Juicio ético de la crisis económica
10.09.09 @ 11:35:20. Archivado en Ministerios
JUICIO ÉTICO DE LA CRISIS ECONÓMICA
ALTERNATIVAS A LA CRISIS
Fernando Bermudez
No sé cómo comenzar esta reflexión. Un montón imágenes de injusticia y de pobreza se me acumulan en la mente. Yo no soy economista, ni sociólogo, ni analista financiero. Sencillamente soy un hombre a quien le duele la humanidad, que ha caminado al lado de los pobres, particularmente en América Latina, promoviendo y defendiendo los derechos humanos. Esta experiencia me ha posibilitado escuchar el grito de los pobres, ver la situación de empobrecimiento y exclusión de multitud de hombres y mujeres con nombre y apellido y de rostros concretos, ver morir niños a quienes se le ha robado el derecho a la vida, y palpar el dolor humano hasta dolerme el alma y convertirse en indignación y rebeldía ante tanta injusticia y abuso de poder.
Esta realidad me ha llevado a analizar el sistema dominante y las causas estructurales de tanta pobreza, explotación, exclusión y muerte, a la luz de los principios éticos más elementales y, sobre todo, del evangelio de Jesús. Desde este lugar teológico comparto esta reflexión, que busca ofrecer un modesto aporte al desarrollo de la conciencia crítica y social frente a la crisis y fortalecer el compromiso con la construcción de otro mundo posible.
1. LA CRISIS, UNA REALIDAD
Estamos sumergidos en una crisis macroeconómica y financiera a gran escala que convulsiona al mundo entero. Hay que ser ciegos para no percatarlo. Joseph Stiglitz, premio Nóbel de Economía, señala que estamos en medio de un fracaso macroeconómico global. Han quebrado bancos, el Wall Street que es el centro financiero mundial se desploma, se desestabiliza el sistema monetario financiero, se cierran empresas, se dan despidos masivos, aumenta el desempleo, los salarios están congelados mientras todo se encarece, muchos no pueden pagar las hipotecas, cunde una psicosis de incertidumbre y angustia…, y no cesa de parar las migraciones del sur hacia el norte.
Por el momento no se vislumbra una salida a la crisis. Según Stiglitz, la crisis no va a ser en forma de U sino en forma de L, es decir, que va a ser prolongada.
Dominique Strauss, director del Fondo Monetario Internacional (FMI), confiesa que la crisis económica actual es amplia, sumamente profunda y no hay ninguna posibilidad de que ningún país, en ninguna parte del mundo, pueda escapar de ella». Y «la velocidad de la crisis –señala Krugman, premio Nóbel de Economía 2008- es superior a la velocidad de reacción de los gobiernos».
En España los gobernantes tardaron en reconocer que esta crisis mundial nos estaba afectando. Pero la caída de la industria de la construcción ha puesto al rojo vivo la gravedad de la crisis con el elevado número de desempleados que ha dejado.
Pero la crisis no es sólo económico-financiera. La crisis la valoramos fundamentalmente como una crisis de humanidad, una crisis ética, cultural y existencial. Ha entrado en crisis el sentido mismo de la vida y de la historia. La sociedad de consumo y de «bienestar» de los países del norte ha generado una profunda crisis de valores. Se ha colocado los intereses del lucro por encima de la persona, y la razón de la fuerza de las armas sobre la fuerza de la razón de la vida, como señalaba yo recientemente en otro artículo.
2. ¿QUIÉNES LA SUFREN?
La crisis la sufrimos todos, porque es una crisis de humanidad. Sin embargo, en su dimensión económica, quienes están siendo más golpeados son los pobres, la clase trabajadora y los inmigrantes, que habiendo dejado sus países para buscar mejores condiciones de vida, ahora se encuentran de la noche a la mañana sin trabajo. También afecta la crisis a la clase media que ve reducido su poder adquisitivo, creando un clima de temor e incertidumbre. Asimismo, afecta a los pequeños y medianos empresarios.
En los países del sur, llamados países en vía de desarrollo, la crisis agudiza la explotación de sus recursos naturales, la sobreexplotación humana con salarios de hambre y, sobre todo, con la creciente y masiva exclusión. África, por ejemplo, para el sistema dominante es masa sobrante. Aumenta la hambruna, la desnutrición y mortalidad infantil. Hay países como Haití en donde sectores de la población tratan de alimentarse con tortas de lodo cocido con hierbas, así matan el hambre aunque sea cogiendo otras enfermedades. Son estos países los que están sufriendo más cruelmente la crisis. El mismo Dominique Strauss, director del FMI, señala que «la crisis será muy dura para los sectores de bajos ingresos y sobre todo para los países emergentes y en vías de desarrollo».
La crisis la sufre también de alguna manera los poderosos, los grandes propietarios de empresas nacionales y transnacionales, las corporaciones financieras, los empresarios de inmobiliarias, constructores, los dueños de empresas automovilísticas..., quienes, acostumbrados a enriquecerse con el libre mercado y sin control alguno por parte del estado, de repente han dejado de percibir esas suculentas entradas económicas.
