varios meses, durante los cuales la ciudad vive a su ritmo: "Alexander" de Oliver Stone, "Troya" de Wolfgang Petersen...

Los fotógrafos de prensa se dejan caer, con sus fotogramas, en medio de la medina rodeada de niños con mirada triste, donde las maniquís posan con ropajes de lujo.
También está el Marrakech de los artistas: creadores de arte moderno orientalista, y el ancestral, eterno e intemporal (el de la plaza Djema´a el-Fna): juglares cuenta-historias, restaurantes ambulantes, encantadores de serpientes, gentes de todo tipo se dan cita aquí en un ambiente excitado, mítico y misterioso , bajo los vapores del olor de la carne asada. Aquí se agazapan los hombres del desierto de mirada penetrante, los vendedores de los artículos más inauditos y los paseantes de la noche.
Marrakech, regalo para los sentidos
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Blanca Vázquez Fernández
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