Miradas cristianas

Dignidad

04.12.16 | 18:37. Archivado en Iglesia católica, Etica, Política

Otra de nuestras grandes palabras. Y quizá una de las que más podrían enfrentar al cristianismo con la cultura moderna: pues, aunque coinciden ambos en que el ser humano tiene una dignidad absoluta, pueden diferir en el sentido de esa dignidad.

Hace pocos años apareció una organización pro eutanasia titulada “derecho a morir dignamente”. Es innegable que se debe evitar toda obstinación terapéutica que cause al enfermo sufrimientos inútiles, que la medicina a veces no alarga la vida sino que retarda la muerte. Llegan momentos en que ya no se debe luchar contra la muerte sino contra el dolor aunque, al menos a mí, me gustaría morir entregando mi vida de una manera activa. Pero no vamos a hablar de eutanasia.

Jesús de Nazaret murió de la manera más “indigna” que se conocía entonces. Un cristiano ve en aquella muerte el acto más supremo de dignidad: esa es, por ejemplo, una de las tesis del cuarto evangelio. A niveles más sencillos he comprobado a veces la ternura y delicadeza con que algunas cuidadoras atienden a enfermos y ancianos de esos que preferiríamos no ver nunca. Un día, viéndolas, se me ocurrió pensar estremecido: “¡están haciendo poesía con el sinsentido” y dando una nueva dignidad al enfermo!. Pero tampoco es momento de temas sanitarios, sino de buscar el contenido de la dignidad humana.

De pequeños nos enseñaban que determinadas vulgaridades, vg. en vestido y vivienda, pueden ser tolerables en quienes no son nadie, pero son “indignas” de gentes cultivadas y de clases altas; de hecho, la tendencia anti-corbata ha brotado muchas veces como protesta contra ese modo de pensar. “Las mujeres de verdad tienen curvas”, se tituló una película que polemizaba contra esa presunción de que la persona mejor vestida, más esbelta y mejor maquillada posee más dignidad que la que se ensucia o se deforma o se estropea las manos lavando y cuidando. La película mostraba que la dignidad es fundamento de un respeto que los demás me deben, pero no necesariamente título de un derecho a mejor apariencia material y más comodidad.

Desde una óptica cristiana, el horizonte y fundamento último de la dignidad está en eso que llamamos Dios. Se crea o no se crea en Dios, si algún contenido daríamos todos a esa palabra es el de la máxima Dignidad concebible. La blasfemia, nos decían de niños, es una ofensa a “la dignidad de Dios”: por eso es tan grave. Y en aquellos días de dictadura en que no había ley de reforma laboral, leíamos en avisos públicos: “la blasfemia se castiga con el despido”… Pero, cristianamente hablando, a Dios le dolía más aquel despido que la supuesta blasfemia: pues la mayoría de ese tipo de blasfemias no le llegan a Dios, o le entran por un oído y le salen por el otro.

Dejemos estar también lo que hubiera de estupidez o de falsa educación en aquellos contextos de mi infancia. Lo importante es contraponer esa mentalidad descrita con la forma como los cristianos creemos que Dios se reveló en Jesucristo: no exhibiendo su dignidad, sino desnudándose de ella por amor a nosotros. Y creemos además que ahí se puso en juego la mayor dignidad de Dios: no la dignidad del poder sino la del Amor.

Pero siempre que subimos hasta Dios en nuestro lenguaje, es para bajar después al ser humano. También para nosotros cabe más dignidad en el amor y el servicio, que en el poder y la distancia. El gobernante o el monarca no serán más dignos porque lleven coronas o mantos imperiales, o cambien de traje cada día, sino por mancharse la piel en servicio de los suyos. Un papa no será más digno por vivir en un palacio de 600 metros cuadrados ni por vestirse en la mejor sastrería de Roma, sino por entregarse más totalmente a las víctimas de este mundo doliente e injusto. Y un cura tampoco irá más acorde con su dignidad si se viste en Armani (me consta de alguno que apela para eso a su “dignidad sacerdotal”) sino más bien cuando no tenga reparo en “oler a oveja”. Tampoco damos a Dios un culto más digno celebrando la eucaristía con vasos de oro y perlas, sino haciéndolo con un corazón limpio, desprendido y dispuesto a compartir.

En resumen: la dignidad, una de las palabras más ambiciosas de nuestro lenguaje es, sobre todo, un valor o una cualidad espiritual, no meramente material. A veces, en situaciones de igualdad casi perfecta, será muy lógico que eso espiritual se exprese y se visibilice en algo material. Pero repito: en situaciones de justa igualdad material. Cuando ésta no se dé (como pasa hoy en nuestro mundo) más coherente con la dignidad serán la mera pulcritud y la cercanía que la distancia, la ostentación y la distinción. Éstas últimas, en esos casos, tendrán más de hipocresía que de dignidad.

Si esto es así, debemos temer que algunas apelaciones a nuestra dignidad sólo sean en verdad excusas camufladas para una mayor comodidad material. Y pensar que, por ejemplo, Amnistía Internacional o Médicos Sin Fronteras responden mejor a la dignidad humana que muchas de nuestras cómodas suntuosidades.


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Comentarios
  • Comentario por María Jesús M. 11.01.17 | 16:29

    Apreciado Hno. José Ignacio:

    Saludos desde Chile y gracias por vuestros acertadas reflexiones que se difunden por estas tierras desde nuestra revista Reflexión y Liberación.
    Hasta hace poco se los leíamos a P. José Aldunate, destacado jesuita chileno, moralista y defensor de los DDHH...Hoy, ya muy cansado a sus 99 años se suma a este Saludo fraterno!
    Un abrazo desde Chile!

  • Comentario por BALDO 10.12.16 | 21:21

    11. Por último, las que denunciamos como indignidades no son las únicas, ni siempre las más graves. Ahora atraen la atención de muchos moralistas las que se plantean en el campo de la conducta médica en determinadas situaciones, tales como la eutanasia, el aborto y la genética; pero también atentan contra la dignidad humana la pobreza de los pueblos y de las personas, la ignorancia, las chapuzas científicas o laborales, el no saber asimilar la muerte, los dioses falsos, el aire contaminado, la falta de cariño familiar, las dictaduras de toda índole, la fealdad y el desorden, etc.

  • Comentario por BALDO 10.12.16 | 21:19

    10. Pero los modelos pueden juzgarse unos a otros, puesto que todos tienen la misma autoridad y no puede imponerse uno a los otros como un dictador. La crítica, la censura, el diálogo, el acuerdo y otras acciones no sólo son posibles, sino que forman parte de la esencia de los modelos como modos parciales de humanidad.

  • Comentario por BALDO 10.12.16 | 21:18

    9. Si los modelos humanos son los criterios últimos para juzgar lo que corresponde ser y hacer a los humanos (dignidad), ¿quiere ello decir que estamos ante un relativismo radical en el que “todo vale” con tal que esté avalado por un determinado modelo humano? No. Los modelos caen frecuentemente en irracionalidades de calado. Así, si un estilo de hacerse hombre tiene como núcleo valorativo los valores económicos y resulta que muchas personas que viven ese modelo humano no tienen acceso a los bienes básicos para la subsistencia, diremos que la razón que dirige dicho modelo comete una irracionalidad grave.

  • Comentario por BALDO 10.12.16 | 21:17

    8. De lo anterior se sigue que en las discusiones sobre la dignidad o indignidad de tal o cual modo de ser o de actuar, la primera tarea ha de ser el análisis del modelo humano que hay detrás de cada postura. El arquetipo humano de la sociedad de consumo tiene como núcleo valorativo los valores económicos y los biopsíquicos; éstos son los que empapan de su sustancia a todos los demás y los que marcan qué es lo digno y lo indigno, aunque nos parezca que no y nos resistamos a admitirlo.

  • Comentario por BALDO 10.12.16 | 21:16

    7. El contenido de la dignidad no se agota en un estilo de ser hombre o modelo humano. Ningún modelo humano ha encarnado hasta ahora la forma plena de ser hombre; lógicamente, tampoco la dignidad humana plena. Cada uno de los arquetipos o modelos humanos son realizaciones parciales de humanidad en el largo proceso de hacerse hombre. Así pues, un contenido único, uniforme y universal de lo que debe ser y hacer el hombre –de su dignidad– sería sumamente empobrecedor para su ser.

