Ashalayam quiere decir en sanscrito la casa de la esperanza, es difícil encontrar un nombre que pueda decir más sobre la labor de los salesianos en esta gran obra de Calcuta. Ashalayam nace en 1985 con un objetivo claro, devolver la esperanza y la dignidad a los miles de niños de las calles de Calcuta, independientemente de su raza, sexo o religión. Ashalayam quiere dotar a los niños de las herramientas necesarias para que sean ellos mismos los dueños de su futuro, permitiéndoles el acceso a la educación y a la formación profesional.
En medio de la calle
Bombay, Nueva Delhi, Calcuta, entre esas tres ciudades suman una población de 41 millones de personas. El país tiene millones de gente pobre olvidada por la modernización y el desafío de una economía cada vez mayor, muchas familias, víctimas de la sequía y hambre, sale de sus aldeas en señal de socorro con la esperanza de encontrar una nueva vida en las ciudades.. En su lugar la ciudad les ofrece un trozo de acera donde establecerse, y junto a ellos, pobreza, alcoholismo, desempleo… Ante ese panorama muchos niños son abandonados en las calles.
Se siembran semillas de esperanza.
Gracias al trabajo de los salesianos miles de niños y niñas cuya vida era la calle disponen de un hogar donde dormir, una escuela donde formarse, un patio donde jugar y una familia que no piensa abandonarles.
El 4, 5 y 6 de junio se ha desarrollado, en la sede del centro inspectorial de Hyderabad, un seminario de estudio con el título "Nuestra vida y nuestra misión en la óptica de los derechos humanos".
Camboya era un país paralizado por 30 años de guerra, una nación que ha vivido mucho tiempo de rodillas y que empieza a levantarse. Los camboyanos durante décadas sólo han conocido la muerte, el hambre, la pobreza, la violencia, la ignorancia y el desempleo.

La guerra se acabó por fin, y en estos años Camboya está luchando contra sus estigmas, y destacando al frente de aquellos que luchan los salesianos del país. No es tarea fácil, la alfabetización es muy baja, se estima que alrededor del 40% de los camboyanos pueden leer y escribir correctamente, la educación pública está mejorando, pero a un ritmo más lento que su contraparte la educación privada, incluso esta última parece incapaz de garantizar que todos los planes de estudios sean seguidos correctamente. El resultado de esta situación es muy visible en el mercado laboral.
Volver a ser un niño
Cierre los ojos.
Si le digo la palabra “niño”, ¿qué le viene a la cabeza?... Infancia, felicidad, alegría, despreocupación, amistad, juego…, pero la realidad es bien distinta para cientos de miles de ellos.
… con una infancia digna.
Viajemos a Asia, más en concreto al sudeste asiático, esa zona plagada de arrozales, pequeños lagos que son surcados por barcos que desde lejos pueden parecernos de juguete. Es allí donde más de 100 millones de niños no conocen el significado de la palabra juego, donde la palabra infancia es sustituida por esclavo; y en los mejores casos por mano de obra barata o donde se entrega a un niño a las mafias para saldar una deuda de 14 euros.
La edición de marzo de Globe Magazine, la revista en inglés dedicada al Sudeste Asiático y que tiene su sede en Phnom Penh, tiene un interesante comentario de Chris Minko, un voluntario veterano que ha trabajado en Camboya por 13 años. El artículo es “Who gets the aid payoff” (¿Quién paga las ayudas?) y hace una lectura sobre la realidad de las organizaciones de ayuda humanitaria no sólo en Camboya sino en todos los países del llamado Tercer Mundo. Minko menciona al premio nobel de literatura, Naguib Mahfouz, quien dijo que por cada dólar que es donado en el mundo a la llamada ayuda humanitaria, 80 centavos terminan en realidad en manos de los extranjeros. ¿Cómo es esta realidad en Camboya?
El filósofo griego Diógenes, el cínico, salía a plena luz del día a recorrer las calles con un farol. Era fácil tomar por loco a un hombre que al grito de “¡Busco hombres!” recorre la ciudad iluminando los rostros de la gente, si alguien hiciera eso hoy sería una curiosa noticia de relleno en telediarios y prensa. Pero quizá hoy más que nunca necesitamos a alguien que denuncie todas esas máscaras que llevamos puestas día a día, para no dejarnos ver y para no ver más allá de lo que nos interesa.
El Rector Mayor de los Salesianos, Pascual Chávez, presidióla tarde del 3 de febrero, en el Instituto Salesiano de Egmore, uno de los barrios de Chennai, una solemne celebración Eucarística en acción de gracias por los 150 años de la Congregación Salesiana y por los 75 de la inspectoría de Chennai. En esta celebración han participado numerosos salesianos, jóvenes, estudiantes, docentes del colegio y muchos fieles.
Martes, 24 de noviembre
Misiones Salesianas
Julián Moreno Mestre
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Mario Bruzzone
Rodrigo del Pozo Fernández
Jaime Vázquez Allegue