“España me salvó de ser un paria” afirmó Mario Vargas Llosa al recibir el premio Nobel de Literatura. Resulta reconfortante que frente a las respetables corrientes indigenistas de Hispanoamérica, el peruano más ilustre destaque las ventajas pertenecer a nuestra comunidad lingüística.
Toda lengua, por pequeña que sea, supone una riqueza a preservar y a engrandecer, en mi Comunidad disfrutamos del valenciano que debe ser defendido y enseñado.
No obstante, en ocasiones, es bueno que llegue alguien del otro lado del Atlántico para recordarnos que escribiendo en una de las cincuenta variantes que tiene el quechua y el aimara en Perú no habría tenido ni millones de lectores, ni Nobel, ni disfrutaría escribiendo en una "maravillosa lengua", en uno de los idiomas más "dinámicos", "enérgicos" y "creativos" del mundo, el español.
“No me estaban premiando sólo a mí sino la lengua en la que escribo” afirmó Vargas Llosa, que hizo en la Fiesta del Chivo, la mejor descripción de las relaciones de poder que se pueda escribir, la leí hace once años y aún me parece irrepetible, escrita sobre la República Dominicana, en la transición de los años sesenta, su profundidad la hace aplicable hoy a cualquier lugar del mundo.
Su reciente obra El sueño del Celta me parece también extraordinaria, y dista mucho de Los Jefes, su primer libro publicado y premiado, y de Los Cachorros, en ambos, mis carencias literarias me impidieron encontrar al mismo autor y su evidente calidad.
El compromiso con la libertad de Mario frente a las dictaduras, “siempre he combatido el autoritarismo, de izquierdas y de derechas", y al nacionalismo "plaga incurable del mundo moderno", lo hacen hoy referencia inexcusable en la literatura comprometida, que no necesariamente debe estar en la izquierda.
Jueves, 31 de mayo
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina