En los últimos meses se han improvisado varias reformas fiscales, dos laborales y cuatro del sector financiero, todas ellas anunciadas como “definitivas” y de pobres resultados.
La anunciada esta semana sobre nuestro sistema bancario es tan profunda, como imprecisa. Se amenaza con la desaparición de aquellas cajas de ahorros que incumplan un requisito, y este no se determina.
Pero, por encima de la imprevisión gubernamental, y de si las reformas son sinceras rectificaciones o imposiciones externas, hay que reconocer que España padece un grave problema de sobreendeudamiento, cuya responsabilidad es compartida, entre quienes pedían prestado, particulares y sector público, y quienes prestaban, bancos, cajas y cooperativas de crédito.
“Ante el vicio de pedir la virtud no dar”. El famoso dicho no ha estado vigente en España en los últimos años, tampoco en el sector financiero. Hoy pagamos las consecuencias.
En la actual crisis bancaria, tanto por la falta de crédito de nuestra deuda pública en el exterior como por la delicada situación de nuestras entidades financieras, hay una superposición de responsables.
Trabajar más y gastar menos, una obviedad, esa es la sencilla receta que precisamos para salir del profundo pozo en el que deambulamos, y también del actual laberinto de las pensiones.
¿Cómo se concreta esa necesidad nacional de trabajar más y reducir el gasto en pensiones, para asegurar la viabilidad del sistema de pensiones? Pues con algunas decisiones más imaginativas que la elevación obligatoria de la edad de jubilación a 67 años.
En 1996, cuando el Partido Popular alcanzó el gobierno la situación en la Seguridad Social era peor que la actual; cinco millones menos de cotizantes, déficit permanente, y un pequeño agujero, superior al medio billón de las antiguas pesetas al que hubo que hacer frente de inmediato para que nuestros jubilados pudieran acabar el año cobrando. Ni entonces se propuso, ni ahora es indispensable, la elevación de la edad de la jubilación obligatoria.
Se precisan otras cosas, la mayoría de las soluciones están reflejadas en los veintiún puntos que conforman el acuerdo de la comisión parlamentaria del Pacto de Toledo, que solo tuvo un elemento de discrepancia, el de la edad obligatoria de jubilación.
“España me salvó de ser un paria” afirmó Mario Vargas Llosa al recibir el premio Nobel de Literatura. Resulta reconfortante que frente a las respetables corrientes indigenistas de Hispanoamérica, el peruano más ilustre destaque las ventajas pertenecer a nuestra comunidad lingüística.
Toda lengua, por pequeña que sea, supone una riqueza a preservar y a engrandecer, en mi Comunidad disfrutamos del valenciano que debe ser defendido y enseñado.
No obstante, en ocasiones, es bueno que llegue alguien del otro lado del Atlántico para recordarnos que escribiendo en una de las cincuenta variantes que tiene el quechua y el aimara en Perú no habría tenido ni millones de lectores, ni Nobel, ni disfrutaría escribiendo en una "maravillosa lengua", en uno de los idiomas más "dinámicos", "enérgicos" y "creativos" del mundo, el español.
“No me estaban premiando sólo a mí sino la lengua en la que escribo” afirmó Vargas Llosa, que hizo en la Fiesta del Chivo, la mejor descripción de las relaciones de poder que se pueda escribir, la leí hace once años y aún me parece irrepetible, escrita sobre la República Dominicana, en la transición de los años sesenta, su profundidad la hace aplicable hoy a cualquier lugar del mundo.
Su reciente obra El sueño del Celta me parece también extraordinaria, y dista mucho de Los Jefes, su primer libro publicado y premiado, y de Los Cachorros, en ambos, mis carencias literarias me impidieron encontrar al mismo autor y su evidente calidad.
El compromiso con la libertad de Mario frente a las dictaduras, “siempre he combatido el autoritarismo, de izquierdas y de derechas", y al nacionalismo "plaga incurable del mundo moderno", lo hacen hoy referencia inexcusable en la literatura comprometida, que no necesariamente debe estar en la izquierda.
Si una persona se acercase a nosotros para pedirnos 22 millones de euros cada hora, repito, cada hora de las 24 horas al día, incluyendo sábados y domingos, sin garantías para devolvérnoslo, ¿le prestaríamos el dinero? Probablemente no, y si lo hacíamos sería con condiciones.
Pues bien, esas condiciones, esas garantías ante nuestro deudor, que nosotros prudentemente le exigiríamos, son las que establecen quienes nos prestan a nosotros a través de lo que se llama “prima de riesgo”, que es un pequeño seguro contra la morosidad, y esta sube o baja diariamente en función de si las decisiones del potencial moroso garantizan la devolución del préstamo o no.
España está en esa situación, y además de pedir prestado durante 2011 cada hora 22 millones su comportamiento ha sido negligente, derrochador y faltón con quién nos presta diariamente lo que necesitamos para comer.
El mercado es sentido común, ni más ni menos, puro sentido común, el mismo que todos empleamos diariamente. Conformado por millones de decisiones individuales que actúan, como previno Adam Smith, como “la mano invisible”, que, por cierto, no tiene que ver con la no intervención gubernamental, de la cual el economista escocés era acertada y moderadamente partidario.
¿Es el mercado quién nos gobierna? Parcialmente sí. El mercado solo puede gobernar al irresponsablemente endeudado.
El mercado solo gobierna a quién se deja gobernar, a quién, por desconocimiento o desidia, no sabe administrarse.
Preferiría escribir otro artículo, pero como economista oxidado me siento en la obligación de analizar las perspectivas del nuevo año y, como no quiero ser agorero, en lugar de dar mi opinión, simplemente ofreceré la formulación que se utiliza para los pronósticos de renta y cada lector que saque su propia conclusión.
En este modelo rudimentario para analizar la renta (Y), observaremos la producción, ya que todo lo producido, fabricado o servido, al final acaba siendo renta salarial, empresarial o de alquiler.
Esta renta (Y) o producción nacional tendría cuatro elementos; el consumo (C), la inversión (I), el gasto público (G) y las exportaciones netas (X-M), lo que supone que Y=C+I+G+(X-M).
Observando estos cuatro componentes vemos que solo uno, el último, las exportaciones netas, (X-M), puede tener un comportamiento futuro positivo, ya que no depende de nosotros sino de la creciente renta exterior, que hará que la venta de nuestros productos fuera de España (X) crezca y que nuestras importaciones (M) lo hagan en menor medida producto de la escasa capacidad económica del consumo interno.
El consumo (C), se mantendrá en niveles bajísimos ya que depende básicamente del nivel de riqueza personal y de la renta presente o futura. Ambas andan por el suelo, los españoles se sienten pobres, en el último año la bolsa ha caído un 17% mientras la de Méjico o Alemania crecía un 18%, nuestras viviendas han perdido un 20% de su valor y las expectativas del consumidor son muy negativas en un 75% de los casos.
Jueves, 16 de febrero
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla
Pedro Rizo