Finalmente, la sufre también aquellos gobiernos que, buscando nuevas alternativas al sistema neoliberal, tratan de generar un orden económico y social más justo y equitativo. La crisis obstaculiza la puesta en marcha de estas iniciativas. Pensamos, por ejemplo, en aquellos países de América Latina que giran en torno a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA).
3. ¿POR QUÉ HAY CRISIS?
Hay quienes, ingenuamente, atribuyen la crisis sólo a la gestión de los gobernantes. Por ejemplo en España hay todavía gente que sin ningún sentido crítico, la atribuyen al gobierno del presidente José Luís Rodríguez. Sin embargo, es cierto que en algunos países, como Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel y otros, sus gobernantes fueron corresponsables de esta crisis. Otros, los menos, la atribuyen a un castigo de Dios, dicen que así está escrito en la Biblia, a lo cual respondemos que responsabilizar a Dios de la crisis y de la injusticia es ofenderle. Dios no es responsable de la ambición, codicia e injusticia que cometemos los humanos.
Las causas de la crisis son complejas. Ésta no ha estallado de golpe. Es como una enfermedad que venía incubándose desde hace muchos años. El sistema capitalista neoliberal ha estado generando una cultura fanáticamente individualista, lucrativa, competitiva, excluyente y discriminatoria, pues valora más el «tener» que el «ser» persona. Favorece el desarrollo de una economía cada vez más especulativa que productiva. En España concretamente, desde hace años, con la industria de la construcción, se desató una salvaje ambición lucrativa con la consiguiente especulación. Había trabajo, los políticos de algunas regiones autonómicas alardeaban del alto y acelerado crecimiento económico, por ejemplo en Murcia, cuando en realidad este desarrollo era inestable y fugaz. La especulación nunca genera estabilidad económica. Y, lógico, esto hizo crack, se vino abajo. La especulación y corrupción de muchos empresarios y políticos ha contribuido a lo que hoy estamos sufriendo.
Pero, yendo al fondo, creo que podemos afirmar que la raíz de la crisis se encuentra en la injusticia de la macroeconomía mundial que se funda en la avaricia y ambición económica y en el ansia de poder sin medida. Es decir, la crisis es generada por el mismo sistema capitalista neoliberal. Tras la caída del muro de Berlín en 1989, el capitalismo se fortaleció llegando a globalizarse de tal manera que un ideólogo y destacado exponente del sistema, el norteamericano de origen japonés, Francis Fukuyama, exultaba triunfante diciendo que «hemos llegado al final de la historia», es decir, que ya no es posible soñar en nuevos modelos socioeconómicos porque el libre mercado es el único capaz de generar riqueza para toda la humanidad. Así pensaban también los neoconservadores norteamericanos Friedman, Berger, Novak… Pero quienes operativizaron esta ideología económica son los grandes ejecutivos y administradores de empresas que se han embolsado miles de millones de dólares amparados por las autoridades fiscales y los gobernantes ultraconservadores como Reagan, Tatcher, Pinochet, Aznar, Bush, Belusconi…, algunos de estos de marcada tendencia neofascista, «productos malignos de la naturaleza», en palabras del premio Nóbel de Literatura José Saramago, pues fueron descaradamente mintiendo y prometiendo el mejor de los mundos, mientras los poderosos se enriquecían a costa del hambre del pueblo.
La caída del sistema financiero norteamericano, con el desplome del Wall Street y uno de sus principales bancos, el Leaman Brother, ha sido también la caída de todo el sistema económico de Occidente, pues Europa y demás países occidentalizados participan de este modelo construido en los últimos veinte años de globalización.
Saramago señala que «los grandes potentados económicos y financieros, señores de los paraísos fiscales, locos por conquistar más y más dinero, más y más poder, con todos los medios legales e ilegales, limpios o sucios, son responsables de la crisis» (Agencia P.L.17.10.2008). Entre los medios que señala el Nóbel de Literatura, se halla el narcotráfico, el lavado de dinero y el negocio de las armas. Según Krugman, el sistema bancario paralelo nos ha llevado a la crisis que hoy padecemos.
Por otra parte, la carrera armamentista y las guerras devoran los recursos económicos que deberían destinarse al desarrollo de los pueblos. Sólo la guerra de Irak, según Joseph Stiglitz, sobrepasa los 3 billones de dólares. Esta guerra ha sido uno de los detonantes de la crisis.
No puedo dejar pasar por alto este dato. La carrera armamentista y los conflictos armados consumen un alto porcentaje de los recursos de la humanidad. El gasto militar a nivel mundial aumentó el 49,7% en la última década. Sólo Estados Unidos representó el 48% del gasto militar en todo el mundo, seguido por el Reino Unidos, Israel y China. En el mundo se gasta 190 veces más en armas que en combatir el hambre.
En síntesis, las causas de la crisis radican en definitiva en un sistema socioeconómico, financiero y político inhumano, injusto, salvaje y violento, que favorece la acumulación más riqueza en manos de unos pocos, dejando a la mayoría de la población del planeta en situación de empobrecimiento. Mientras al mismo tiempo crea y fortalece un orden geopolítico y militar basado en un terrorismo de Estado, tal es el caso de Estados Unidos, Colombia e Israel, entre otros.