  • Comentario por BALDO 10.12.16 | 21:15

    6. Los modelos humanos son, pues, los que reconocen o niegan tal o cual acción como digna de los seres humanos. El modelo inaugurado por Jesús de Nazaret valora como dignos a los que desde otros modelos humanos son estimados como indignos. Por eso, intentar fundamentar la igualdad de derechos de la mujer en la dignidad humana es una tarea estéril, pues la mujer tiene una dignidad desde un modelo humano, y otra desde otro. Así pues, no es la dignidad la que fundamenta a los modos de ser y de hacerse hombre, sino al contrario.


  • Comentario por BALDO 10.12.16 | 21:14

    5. Observamos que la valoración como digno o como indigno se aplica a todo: al trato que uno recibe, a los gobernantes y a los vecinos, al vestido y a la decoración, a la comida y a la salud, a las oraciones y a los Dioses mismos, a la distribución de la riqueza y a la prudencia. El par digno–indigno tiene el mismo campo de aplicación que el de humano–inhumano, pues se considera que el hombre es digno cuando es y hace lo que tiene que ser y hacer como humano; indigno, en caso contrario.

  • Comentario por BALDO 10.12.16 | 21:13

    4. A lo largo de la historia ha sido frecuente hacer consistir lo humano–inhumano únicamente en la posesión o carencia de valores de una determinada clase. Unas veces estos valores fueron los religiosos, y se consideró que la conversión de infieles era el principal acto “humanitario”; otras, los valores políticos, como en la Ilustración; otras, los morales. En el último siglo se han utilizado los valores económicos y los biopsíquicos como indicadores exclusivos de la humanidad–inhumanidad que hay en las personas. Pero estos modelos humanos están cojos; sólo están alimentados por un tipo de valores.

  • Comentario por BALDO 10.12.16 | 21:12

    3. Entre las múltiples perspectivas desde las que pueden mirarse las experiencias humanas con los seres, hay una que tiene especial relevancia: la valoración de algo como humano o inhumano. ¿Qué es lo que hace que sean calificados como humanos o inhumanos los alimentos, las personas, los placeres, el comercio, los ejércitos, las relaciones entre los hombres, la distribución de la riqueza, la enfermedad, las culturas, la ciencia, las ciudades, las organizaciones políticas, la prudencia, los Dioses o los gobiernos? Pues ni más ni menos que la fidelidad o la infidelidad que guardan a un determinado modelo humano.

  • Comentario por BALDO 10.12.16 | 21:11

    2. En el artículo al que hago referencia en el primer post hablo de los modelos humanos, que no son otra cosa que la distinta ordenación y jerarquización de los valores y contravalores. Cada modelo humano constituye un estilo específico de ser y de hacerse humano. Y el ser humano– ha ido haciéndose –y se hará en el futuro– de muchos y muy diversos modos, Pues bien, la dignidad se define en relación con cada modelo humano: lo que es digno para uno puede ser muy indigno para otro modelo humano

  • Comentario por BALDO 10.12.16 | 21:09

    1. La dignidad se ha convertido en los sistemas éticos u jurídicos modernos modernos en la categoría fundamentante por antonomasia. A pesar de la función tan cardinal, el concepto de dignidad es sumamente ambiguo y no resulta fiable para valorar situaciones y para marcar pautas de actuación, pues, por tener una gran variedad de significados y haber sufrido profundos cambios en su contenido a lo largo de la historia, se recurre a él para defender incluso posturas antagónicas, como sucede, por ejemplo, en el caso de la eutanasia o en el de la investigación con embriones.

  • Comentario por BALDO 07.12.16 | 21:29



    Hoy, maestro Faus, no voy a comentar su artículo, sino que deseo invitar a los muchísimos y buenos seguidores que tiene a que lean el artículo LA SOCIEDAD DE CONSUMO, que aparece en antiguosalumnosdominicos.blogia.com. Es una visión profunda, muy diferente a las que comúnmente se explican en conferencias y tratados sobre nuestra sociedad.


Jueves, 19 de enero

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  • José Ignacio González Faus José Ignacio González Faus

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