Misiones Salesianas

El Pozo de Tonga

08.05.09 | 14:07. Archivado en África
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Esta mañana al salir de casa temprano, a las cinco y media, me encuentro con un hombre, más bien entrado en años, que me trae una carta. Como la persona no habla francés, me dedico a leerla y mientras, me presenta un pequeño envoltorio de plástico en el que constato que hay huevos de pintada.


La carta, escrita por el señor secretario del pueblo, era de este tenor: el barrio de Tonga I quiere decirte muchas gracias porque durante dos años te has esforzado mucho con nosotros para que tengamos el agua de la que finalmente disfrutamos.

Como quien me la traía no hablaba una palabra de francés, no pude entablar con él una conversación larga, pero por lo menos pude saber que eran todos los del barrio los que le habían comisionado para venir… No sé si queda alguno más entre los hombres más o menos útiles, porque todos los otros se han ido…

El susodicho pozo me ha llevado más de un quebradero de cabeza. Para empezar estaba en medio de un barrio bastante poblado y cuando encontré el sitio no me podía imaginar la abundancia de agua que hemos encontrado, ni la dureza de la roca, pues hemos tenido que emplearnos a fondo con el compresor y la dinamita para cascar la piedra.

También se ha tardado lo primero en comenzar el trabajo de cavado en el pozo porque no encontraba que la gente estuviera suficientemente motivada y luego porque tampoco tenía el compresor que necesitaba, con lo que la estación de lluvias se presentó y hubo que dejarlo a medio hacer a la espera de otro momento más favorable.

Esta vez recomenzar el pozo ha sido todo un problema, pues si el año pasado pude reunir un buen número de hombres para hacer el trabajo, este año las cosas eran tan distintas que las mismas mujeres se organizaron entre ellas para hacer turnos y venir a trabajar en el pozo en vez de los hombres, porque los maridos y los jóvenes, visto lo que pasa en casa, se han ido a la aventura…

Leía la carta, miraba el envoltorio de plástico con los huevos de pintada y me preguntaba qué tiene el agua que hace tan felices a las personas y que incluso en estos momentos en los que comer es difícil, la gente pueda venir a traerme comida, algo que para ellos es un bien fundamental y escaso…

Es duro vivir situaciones en las que tienes que hacer de tripas corazón y salir adelante como puedas, pero es también muy bonito el vivir situaciones como las que he vivido al lado de la gente del pozo de Tonga y compartir sus inquietudes y sus esperanzas y con ellos agradecer a Dios lo vivido y sufrido juntos, y pedirle que nos siga ayudando para lo por venir como lo ha hecho hasta el presente.

P Antonio Gutiérrez.
Cinkasse (Togo)

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