Miradas cristianas

El dinero como Dios

25.07.14 | 19:12. Archivado en Política, Teología Moral

Hace casi cien años, Walter Benjamin redactó una nota titulada “Capitalismo como religión”: el capitalismo funge religiosamente porque se presenta como “experiencia de la totalidad”. Pero es una religión sólo de culto: sin dogmas ni moral. Ese culto se lleva a cabo mediante el consumo, empalmando con la tesis marxiana de la mercancía convertida en fetiche mientras al trabajador se le convierte en mercancía. Es además una religión de culto continuo en la que todos los días son “de precepto”. Y de un culto culpabilizador (en alemán Schuld significa a la vez deuda y culpa: por eso, según Benjamin, vivir con una deuda equivale a vivir con una culpa. Curiosamente en el arameo de Jesús sucedía algo parecido: la palabra schabq significa a la vez el perdón de los pecados y la remisión de las deudas).

2.- Toda religión tiene un dios. Hacia 1936, Keynes, en su Teoría general del empleo, el interés y el dinero, habló del dinero como dios: todas las funciones que antaño desempeñaba Dios las desempeña hoy el dinero. Keynes subraya que no habla simplemente de la riqueza sino del dinero contante y sonante (la liquidez), que permite la disponibilidad inmediata y la especulación. Ese dinero: a) da seguridad y garantiza el futuro: valen de él aquellas palabras del salmista: “te amo, Señor, tú eres mi roca, mi fortaleza”. b) Da seguridad porque es todopoderoso y omnipresente: no hay nada que no pueda conseguirse sin él Finalmente c) el dinero es fecundo: en el capitalismo financiero el dinero ya no se usa como medio para crear riqueza sino que él mismo produce más dinero: “especular resulta entonces más lucrativo que invertir” (por eso los Bancos ya no dan créditos). A todo ello podríamos añadir d) que hoy que el dinero también es invisible, como Dios, a pesar de su poder y su omnipresencia. Resumiendo: si el dinero es el último punto de referencia, bien se puede hablar de él como “el ser necesario” (clásico término metafísico para designar a Dios).

3.- Todo eso pone de relieve la no-neutralidad del dinero que ya no es un mero instrumento práctico de intercambio, como pretenden los teóricos neoliberales. Plantea además una pregunta muy seria sobre la legitimidad del préstamo a interés, cuya historia tiene tres etapas: a) Tanto en la Biblia como en el mundo grecolatino era considerado inmoral: Aristóteles calificaba la usura como el más bajo de los vicios, comparándola al proxenetismo que aprovecha la necesidad del otro para el enriquecimiento propio. Si pido prestado un kilo de patatas no es lícito que me obliguen a devolver kilo y medio. ¿Por qué habría de ser lícito si pido dinero en vez de patatas?

b) En los albores del capitalismo, el dinero se convierte en una ocasión para crear riqueza: si te presto un dinero evito comprarme con él un campo que podría cultivar, o montar una pequeña industria. En ese sentido el préstamo me priva de un beneficio y parece legítimo que, al devolverlo, se me dé alguna compensación por esa ganancia perdida.

c) Con la economía especulativa financiera, la cosa vuelve a cambiar: el dinero ya no es una oportunidad para que yo cree riqueza, sino que él mismo es fecundo: con menos riesgos y con porcentajes de ganancia más altos. Eso será una gran mentira, pero “funciona” hasta que estalle la crisis. Pues bien: así como, en los comienzos del primer capitalismo no se vio que el préstamo a interés cambiaba de significado y siguieron prohibiendo, así ahora tampoco se ve que, en el capitalismo financiero, el interés vuelve a cambiar de significado, y se lo sigue permitiendo. Según la tesis de Benjamin del capitalismo como religión de culpa, ahora el interés viene a ser respecto del préstamo lo que es la penitencia respecto de la culpa.

Dejemos ese problema para el futuro y volvamos a Keynes. De lo antedicho deduce él que nuestro sistema tiene dos grandes defectos: es incapaz de crear empleo y reparte injustamente la riqueza y los ingresos. ¿Dos defectos o dos desautorizaciones totales?.

4.- Todo lo antedicho nadie lo percibió con tanta claridad como Lutero, cuando ya iba amaneciendo el capitalismo. Creer en Dios es confiar en Él, pero nosotros hemos sustituido la confianza por el culto: confiamos nuestro futuro al dinero, y a Dios le hacemos procesiones y templos que “no llegan hasta el cielo”. Por eso, en su Gran Catecismo, Lutero trata del dinero al comentar no el séptimo mandamiento sino el primero: porque el dinero es “el ídolo más común en la tierra”. Según Lutero, la comunidad cristiana debería ser un ámbito donde no rigen las leyes de la economía monetaria. Los cristianos deberían manifestar al Dios verdadero con su conducta en cuestiones económicas. Por eso añade: “siempre he dicho que los cristianos somos gente rara en la tierra”. Pero esa rareza permite comprender que la frase de Jesús (“no podéis servir a Dios y al dinero”) tiene una traducción laica bien clara: no podéis servir al hombre y al dinero.


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Comentarios
  • Comentario por luisalberto 09.08.14 | 05:44

    Cuando el Maestro nos dice que no se puede servir a Dios y al dinero nos dice que no se puede montar dos caballos a la vez, porque de lo contrario quedamos mal.
    Que levante la mano aquel que diga que no “ama” al señor Dinero, que no le gusta el dinero, que diga que el dinero no es su dios. Aquel que levanta, es un mentiroso y no se conoce a sí mismo.

  • Comentario por Charles Baudelaire 27.07.14 | 19:10

    Aristóteles era rico. Se podía permitir no solo dedicarse a la filosofía, sino además criticar los préstamos.
    La tesis de Walter Benjamin sobre los préstamos es producto, probablemente, de sus experimentos con el hachís.

  • Comentario por Ana 27.07.14 | 17:06

    no digo nada de los que tienen a Dios todo el tiempo en la boca pero su verdadero Dios es el dinero. Con los bancos se sabe a qué atenerse, con estos no

  • Comentario por pilar de la herran 27.07.14 | 13:38

    Nuestro sistema económico es un insulto, un atropello para los pequeños.Ya lo dijo Jesús: O dios o el Dinero

  • Comentario por José María 26.07.14 | 20:26

    Uno de los negocios más inmorales del mundo moderno a la compra - venta de armamento bélico, las naciones pobres, se adeudan para comprar los aparatos mortíferos más modernos a los países ricos, no nos damos cuenta y vivimos en un mundo que tiene armamentos suficientes, para poder destruir toda la humanidad, arrasar toda la vegetación y el reino animal: CINCO VECES, sin embargo, las hambrunas, la miseria, la pobreza y la contaminación, son el pan nuestro de cada día.

  • Comentario por anuncia 26.07.14 | 19:36

    Unas palabras muy interesantes las que leemos, aunque no nos sirven, al parecer, de mucho ni lo que dice W. Benjamín o Keynes. No estamos dispuestos a replantearnos todo lo que se deduce de su reflexión y como dice Lutero, "el diner es el ídolo más común en la tierra". Ni siquier a los cristianos se nos nota que lo somos:

    El dinero es un dios cruel y deshumanizado, que devora el "dinerillo" de los pobres y es generoso con el de los ricos.
    Por ser imprescindible para comer y aun mal vivir, es un arma de sometimiento que esclaviza al pobre y al ambicioso y especulador lo eleva a la categoría de "negrero"( en el contexto clásico) y "traficante"(en el contexto moderno).
    Es una etiqueta que estigmatiza al que no lo posee, convirtiéndolo en paria de una sociedad enla que cada vez hay más dferencias etre ricos y pobres.
    Es el opio que nos adormece hasta el punto de llegar a justificar lo injustificable por un puñado de monedas.Nosotros no somos la excepción.

  • Comentario por Gonzalo 26.07.14 | 11:17

    El vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de bienes. La virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de miseria.
    Wiston Churchill

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