Mondovino, un documental para oler y catar
26.10.06 @ 03:53:08. Archivado en Discusiones de película
La lectura de la nota publicada en la portada de hoy sobre el gran vino chileno Altavista -producto de una fusión que tiene alta nobleza, Rotschild y Concha y Toro- me llevó a reproducir el comentario que firmé hace poco con motivo del estreno de Mondovino, un gran documental que se mete además con la globalización.
Precedida de generosos antecedentes que incluyen la competencia de Cannes 2004 y la nominación como Mejor Película Europea en el César 2005, Mondovino de Jonathan Nossiter es un muy inteligente documental sobre el vino. Más específicamente, sobre el negocio actual del vino. El director –que firma también la curiosa Sunday- fue somelier y sin duda cayó seducido por el influjo de la bebida milenaria. Su film indaga con astucia en los pliegues de la historia, recupera el viejo sol de los viñedos franceses –en especial los de Bordeaux, patria mundial indiscutida del vino- pero como un Borgia cinematográfico desliza en el jugo color rubí el veneno sutil de la denuncia. Porque la razón de ser de Mondovino es asomarse al poder implacable del ímpetu globalizador, encarnado en la firma californiana Mondavi, una megaempresa que avanza sobre los venerables terroir, la mítica tierra madre de la vid, en Francia e Italia. Con recursos simples y entrevistas agudas a marqueses cargados de prestigio como los célebres Frescobaldi de la Toscana (ocho siglos de hacer y vender vino, incluyendo entre sus clientes nada menos que a Enrique VIII de Inglaterra) pero también a los codiciosos y brillantes Mondavi norteamericanos, la película dibuja un gráfico de pizarrón comercial y a la vez las curvas sinuosas de un destino sin escape: cada vez más millones de botellas, cada vez menor identidad en la genética de los grandes vinos. También hablan para la cámara de Nossiter dos personajes que no fabrican vino pero cuya influencia es decisiva para imponer o descalificar una bodega. El primero es Michel Rolland, catador, mejorador y desde luego asesor de fama mundial. Instalado en su Mercedes, siempre con el teléfono en el oído y a bordo de infinitos aviones, este hombre de risa fácil y fluído carisma prueba caldos y huele vasijas desde Australia hasta Mendoza. En nuestra provincia vitivinícola adquirió hace dos años un establecimiento-boutique, que se dedica a productos de altísima calidad. El otro es Robert Parker, el crítico de vinos más severo del mundo. Curiosamente (¿curiosamiente?) no es francés, tampoco italiano. Es de Baltimore, USA. Temido en todas las geografías, los grandes del negocio deliran por un pulgar hacia arriba de su –dicen- insobornable veredicto. Cada lanzamiento de una etiqueta nueva requiere de Parker para imponerse. Su calificación máxima es de 100: muy pocos pueden ostentarla. Una familia argentina de larga tradición en el cultivo y elaboración de vino, los Etchart, también fue entrevistada en este interesante documental, haciendo contrapunto con un muy humilde viñatero cuyano que apenas sobrevive con una hectárea, pero allí sigue fermentando “blanquitos” de fresca nobleza.
El mejor índice del encanto que tiene Mondovino se mide con el reloj: dura 136 minutos que vuelan en un sorbo.-
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Rómulo Berruti
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