4. MECANISMOS DEL SISTEMA ECONÓMICO-FINANCIERO NEOLIBERAL
No pretendo hacer una análisis del sistema económico capitalista neoliberal, sino sencillamente resaltar los elementos más significativos que nos pueden dar luz para visualizar la injusticia e inhumanidad de este modelo económico occidental de libre mercado globalizado, el cual gira fundamentalmente en torno a estos ejes:
1.-Valoración del capital sobre el trabajo y la persona. En este sistema el trabajador es deshumanizado y convertido en pieza de la producción al servicio del capital.
2.-El libre mercado como algo sagrado. El capitalismo neoliberal concibe el mundo como un gran mercado que se mueve sin control y sin límite alguno. Toma como disponible a todo el planeta, que es convertido en campo de inversión y de lucro, de manera que, de hecho, tiene más poder que los mismos gobiernos. En palabras de Noam Chonski, «el sistema capitalista neoliberal ha permitido a un grupo relativamente restringido controlar la vida social, económica y financiera con la finalidad de maximizar las ganancias».
3.- Libertad total para competir, libertad para movilizarse y libertad para explotar tanto al ser humano como a la naturaleza. Los fundamentalistas neoliberales endiosan y divinizan el libre mercado.
4.- La desregulación total. No permite que el Estado controle la actividad económica y financiera. El poder económico-financiero se ha colocado por encima de la política.
5.- La propiedad privada sin límite como un derecho absoluto, desconociendo las exigencias éticas del bien común y las necesidades de las mayorías empobrecidas. El sistema privatiza no sólo los medios de producción sino trata también de privatizar los servicios sociales, como son la salud, educación, transporte, vivienda, seguridad…
6.- La producción sin fin, es decir, busca producir artículos no para responder a las necesidades de la población sino sólo con el objetivo de la acumulación de capital, y para ello crea constantemente nuevas necesidades en la población.
7.- La codicia del sistema que acumula desmedidamente la riqueza en pocas manos. El punto de partida y de llegada del capital es su afán ilimitado de acumulación, como señala Leonardo Boff. El afán ciego de acumulación de riqueza lo lleva a no ver las consecuencias ambientales que provoca, como es el calentamiento global planetario y las reestabilización atmosférica que ya está ocasionando en unos lugares grandes inundaciones y en otros persistentes sequías.
8.- La explotación irracional de los recursos naturales. Las grandes corporaciones y compañías transnacionales caen como aves de rapiña sobre los países del sur para explotar y saquear su materia prima que, por otra parte explota a los trabajadores pagándoles bajos salarios. Uno de los casos más candentes y vergonzosos en la explotación minera de coltan en el Congo.
9.- La especulación económico-financiera. En los últimos tiempos la economía productiva ha sido superada por la financiera, que según destacados analistas a la primera le corresponde un 3% y a la segunda un 97% (Luís Capilla). Los especuladores han convertido el imperio de las divisas en paraísos fiscales. Posibilitan que el dinero se fugue de un lugar a otro a la velocidad de la luz. El dinero se ha convertido en un objeto de intercambio en sí mismo, de manera que lo que se compra y se vende es el mismo dinero. Es el colmo de la especulación. La era de Reagan-Tatcher abrió el camino a la consolidación de esta nueva generación de financieros. Se institucionalizó la especulación, de manera que se ha llegado al extremo de prescindir de la producción como una prioridad del sistema. Debido a la falta de regulación del Estado, la economía financiera ha dado pié a grandes actos de corrupción, como hemos visto estos últimos meses no sólo en Estados Unidos sino también en España.
10.- La fiebre del consumismo. Se consume para dar salida a la producción, generando una espiral cada vez más amplia, cuyas consecuencias humanas son la configuración de personas que viven para tener, no para ser, alienadas y esclavas del sistema, con pensamientos y prácticas egoístas y hedonistas. El sistema concibe a los seres humanos como individuos-masa al servicio del mercado a través de la producción, la competitividad y el consumo. Pero al mismo tiempo con consecuencias nefastas para el medio ambiente, como hemos señalado.
11.- El orden y control geopolítico y militar, liderado por Estados Unidos. Limita el papel del Estado al mantenimiento de una situación que favorezca los intereses del sistema. Busca tener un Estado fuerte en lo policial y militar, pero débil en lo social. Esto lo visualizamos en la política de Estados Unidos en donde el poderío militar a nivel planetario está en función del sistema. Las guerras de Afganistán e Irak, el apoyo político-militar a los estados represores de Israel y Colombia así como las distintas intervenciones militares en un sin número de países, responden a esta política imperialista.
12.- Estados Unidos y los poderosos económico-financieros controlan, como gendarmes, la vida del planeta en beneficio del sistema a través del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC). Toda iniciativa que se salga de su control es considerada errónea y peligrosa.
13.- A los defensores del sistema se les hace la boca agua hablando de democracia. Califican al capitalismo de «sistema democrático». Promueven elecciones. Reducen la democracia al simple voto. Después, una vez en el poder, los gobernantes se pliegan a los intereses del poder económico y financiero, y si el pueblo protesta, se le descalifica o reprime porque para eso votó. Esta es una democracia meramente representativa, que no es más que una pantomima de democracia. No hay democracia real y participativa.
14.- Los medios de comunicación son acaparados y manipulados por el poder económico. Con frecuencia se terjiversa la realidad a favor de sus intereses en desprestigio de quienes lo cuestionan u ofrecen resistencia.
15.- El sistema tilda de subversivos y alteradores del orden, e incluso de terroristas, a aquellas personas y organizaciones sociales que exigen sus derechos y luchan por una sociedad más justa y humana.
5. JUICIO ÉTICO DEL SISTEMA ECONÓMICO-FINANCIERO NEOLIBERAL
La crisis ha puesto de manifiesto que el sistema económico neoliberal ha fracasado. Lo decíamos desde hace ya muchos años. ¿Por qué? Porque nunca ha habido tanto desarrollo y riqueza como hoy, y sin embargo, quienes se benefician de ello apenas son un 20% de la población mundial ubicada en el norte (Estados Unidos, Canadá, Unión Europea, Japón, Australia…), mientras que el otro 80% del sur, conocido también como tercer mundo, se ve cada vez más sumergido en la pobreza y el hambre. «Jamás se ha producido tanta riqueza en el mundo –señala Francois Hutart-, y nunca hemos tenido un número tan elevado de pobres, que alcanza ya los 900 millones de personas que viven en situación de hambre». Pero dentro del norte son unas minorías, las corporaciones transnacionales, las que controlan cada vez más la riqueza del planeta en beneficio propio. Las consecuencias para el sur es que más de 900 millones de seres humanos viven en permanente situación de hambre. Aquí evidenciamos que la parábola del rico epulón y del pobre Lázaro del evangelio se ha mundializado.
El imperio norteamericano y las multinacionales provocan guerras, invaden naciones y pisotean el derecho a la vida de los trabajadores y de los pobres para incrementar su capital. En realidad la historia de la riqueza en el capitalismo es una secuencia de guerras, opresión colonialista, invasiones, anexiones, saqueos, robos…, como señala Frei Betto. Este sistema profundiza cada vez más la división entre el norte y el sur, provocando constantes avalanchas migratorias de hombres y mujeres que huyen de la pobreza y del hambre. Y también da lugar a una confrontación entre el occidente y el mundo islámico, generando de esta manera radicalizaciones fundamentalistas en éste último. Esta realidad es un fracaso de la humanidad y un indicador de que quienes lo sustentan son personas irresponsables, irracionales, sin corazón, deshumanizadas, violentas, enemigas de la vida y de la paz, que aman su bienestar individual y menosprecian el bien de la humanidad. La codicia y la ambición económica han cegado a los que controlan el poder económico y financiero. En verdad el sistema capitalista deshumaniza a quienes caen en sus redes. Algunos todavía dan limosnas o promueven obras benéficas, pero no permiten que cambie la estructura del sistema de injusticia imperante.
Además de lo señalado, el sistema legitima y globaliza la corrupción a todos los niveles, a nivel nacional e internacional. Hemos visto cómo se presta a fraudes, estafas, extorsiones, desfalcos…La ética no tiene cabida dentro del mundo económico-financiero capitalista.
Al interior de los países del sur se dan también fenómenos de desigualdad cada vez más alarmantes, por ejemplo, México que es la décima potencia económica mundial tiene la familia más rica del planeta, los Slin, sin embargo, este país tiene 60 millones de pobres y 13 millones de hombres y mujeres viviendo en la miseria. En Guatemala, país rico en recursos naturales, el modelo socioeconómico impuesto tras la intervención militar norteamericana de 1954, configuró una oligarquía integrada por no más de 300 familias civiles y militares que controla el 72% de la riqueza, mientras el 80% de la población vive en situación de pobreza. Lo mismo podemos decir de casi todo el continente latinoamericano y países africanos. Estos son los resultados del capitalismo neoliberal. Los datos hablan por sí solos.
Las dictaduras militares se identifican con facilidad, sin embargo, se pasa por alto la dictadura del capital que domina al mundo a través del FMI, BM y la OMC. Estas instancias hacen y deshacen, ponen condiciones a los préstamos en beneficio de las naciones ricas y subyugan a las naciones pobres.
En el sistema capitalista los derechos humanos son reducidos al derecho de propiedad. El principal derecho, que es el derecho a la vida, se ignora, más aún, se viola sistemáticamente. La propiedad privada se ha absolutizado. Se ha convertido en algo sagrado e intocable. «La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto- señalaba Pablo VI-. No hay ninguna razón para reservar en uso exclusivo lo que supera la propia necesidad cuando a los demás les falta lo necesario. El derecho de propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento del bien común» (Populorum progressio,32).
En esta época de crisis se presenta como uno de los principales problemas de la humanidad el endeudamiento del Leaman Brother, el desplome del Wall Street, la bajada del IBEX o que el Banco Santander tenga menos ganancias. Así nos lo quieren hacer creer. Estamos en crisis, ¿qué crisis? Los verdaderos problemas que hacen sufrir a la humanidad es la decadencia de valores, la falta de justicia y solidaridad, la hambruna en África, los millares de niños y niñas que a diario mueren de hambre, los muertos en las pateras, el genocidio en la República de El Congo en manos de las tropas rebeldes apoyadas por las grandes potencias, la explotación de niños en las minas de coltan, las guerras de Afganistán e Irak, la salvaje represión israelí sobre el pueblo palestino o los diez millones de refugiados a causa de los conflictos armados. Estos son los verdaderos problemas de la humanidad. Muchos gobiernos ante la crisis económica, han decidido tomar medidas de rescate, inyectando grandes sumas de dinero a los bancos y empresas, para evitar el colapso. Un gesto verdaderamente injusto, pues ese dinero es del pueblo, sale de sus impuestos. Los grandes empresarios y banqueros se han enriquecido por largo tiempo a costa del pueblo. Han estado privatizando las ganancias y ahora, en tiempos de crisis, socializan las pérdidas. Esto lo calificamos como un acto verdaderamente inmoral. Indigna ver que gobiernos que se llaman socialistas, como el de España, hayan caído también en esta dinámica de rescate de la gran empresa privada.
El 30 de junio de 2008, en la Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) realizada en Roma, el presidente de esta institución, Jacques Diouf, solicitó a los líderes mundiales 30 mil millones de dólares anuales para relanzar la agricultura y solucionar el hambre en el mundo. La FAO sólo recolectó 7,500 millones de dólares, cifra que se traduce en unos mil 875 millones de dólares anuales. Esta cantidad representa tan sólo unos dos dólares anuales por cada persona hambrienta en el planeta.
En contraste, durante la semana transcurrida entre el 30 de septiembre y el 8 de octubre de 2008, Estados Unidos aprobó 700,000 millones de dólares en el «paquete de rescate financiero»; Alemania salvó un banco inyectándole 70,000 millones de dólares. Lo mismo hizo Gran Bretaña, España, Japón…
El monto destinado a la inyección de capitales en el mercado financiero mundial hubiera permitido alimentar y desarrollar programas de producción de alimentos y seguridad alimentaria por aproximadamente 50 años, señala Pablo Siris Seade.
Por otro lado, la industria bélica movilizó el año 2007 más de 3 billones de dólares. Para la industria de la guerra y el rescate de bancos siempre hay recursos, mientras los hambrientos mueren de hambre.
Los defensores del sistema llaman a la población a consumir más para hacer frente a la crisis, de manera que se mueva el capital y se reactiven las empresas. Este es un principio de la globalización capitalista neoliberal. Su filosofía es que hay que vivir para producir y consumir en lugar de producir y consumir para vivir. Sin embargo, cuando a tantas personas en el mundo les falta lo necesario para vivir, no es ético el consumismo y el gasto en cosas innecesarias.
Los capitalistas estimulan el consumo para no quebrar el sistema. Lo hacen ignorando, consciente o inconscientemente, que esto agudizaría aún más el abismo entre el norte y el sur, que quedaría más excluido. Ellos dicen que el desarrollo del sur llegará, en el futuro, cuando produzcan y consuman como el norte, pues la globalización del capitalismo va a producir riqueza para toda la humanidad. Sin embargo, tal como funciona el sistema esto no es posible, y aunque lo fuera, este modelo de desarrollo provocaría un colapso de los recursos naturales y del ecosistema. La noruega Harlem Bruntland señala que si el 80% del sur consumiera lo que consume el 20% del norte, es decir, si los casi 7,000 millones de habitantes que pueblan el planeta consumieran lo que consume los países desarrollados, harían falta 10 planetas como el nuestro para satisfacer todas sus demandas. El planeta tierra no lo soportaría. Acabaríamos en la destrucción y la muerte de la misma humanidad.
Después de haber vivido en la década de los 70 en las áreas marginales de Vallecas y después, durante tres décadas en Guatemala y Chiapas, y de haber visitado en diversas ocasiones Palestina, pueblo convertido en un gran campo de concentración por el estado de Israel, he llegado a la convicción de que el sistema capitalista es «intrínsecamente perverso», inmoral, inaceptable desde la más elemental ética humana y más inaceptable todavía desde la fe cristiana, pues antepone el capital a la ética económica y al bien común, favorece la desigualdad, agudiza la división y discriminación entre los seres humanos, genera salarios de hambre y desempleo, recorta los programas de acción social y tiende a privatizar los servicios públicos más elementales (salud, educación…), consiente que 954 millones de seres humanos vivan en situación de hambruna mientras destina casi 3 billones de dólares a la carrera armamentista y a la guerra, y, como señala Leonardo Boff, este sistema está teniendo «dimensiones catastróficas para la humanidad y para la sostenibilidad de la Tierra como consecuencia de la virulencia productivista y consumista». Y ahora, en tiempos de crisis, propone recortes de salarios, despidos masivos, rebaja de los derechos sociales, reducción de impuestos a las empresas, expulsión de inmigrantes. Con estas medidas quienes vuelven a sufrir las consecuencias de la crisis son los pobres. El sistema legitima y globaliza la corrupción a todos los niveles. Se presta a fraudes, estafas, extorsiones, desfalcos… La ética no tiene cabida dentro del mundo económico-financiero capitalista. ¿Qué persona, creyente o no creyente, con el más mínimo sentido de humanidad dejará de rechazar este sistema de muerte?
En este sistema el dinero se ha convertido en dueño del hombre y el capital en dueño del trabajo. La sed insaciable de poder y la acumulación de riqueza se han transformado en la razón última de la vida. Ahí, la justicia social y la solidaridad no tienen cabida. El evangelio de Jesús desenmascara y denuncia esta idolatrización del dinero y del mercado. «No se puede servir a Dios y al dinero al mismo tiempo» (Mt 6,24), «¡Ay de vosotros, los ricos…! (Lc 6,21). Jesús no se opone a la riqueza en sí misma sino a la acumulación de la riqueza a costa de dejar en la pobreza a los demás. A Jesús lo que le importa es que todos los hombres y mujeres vivan como hermanos, compartiendo solidariamente los bienes de la creación, dando preferencia a los pobres.
Sin embargo, para el sistema neoliberal, los pobres, los marginados, los excluidos, no valen, no cuentan. Son parásitos que no producen ni consumen. No tienen derechos. Es gente sobrante.
La ética cristiana valora a la persona por sí misma. Jesús colocó a la persona por encima del dinero, de toda ley y de todo sistema cuando dijo: «No está hecho el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre» (Mc 2,27). Se situó al lado de los pobres, juzgó al mundo desde los pobres (Mt 25,31-46) y entre ellos conformó una comunidad donde se comparte la fraternidad y los bienes (Hch 2,44-46; 4,32) y se contempla la vida con un corazón nuevo y limpio.
6. ALTERNATIVAS. ¿REFUNDAR EL CAPITALISMO O REFUNDAR EL SOCIALISMO?
La globalización neoliberal ha fracasado, no precisamente por una victoria del comunismo, sino como consecuencia de sus contradicciones internas. La globalización neoliberal ha llevado al mundo a un desequilibrio humano, social, económico, cultural y ambiental. El mundo hoy es un caos.
Hoy por hoy no hay una solución rápida y eficaz a la crisis. Lo que es claro es que la sociedad está enferma y que con este modelo socio-económico de libre mercado vamos irremediablemente a la destrucción de la humanidad y del ecosistema. «El Tercer Mundo –señala el obispo Pedro Casaldáliga- ha experimentado amargamente la iniquidad de ese sistema homicida y ecocida que es el capitalismo, ahora neoliberal y global».
El sistema económico capitalista quebró. Manifestó ser como sepulcro blanqueado por fuera, pero por dentro lleno de podredumbre, retomando las palabras de Jesús. La globalización va a experimentar un cambio radical. El libre-mercado ya no será hegemónico.
Es por eso que urge recrear la humanidad con un modelo socioeconómico alternativo. De todos los rincones de la tierra surge el grito esperanzador de que otro mundo es posible.
Los neoliberales buscan desesperadamente salir de la crisis aplicando un programa de emergencia, y para ello realizan despidos masivos y exigen a los Estados que intervengan inyectando grandes sumas de dinero, como señalábamos anteriormente. Sus representantes y los jefes de gobierno de los países ricos se reúnen para «refundar» el capitalismo.
Yo comparo la «refundación» de quieren hacer del capitalismo como si a un paciente con una grave enfermedad se le quisiera curar con una aspirina, o si a un vestido viejo y gastado se le pusiera un remiendo nuevo, como dice Jesús. Un sistema que está basado en la injusticia, que reduce al ser humano a una «cosa» al servicio del mercado, que agudiza la brecha mundial entre ricos y pobres, que se desarrolla destruyendo el medio ambiente y que utiliza la fuerza militar para dominar el mundo, no tiene posibilidad de refundación.
Ante el temor de que se desarrolle una alternativa nueva de carácter socialista, los neoliberales levantan una campaña de miedos con la teoría de totalitarismos públicos. Pero, como dice José Torres Pérez, «la teoría de lo privado y de la libertad privada de empresa, que se traduce en la libertad de saqueo y explotación de la fuerza de trabajo local, nacional y mundial, ya no tiene respaldo teórico, ni incluso académico, desde el momento en que el libre mercado se convirtió en una amenaza social, con efectos claramente empobrecedores, como ha quedado expuesto en esta crisis financiera».
Hay quienes dicen que el capitalismo es muy astuto, que va a tratar de sobrevivir, asumiendo medidas de la socialdemocracia en una línea keinesiana, que hasta ahora siempre había rechazado y combatido con virulencia, como es la regulación económica por parte del Estado, pero manteniendo sus principios fundamentales. Nosotros creemos que, aun así, no es la solución a la crisis global por las razones que ya hemos señalado. Es necesario buscar nuevas alternativas.
El paradigma de la refundación del capitalismo, presiento que tarde o temprano, se va a evaporar, pero dependerá de una izquierda verdaderamente organizada y plural, coherente, basada en principios éticos, humanistas y sociales y con una visión procesualmente revolucionaria. Cuando hablo de izquierda no me refiero sólo a los partidos sino a todo el movimiento social y político que sueña y lucha por un modelo alternativo de sociedad en base a una visión social y humanista, con justicia social y libertad, participativa, incluyente, equitativa y auténticamente democrática.
La refundación de la izquierda, llamémosle socialismo, es una alternativa hoy más necesaria y urgente que nunca. No se trata de volver a modelos superados, es decir, de repetir los socialismos históricos. Estos han dejado bastante que desear. Han cometido muchos errores. Han sido agentes de dictaduras, de represión, violencia y muerte. Creo que la causa fundamental de su fracaso ha sido la falta de ética y coherencia revolucionaria y la pérdida de la utopía humanista que encierra el auténtico socialismo.
Estructuralmente, el socialismo es más justo que el capitalismo. Pero en sus experiencias históricas concretas, en la mayor parte de ellas, no ha sabido establecer un equilibrio entre justicia social y libertad. Ha tratado de establecer un sistema justo, pero ahogando la libertad. Incluso ha caído en un capitalismo de Estado, como le llaman algunos.
Se trata entonces de recrear un socialismo nuevo. Pedro Casaldáliga señala que hay valores referenciales que son columnas maestras del socialismo nuevo, tales como la dignidad humana, el amor y pasión por la humanidad, la igualdad social, la libertad, la participación, la corresponsabilidad, la seguridad alimentaria, la salud, la educación, la vivienda, el trabajo, el cuidado del medio ambiente, la propiedad relativizada, el bien común… Evidentemente, -prosigue Pedro Casaldáliga-, un socialismo auténtico rechaza, por definición, toda dictadura, todo imperialismo, todo tipo de manipulación y toda democracia burocratizada.
El objetivo último del nuevo socialismo es acabar con la explotación del hombre por el hombre, la exclusión humana, la desigualdad socioeconómica, la carrera armamentista, las guerras y la explotación insostenible de la naturaleza, para establecer un nuevo orden social global fundado en la paz que nace de la justicia. Por eso, la refundación del socialismo no debe reducirse sólo a la cuestión económica, técnica, ecológica, energética, alimentaria o educativa, sino que debe asumir como prioridad la dimensión ética y espiritual, entendiendo por espiritualidad la vivencia profunda de lo humano, la fraternidad universal, la ternura, la sensibilidad frente al dolor humano, la opción por los pobres, la opción por la vida y la felicidad de todos los hombres y mujeres. Vivir es crecer en humanidad, en dignidad, en libertad, en justicia y en solidaridad con una actitud revolucionaria permanente de ir corrigiendo y encauzando el rumbo del proceso histórico en orden a una humanización cada vez mayor, asumida ésta como utopía.
Para los cristianos la utopía se plantea en aquel texto del libro de los Hechos de los Apóstoles (2,44-45): «Todos los creyentes estaban de acuerdo y lo tenían todo en común, vendían sus posesiones y sus bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno». El espíritu de este texto es que la transformación personal lleva a que las ganancias sean compartidas por todos. De ahí que tenemos el desafío de desplazar y sustituir la lógica individualista de la acumulación por la lógica del bien común, del servicio y del cuidado de la naturaleza. Esto se presenta como una utopía, que está ahí como un ideal humano de manera que signifique una luz que oriente toda actividad social y política. Es por eso que el nuevo socialismo que queremos nos convoca a «no sacrificar el ideal frente al altar del socialpragmatismo» (Claudia Korol), como fácilmente caen los partidos socialistas una vez que llegan al poder.
Refundar el socialismo es, en palabras de Mariátegui, «no ser copia de modelos hechos sino creación heroica de los pueblos», es decir, reinventar el socialismo como proyecto popular, amasado con todas las resistencias y luchas de los pueblos, de los campesinos, de los obreros, de los estudiantes, de las organizaciones de mujeres, de derechos humanos, ONG`s, organizaciones ecologistas, inmigrantes, asociaciones y comités de solidaridad, foros ciudadanos, asociaciones de vecinos, medios de comunicación alternativos, comunidades cristianas conscientes…, tejiendo así la trama de una sociedad de hombres y mujeres libres y solidarios, en armonía con la naturaleza, como señala Claudia Korol.
Hago mías las palabras de Gregorio Uriarte cuando dice que «el verdadero socialismo no es poder, sino servicio; no es dominación sino fraternidad; no es individualismo sino comunidad, no es confiscación sino renuncia personal a la riqueza; no es sectarismo sino solidaridad», y yo añadiría: el verdadero socialismo no es caudillista, es decir, no gira ni depende de un líder sino que es del pueblo; tampoco es nacionalista sino internacionalista, en búsqueda permanente de un «diálogo de civilizaciones».
El socialismo del futuro creo que debe ser más del pueblo organizado, del movimiento social y popular, y menos de los partidos. «Un socialismo entendido como un camino construido colectivamente, y no dictado por una central, por un partido, un sindicato, o mantenido por un Estado denominado socialista», señala Ivon Guerava. En los países denominados «socialistas», el partido representa y manda sobre el pueblo, el comité central representa y manda sobre el partido y el secretario general representa y manda sobre el comité central. Es lo que se ha denominado como dictadura del partido y dictadura de Estado. Esto es precisamente lo que rechaza el socialismo nuevo.
El Estado debe estar al servicio de la revolución socialista que está en el pueblo organizado y no convertirse en el centro del proceso revolucionario socialista. De ahí que la refundación del socialismo debe encauzarse por los caminos de la descentralización y la autogestión, no desarticulados sino configuran-do una gran red de redes de abajo arriba y fortaleciendo la unidad en la diversidad.
