Líbano
23.07.06 @ 23:17:50. Archivado en La mesa de arena
La invasión de El Líbano y sus inhumanas consecuencias sigue suscitando reacciones en el mundo intelectual y periodístico de Argentina. Por gentileza de Nac&Pop -un periódico de la web sobre temas políticos- reproducimos dos comentarios.
Don Gregorio Selser y el dolor de Israel
Por Irene Selser
El 27 de agosto se cumplirán quince años de la muerte de mi padre, el maestro, historiador, periodista y catedrático, Gregorio Selser, quien se quitó la vida ese día de 1991, en la ciudad de México, adelantándose así a la fecha final que le tenía deparada una enfermedad terminal. Murió a los 69 años, dejando como legado varias bibliotecas, centros de documentación y una obra de medio centenar de libros sobre la historia de Estados Unidos y América Latina; el primero de ellos Sandino, general de hombres libres, publicado en 1955, a los 30 años desde su natal Buenos Aires, que sirvió para que jóvenes nicaragüenses encontraran un fundamento más cabal para su lucha contra la dictadura de Somoza y la creación, en 1961, del Frente Sandinista. Desde ese primer volumen hasta su muerte, mi padre leyó, escribió, investigó, enseñó, amó, peleó y también lloró; esto, ante situaciones históricas dramáticamente extraordinarias, como el golpe de Estado contra Allende en Chile, en 1971, a quien él conocía y admiraba, o bien la masacre de palestinos en Sabra y Chatila, por parte del ejército israelí.
De padre alemán y madre ucraniana, ambos judíos, ambos humildes, él atravesó su vida lidiando con un dolor mayor y aparentemente irresoluble: cómo defender, en su condición de judío, la existencia del Estado de Israel, y deslindarse, a la vez, de ese Estado, conducido por un establishment anexionista y voraz, sin ser acusado por ese mismo estamento -ciertamente laico pero aferrado a un discurso mañosamente religioso- de -servir a la causa antijudía. No pudo, mi padre, resolver esa ecuación, al menos no sin una gran dosis de vergüenza y de angustia.
Hoy, la nueva ofensiva israelí -llamada con un cinismo extremo Lluvia de verano- sobre la martirizada Gaza, y que incluso la Unión Europea ha calificado de desmedida y desproporcionada, vuelve a confirmar la vocación de exterminio con que el Estado de Israel fue implantado en el Medio Oriente medio siglo atrás. No hay excusas para no detener ahora esa ofensiva, máxime cuando hasta el padre del soldado Gilad, secuestrado hace dos semanas por un comando palestino, ha pedido al gobierno israelí, a través de la radio del ejército de Israel, que se negocie la liberación de su hijo mediante un intercambio de prisioneros.
-Estamos decididos a crear un caos entre los palestinos. Saltar de un lugar a otro. Entrar, salir y volver a entrar. Sacaremos el máximo provecho a esta forma de actuar, que consiste en atacar pero sin
ocupar, declaró el comandante de la división Gaza en el ejército israelí, Aviv Kochavi, como si enloquecer, sitiar, perseguir, humillar por hambre y exterminar a un pueblo entero fuera derecho de un Estado. No pudo mi padre con eso. Con el carácter genocida y expansionista del Estado de Israel. No pudo él. Y yo, tampoco.
Llamado a la paz: no al genocidio
Colectivo
No hace tanto tiempo, las palabras judío y oprimido se cruzaban con alguna adecuación. Era la época en que Albert Memmi y su categoría de colonizado gozaban de inusitado prestigio, en que Jean Paul Sartre promovía el diálogo entre la izquierda árabe y la israelí, en que la paz en Medio Oriente se vinculaba al avance de las fuerzas progresistas y revolucionarias del mundo entero. Entonces, resultaba exigible que el nacionalismo palestino aceptara el derecho a la existencia del Estado de Israel, y que l sionismo admitiera que el Estado Palestino formaba parte de la agenda del realismo político. En contra de los cálculos de muchos, ambas cosas casi sucedieron: Yasser Arafat, en nombre del pueblo palestino, y Itzjak Rabin, como representante del gobierno israelí, iniciaron las tratativas que debían desembocar en la autonomía nacional palestina ( Estado Nacional Independiente) y en la normalización de las relaciones del Estado de Israel con todos sus vecinos árabes. La paz parecía ganar cuerpo y espacio, la reacción de ambos campos retrocedía, al menos, en la legitimidad de la batalla discursiva.
Rabin fue asesinado por un complot teológico - fascista, primero, y los responsables del crimen ganaron las elecciones nacionales, después.
A tal punto la sociedad israelí giró a derecha, que el agente que apretó el gatillo es una suerte de héroe popular que recibe en la cárcel cientos de cartas semanales de aliento y respaldo.
La autonomía palestina no solo no avanzó hasta concretar un estado independiente, sino que tras la muerte de Arafat la política oficial del gobierno israelí propone explícitamente destruir el pueblo palestino con el simple argumento de combatir y vencer terroristas. Es una acusación tradicional: la hicieron los nazis contra la resistencia francesa, la repitió la culta Francia contra el pueblo argelino, insistió e insiste el gobierno norteamericano en Vietnam, Afganistán, Irán; la esgrimió en múltiples oportunidades el gobierno israelí en los territorios ilegalmente ocupados.
La masacre actual excede todo lo conocido.
No son los datos con su abrumadora evidencia los que horripilan, sino la repetición en medio del silencio cómplice del mundo llamado civilizado. Es preciso detenerla para que judío y masacrador no se vuelven sinónimos. Para que el carrousel de la muerte no añada gratuita barbarie sobre inenarrable dolor.
Los abajo firmantes exigimos la inmediata detención de los asesinatos militares, la apertura de negociaciones bajo control internacional para asegurar hoy mas que nunca el legitimo derecho de ambos pueblos a vivir en paz bajo sus respectivos gobiernos democráticamente determinados.
Es preciso que las fuerzas democráticas, populares y progresistas del mundo entero hagan saber que más tarde o más temprano los crímenes contra la humanidad no quedarán impunes, que la victoria militar sobre el pueblo palestino tiene un nombre inequívoco: genocidio, y que las masacres solo abren el curso de nuevas masacres.
Adhieren:
León Rozitchner, filósofo, profesor universitario (Universidad de Buenos Aires)
Elsa Drucaroff, Escritora y crítica literaria.
Alejandro Horowicz, ensayista, profesor universitario (UBA)
Juan Carlos Marin (UBA)
Marcelo Langeri (UBA)
Bibiana Del Brutto, profesora universitaria (UBA)
Hugo Presman, periodista
Martin Garcia, comunicador.
Por adhesiones:
noalgenocidio@gmail.com_________
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Rómulo Berruti
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