Soy de la era del papel, y nunca imaginé que esto de las redes pudiera tener tanto poder de difusión. Ello me anima a escribir ahora a cuantos comentaron mi escrito anterior sobre el papa Francisco. A niveles personales sólo he contestado a tres (un hermano jesuita y dos laicos latinoamericanos) que se mostraron más recelosos o críticos. A los entusiasmados, no quisiera hacerles ahora de aguafiestas: simplemente recordar que también las fiestas necesitan agua, para no agostarse.
En mi opinión, cuando se habla de reformas de la Iglesia hay que distinguir, en primer lugar, entre reformas más urgentes y menos urgentes (que pueden no coincidir con las que más nos gustarían a nosotros). En segundo lugar hay que distinguir también entre reformas que requerirán tiempo (quizás mucho) y otras que parecen ser de factura inmediata, con sólo que un papa lo quiera. Teniendo esto presente esbozaré el siguiente programa.
(Este artículo fue publicado, en 2005, en El País, ante la elección de Benedicto XVI. Por su indudable interés y actualidad, lo reproducimos).- Querido hermano en el Señor Jesús: Al entrar en el cónclave del que saliste elegido, juraste ser fiel al "ministerio petrino". Este es uno de los rasgos que me parecen más importantes de toda la parafernalia de estos días pasados, aunque los medios de comunicación casi no lo subrayaran.
Honesto, íntegro y encantador en el trato personal; tímido, huidizo y con dificultades para dirigir. Capaz también de una encantadora ironía sutil, que debió reprimir cuando comenzó a ponerse capisayos. La timidez le hizo actuar demasiado duramente cuando tuvo que hacer de “inquisidor”; su sensibilidad le volvió más afable cuando pasó a ser pastor. De su historia personal habría que indagar más sobre su evolución hacia posturas conservadoras. De su pontificado temo que el punto más ambiguo no sea el “Vatikileaks” ni la pederastia, sino la sombra de Marcial Maciel que ha resultado ser más alargada que la del ciprés.
-¡Qué bonita es la primavera!
- Pero dura poco...Este diálogo de "El séptimo sello" de Ingmar Bergman reverdece hoy, 11 de octubre, a los cincuenta años del comienzo del Vaticano II y su fugaz primavera. Un florecer preparado por años de estudio lento, en los llamados movimientos bíblico, patrístico y litúrgico, más la adopción de filosofías distintas de la aristotélica (hegeliana y heideggeriana sobre todo), como instrumental filosófico para la reflexión sobre la fe, por el relieve dado a la historia y a la experiencia personal.
Un buen amigo de Sabadell (Álvaro) gran cristiano, me manda hoy un correo diciéndome que está triste porque, en la residencia de ancianos donde vive, ha leído esta mañana en la prensa que el papa, en su libro sobre Jesús, se carga a los teólogos de la liberación porque dicen que Cristo fue un revolucionario zelota, y por ser amigos de la violencia, mientras que Jesús separó definitivamente política y religión...Álvaro fue antaño un emigrante de Extremadura a Cataluña, vivió en cuevas una temporada, fue militante de la JOC y sindicalista de USO (prohibido entonces), luego fue detenido por la policía franquista y conoció la tortura y la cárcel. Nos conocemos desde hace más de cuarenta años. Escribo esta respuesta para él, pero la cuelgo aquí porque quizá puede ayudar a otros lectores.
Domingo, 26 de mayo
José Ignacio González Faus
Josemari Lorenzo Amelibia
Pedro Tarquis
Manuel Mandianes
Asoc. Humanismo sin Credos
Francisco Baena Calvo
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
JC Rodríguez, A Eisman
Virtudes Parra
Francisco Margallo