La refundación del socialismo exige una revolución de la conciencia personal y colectiva. Revolución que implica conciencia social, conciencia crítica, conciencia ética, conciencia ambiental y conciencia de ciudadanía universal. Es decir, exige un cambio profundo de la persona. Sólo un hombre o mujer justo, coherente, respetuoso y tolerante, servicial y solidario puede ser agente forjador de una sociedad justa, transparente, equitativa, democrática y solidaria. La coherencia con lo que soñamos y por lo que luchamos es garantía de la consolidación del socialismo nuevo. Lo cual exige también renunciar, personal y socialmente, al consumismo irracional e insolidario, para vivir con austeridad en solidaridad eficiente con las víctimas que el sistema capitalista ha dejado tanto en los países del norte como del sur. El socialismo nuevo que soñamos está exigiendo mística, esfuerzo, sacrificio y generosidad. De ahí la necesidad de que no puede imponerse un socialismo de arriba para abajo sino de abajo para arriba, desde la conciencia de hombres nuevos y mujeres nuevas.
Hay otros muchos elementos del socialismo nuevo que menciono sin ahondar en ello, tal como la opción por los pobres y por los que sufren, de manera que podamos decir con José Martí: «Con los pobres de la tierra mi suerte yo quiero echar», que por otra parte, es una opción profundamente evangélica.
El nuevo socialismo, lejos de ser dogmático y «ateo», será aconfesional, pero respetuoso de los valores culturales y religiosos del pueblo. Y desde el punto de vista ideológico deberá asumir la pluralidad, respetando las diferentes corrientes de izquierda que surjan y cuidando siempre la unidad en la diversidad.
Asimismo, creo que el socialismo debe ser menos nacionalista y más internacionalista. Con esto quiero decir que debe romper los fundamentalismos etnocéntricos para pensar globalmente en solidaridad con todos los pueblos, particularmente con los más excluidos.
El auténtico socialismo debe ser revolucionario, entendiendo por ello que siempre está en un proceso de crítica y autocrítica y de cambio, siempre en busca de la utopía. Un socialismo que abandona la característica revolucionaria, ha perdido su razón de ser. Es lo que dice Jesús en su evangelio: si la sal pierde su sabor ya no sirve sino para tirarla al camino.
Vemos con esperanza los procesos que se están gestando en muchos países de América Latina en torno a la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA). Procesos que apuntan a la construcción de una nueva sociedad y de una economía social con un Estado que la protege y promueve, frente a la privatización. Está surgiendo un socialismo propio, de acuerdo a la realidad de cada país, pero con perspectiva continental y mundial. Esta es una gran noticia para la supervivencia del ser humano en un mundo cuyos recursos energéticos y naturales se encuentran en vías de agotamiento. Tenemos la esperanza de que estos procesos socio-económicos y políticos estén preñados de utopía y de ética. Los cristianos los contemplamos como una mediación histórica del reino de Dios.
Si el capitalismo se encargó de convertir a Occidente en rival del mundo musulmán, el nuevo socialismo está llamado a establecer un diálogo y encuentro intercultural con el mundo islámico. Éste encierra una fuerza potencial de cambio. «El futuro de la humanidad no puede construirse contra el islam, ni al margen del islam, sino en colaboración con él», señala Juan José Tamayo.
Finalizo retomando algunas ideas de José Torres sobre un dato fundamental del socialismo nuevo. Se trata de la construcción de una Economía Social, una economía que sin amenazar la libertad de iniciativa permita el reparto de la riqueza entre los distintos eslabones de la producción: agrícola, industrial, comercial... Es la hora de una Economía Social, justa y solidaria, que regule el sector financiero impidiendo la especulación y la apropiación privada de la plusvalía, producida en los sectores primario y secundario. En este sentido, creo que el nuevo socialismo deberá aspirar a que el Estado controle la actividad de los bancos y de los principales sectores económicos, estableciendo objetivos, criterios y medios para garantizar el desarrollo económico justo y armónico.
La refundación del socialismo exige, por lo tanto, una Economía Social que ponga la propiedad del capital en manos de los trabajadores y la gran propiedad con sus infraestructuras pase a ser, como hemos señalado, controlada por el Estado, en empresas públicas, pero también con participación de capital privado. Para instaurar esta Economía Social hace falta un Estado social, que no es posible sin unas fuerzas políticas regeneradas que presenten leyes en el Parlamento para incentivar el nuevo modelo económico: cooperativismo en pequeñas empresas y nacionalizaciones en las grandes, con participación del capital privado. Porque no se trata de eliminar la propiedad privada en las empresas sino de potenciar espacios para la Economía Social aprovechando la experiencia y la participación de la empresa privada. No se puede ser dogmático en economía, señala Torres.
La conquista de este espacio económico-social, implica una nueva visión del papel de los sindicatos, del movimiento social y popular y de los partidos políticos de izquierda, los cuales deberán acompañar activamente este proceso con las características éticas que hemos señalado.
La Historia puede volver otra vez a tener futuro.
Alguazas (Murcia), enero de 2009
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