Punta Cana, Puerto Plata, Playa Bávaro… son tres de los nombres más repetidos en los folletos de las agencias de viajes. A esos destinos se adjunta normalmente la coletilla de “Gran Oferta, todo incluido”. Hoy en día el Caribe se ha convertido en un destino turístico al alcance de casi todos; lunas de miel, viajes de fin de carrera, parejas jóvenes se agolpan en sus resorts en busca de las comodidades de sus hoteles y la belleza de sus playas. Pero esta idílica situación de superlujo esconde una situación bien distinta.
Se esconde otro Caribe.
Cientos de barrios de chabolas, difíciles de avistar incluso desde lo alto, escondidos premeditadamente por los empresarios hoteleros y las autoridades, y tapados por la frondosa vegetación de la zona, conviven con la avalancha de turistas en busca de un lugar donde olvidar sus preocupaciones diarias con un mojito en la mano.
Verano tras verano la República Dominicana recibe un aluvión de turistas dispuestos a disfrutar de las riquezas naturales del país, playas paradisíacas, exuberante vegetación, frutas tropicales, un ambiente alegre y festivo en hoteles de gran lujo y discotecas donde los ritmos caribeños hacen mover las caderas a cualquiera. Es bastante probable que usted, que ahora mismo lee esto, conozca a alguien que haya pasado 15 días por allí este verano o quizá haya sido usted mismo el que haya tenido el placer de visitar el país.
La República Dominicana es un país cuyo desarrollo económico se basa en la afluencia de turistas extranjeros a sus resorts, en la industria del ocio y del divertimento, una industria que va dejando cadáveres allá donde decide que no es lugar para hacer un hotel. Cientos de poblaciones olvidadas sin las más mínimas infraestructuras de transporte, sanidad o educación. Barrios enteros donde la vida pugna una dura batalla con la pobreza día tras día son ocultados a las miradas de los turistas que visitan Santo Domingo. “No vamos a amargarle las vacaciones a los europeos con la realidad del país, es mejor que disfruten, gasten dinero y mantengan los ojos cerrados ante la situación del pueblo dominicano”.
Fuera del circuito cerrado de hoteles y discotecas es raro ver occidentales, y los que se ven son gente que decidió hacer del pueblo dominicano su pueblo. Ese por ejemplo es el caso del salesiano Juan Linares, director de la obra “Muchachos y muchachas con Don Bosco”, una institución destinada a paliar los efectos del abandono y la marginación que sufren miles de niños y jóvenes en este país. Son niños/as que desde muy temprana edad tienen que trabajar en diferentes oficios para ayudar económicamente a su familia y sufragar sus propios gastos, también algunos viven en la calle.

Estos muchachos, al incorporarse a destiempo al mundo del trabajo, realizan múltiples actividades productivas (vendedores de periódicos, de tarros y de cerámica, vendedoras de flores o de dulces, vendedores de maní, limpiadores de zapatos o de coches, aprendices en talleres de carpinterías, mecánica, hojalatería…), empleando una buena parte de sus fuerzas y de su tiempo en “Ganarse la Vida”, y consecuentemente disminuyendo sus interés por el estudio y la formación. De esta manera se les priva de una vida típicamente infantil.
En el interior de la República Dominicana fluye Pura Vida, una alegría incontrolable lucha por salir a la superficie entre las diversiones de los turistas, pero necesitan de nuestra ayuda. Tras el trabajo de los salesianos se encuentran grandes historias, historias de superación, cientos de historias con un final feliz.
Edward García era uno de esos pequeños limpiabotas que pasó por la fundación “Muchachos y muchachas con Don Bosco” y nos resume así su experiencia tras licenciarse en Publicidad:
“De mis amigos de la infancia sólo quedan 3 vivos, porque la mayoría se metieron en bandas y cosas malas. El proyecto cambió mi vida, desde lo personal hasta lo profesional. Si no fuera por Don Bosco, yo no sé lo que sería de mi.”
Ellos necesitan de nuestra ayuda, su país les necesita a ellos.
Tú puedes hacerles crecer.
Bríndales tu mano.
Muchachos con Don Bosco en Rep Dominicana ya va mucho mas allá del Padre Juan Linares a quien todos queremos y que a todos nos inspira. Mas de trescientas personas trabajan dariamente en esta obra, la confgregación salesiana tiene un prestigio nacional ganado a punta de sudor y trabajo con los jovenes y niños humildes. Muchachos con Don Bosco da servicio a mas de 3500 niños que trabajan o viven y durmen en la calle, pero nos quedan muchos, muchos más por ayudar. Animate , ven al caribe de voluntario, encontraras gente buena y cristianos comprometidos con el projimo, una comunidad callada y discreta con una teología basada en la esperanza y cuyos resultados se ven en la transformacion de niños callejeros en buenos ciudadanos y buenos cristianos. Te prometemos la alegría que da el placer de ayudar y amar.
Miércoles, 25 de noviembre
Misiones Salesianas
Guillermo Gazanini Espinoza
Rodrigo del Pozo Fernández
Siro López
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Juan Fernandez Krohn
Jaime Vázquez Allegue
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo