No voy a comentarle mil rumores oídos sobre Ud. desde ámbitos políticos o eclesiásticos. Prefiero no considerar esas desautorizaciones globales, sobre todo las que vienen del episcopado español. Nunca creí que haya fuera Ud. una reencarnación de Satanás sino un hombre de buena voluntad. Sólo quiero comentarle dos experiencias personales, de sus dos legislaturas. Agradeciendo como se merece la rápida salida de Irak, debo añadir una gran esperanza frustrada en su gestión de la cosa pública: que cuando poderes fácticos exteriores a este país le impusieron unas medidas económicas contrarias a sus criterios y sus valores, no tuviera Ud. el valor de dimitir y convocar en seguida elecciones, antes que traicionar sus principios y engañarnos diciendo que aquello era “ser socialista” en estos momentos.
Escuché su encendido discurso en Pontevedra. Como allí no hay oportunidad para hacer preguntas, quisiera levantar la mano y pedir autorización para ponerle un par de cuestiones: porque muchos, a quienes la crisis nos ha empujado hacia las arenas movedizas de la economía, tenemos la sensación de que algunos economistas dicen digo donde antes habían dicho diego. Verá Usted.
Jueves, 31 de mayo
José Ignacio González Faus
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo
Jesús Mauleón
Julián Moreno Mestre