Si a la herencia en forma de déficit de 2011, que puede alcanzar los 81.000 millones, agregamos el número record de desempleados de 5.273.600 personas, cabe convenir que España no necesita reforma sino revolución.
Estos dos datos objetivos vienen aderezados de otro subjetivo, como es la perdida de confianza en los responsables públicos, singularmente los políticos pero también sobre la función pública en general.
Y esta revolución, esta tarea regenerativa, debe ir dirigida hacia la austeridad en el sector público, la creación de empleo y la despolitización de nuestra administración.
Las medidas anunciadas el viernes último por el Consejo de Ministros, de imponer techo al gasto público autonómico y sanciones a los incumplidores, permitirán sanear nuestro sector público, recuperar el crédito, y asegurar las prestaciones de nuestra sociedad del bienestar.
El déficit cero para todas las administraciones supondrá un sector público más eficiente, aunque su consecución no estará exenta de enormes padecimientos personales, en forma de aumentos de jornada, pérdida retributiva y menores subvenciones.
Jueves, 31 de mayo
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina