Superaremos esta crítica situación económica con un cambio radical de nuestra mentalidad marcadamente socialdemócrata, por una distinta, necesariamente más liberal.
Ante la situación imperante en nuestras administraciones, singularmente en la central, de gastar ilimitadamente y de endeudarnos irresponsablemente, debe apostarse por la responsabilidad, el equilibrio presupuestario y la ortodoxia económica.
El modelo actual tiene las consecuencias conocidas de elevación de impuestos, expulsión de la iniciativa privada de los bancos y masivo desempleo, que hemos padecido con las dos etapas de gobierno socialista.
¿Qué supone para las administraciones un modelo más liberal? Tan solo el traslado de las virtudes privadas del ahorro, la austeridad, y el esfuerzo al sector público.
Solo mediante este viraje, del que se están dando los primeros pasos, se logrará que las previsiones, tanto públicas como privadas, de honda recesión, en 2012 y 2013 para España, no tengan lugar.
Da igual que sea el banco Citigroup, la OCDE o Merrill Lynch, todos anuncian estos días que a España nos espera para los dos años próximos una crisis mucho peor que la de de 2008 y 2009, de la que aun no hemos salido, y que si nada cambia en dos años estaremos en los seis millones de parados.
Una cosa es predicar y otra bien distinta dar trigo, y la Diputación Provincial de Castellón va a hacer esto último.
Cuando el principal problema de las administraciones públicas españolas es el sobreendeudamiento y sus consecuencias: retrasos en el pago a proveedores, subidas del tipo de interés, y finalmente elevación de impuestos para hacer frente a las amortizaciones; el ahorro y la austeridad se convierten en virtud principal.
Hay cartas, o correos electrónicos, que te pueden cambiar la vida, para bien o para mal. Nuestra institución recibió una de estas en el mes de julio por parte gobierno central pidiéndonos la devolución de 30.949.000, sí ni más ni menos que 31 millones, a los que hay que añadir una petición previa de 9.591.000 euros en el mismo sentido.
Ciertamente el ejecutivo socialista de Zapatero trataba de empañar durante este verano la buena herencia económica recibida de Carlos Fabra.
Pese a ello, con los nuevos presupuestos para 2012, habremos conseguido un record nacional, al bajar el endeudamiento desde el pasado julio de 139.955.000 euros a 119.685.000, a final de 2012, lo que supone una reducción neta de endeudamiento de más de 20 millones de euros, que se convierte de inmediato en menores intereses futuros y en dinero disponible en el banco para los particulares.
Ayer los españoles demostraron su confianza en la democracia y en otra forma de gestionar el país, el 72% de ellos acudió a votar.
Y sobretodo mostraron su confianza en que hay otra España posible, que el actual gobierno fuese derrotado en 17 de las 17 comunidades autónomas y en 48 de las 50 provincias denota un mayúsculo deseo de cambio.
Especialmente intenso es ese deseo de giro radical cuando Mariano Rajoy ha conseguido la mayoría en 15 de las 17 comunidades autónomas y en 43 provincias, el socialismo ha vencido en menos provincias que CIU, estos en tres y aquellos en dos. Apabullante resultado.
Cuando Rodríguez Zapatero llegó al gobierno, en un alarde de sinceridad, reconoció que era el presidente de España que mejor herencia recibía, ahora él, Rubalcaba, Chacón, Leire Pajín, José Blanco y tantos otros corresponsables políticos, entregan el peor legado imaginable.
Recibieron la caja llena, y ya ni esta llena ni tampoco hay caja. La caja junto con el resto de mobiliario de nuestra hipotecada vivienda nacional se la ha llevado el banco por impago.
He tenido la suerte de conocer a Mariano Rajoy y tengo el más absoluto convencimiento de que será un gran presidente si los españoles le dan la oportunidad el próximo domingo.
Haber estado en el Congreso estas dos legislaturas es un gran honor, pero compartir espacio con aquellos que pronto tendrán la encomienda de arreglar España es, además de un honor, una auténtica fortuna.
A principios de año, allá por el mes de febrero, tras la pregunta a Rodríguez Zapatero de Mariano Rajoy en la sesión de control de los miércoles subí tras este a su despacho en Congreso.
Estuve con Rajoy a solas casi una hora, fue un regalo por su parte, y aunque el motivo de la entrevista era plantearle mi deseo de no continuar en Madrid para ayudar a Javier Moliner en la nueva Diputación, me sirvió para salir plenamente convencido de que España iba a ser una Nación afortunada con su liderazgo.
Me pareció; inteligente, inteligente, inteligente, muy muy largo, que dirían en Segorbe. Una buena persona, de esos pocos que hablan bien de todos, a quién el futuro le depara la mayor de las responsabilidades, evitar el inminente colapso económico de la Nación.
Afortunadamente esta bonhomía, habló tanto de la familia como de política, se complementa con un carácter imperturbable que le permitirá hacer lo que los españoles necesitan y no lo que los grupos de interés, territorial o le piden. Actuará pensando en el largo plazo, y no en el interés político inmediato, como aquellos que aun nos gobiernan a golpe de improvisación y posterior rectificación.
No pretendo ser agorero y nada me gusta menos que dar tan malas noticias pero solo con un diagnóstico realista se alcanzan soluciones curativas.
Pero el legado socialista de desempleo record, gasto público desbocado y pobreza creciente tiene en los ayuntamientos a unos testigos de excepción.
La situación de nuestros municipios, que ya sufren cortes de luz por morosos, impagan a proveedores y retrasan el cobro de nóminas de sus funcionarios, se va a generalizar. Lo peor para todas las administraciones, especialmente locales y autonómica está por llegar.
No hablaré ni de los 4.978.300 desempleados, ni de que tras Grecia seamos la nación más penalizada por la Unión Europea, porque son hechos que se comentan por sí solos.
Solo utilizaré el último dato conocido de la caída de ingresos del Estado, que va a suponer que los ayuntamientos que los tienen como principal nutriente vuelvan a ver encogida su financiación.
Pondré dos ejemplos, las dos entidades locales en las que trabajo.
El ayuntamiento de Segorbe por los errores de cálculo de 2008 y 2009 del ejecutivo de Rubalcaba y Zapatero tiene que devolver 474.775 euros a las arcas del Estado en un momento en el que los ingresos tributarios son casi inexistentes.
Este miércoles se decide si hay o no una quita, una reducción, de de la deuda soberana española y desgraciadamente el gobierno socialista parece asumir ya que será inevitable y que alcanzará el 2%.
Lo de menos es el porcentaje, lo que cuenta es que desde ese mismo momento se nos considera incapaces de gobernarnos, igual que cuando una empresa pide entrar en concurso de acreedores y solicita la tradicional suspensión de pagos privada.
A quién tenga deuda pública, letras o pagarés del Tesoro, que es donde se invierte la tradicional renta fija, no se le podrá devolver lo invertido, y obviamente se sentirá engañado, estafado, y ¿quién se vuelve a fiarse nuevamente de un estafador? Nadie, o mejor dicho algunos sí, pero a un precio mucho más alto.
Rubalcaba y Zapatero ya han abdicado, como en la etapa de González, que se asumió que no entraríamos en el euro y que habría una Europa de dos velocidades, ahora también el ejecutivo socialista se resigna a estar en la tercera división europea.
Nos jugamos una década de crecimiento, no menos tiempo tardará en restablecerse la confianza en nosotros sino devolvemos todos nuestros préstamos.
El hecho de que técnicos en Bruselas hayan planteado, y Rubalcaba y Zapatero asumido, esta quita nos hace un gran daño:
1. Si se reconoce que el gobierno central, titular del 78% del endeudamiento público nacional, no puede devolver su deuda supone que somos un país inviable.
La totalidad de las administraciones españolas deben ser sometidas a profunda revisión, a una cura de adelgazamiento, tras la actual de humildad.
Pudo haberse hecho por convicción, en tiempo de mayor bondad económica, pero quienes desde el Partido Popular y el ámbito académico lo propusieron fueron tachados de centralistas, “antiautonomistas” y reaccionarios, por parte de los mismos inmovilistas que han arruinado el país.
Ahora habrá que hacerlo tardíamente y no por convencimiento sino por necesidad, por el colapso administrativo en el que vivimos.
La pasada semana en este mismo medio escribí “Reinventar la Administración”, afirmando que los gobiernos que conocíamos hace tan solo un año ya no existen y son no solo el pasado, sino la prehistoria.
La revisión a favor de una administración única, con el menor número posible de solapamientos, ya está en marcha y va a afectar a la totalidad de entes públicos.
Afectará a las diputaciones, como a las restantes administraciones, pero no supondrá su desaparición. La única reforma viable es aquella en la que, sin eliminar a nadie, todos presten, con menor gasto, servicios más eficientes. Lo ineficaz no es la institución sino el uso que se haga de ella.
La reforma ya ha comenzado, este mismo año, con dos hechos; la reforma constitucional, que fue propuesta por Mariano Rajoy hace dos años, y que finalmente ha tenido que ser impuesta por el Banco Central Europeo para prohibir el derroche público, y en segundo lugar, por las propuestas de los nuevos gobiernos autonómicos de supresión de organismos, devolución de competencias y drástico recorte del gasto.
Las administraciones debemos reinventarnos, los gobiernos “buenistas”, del sí a todo, ya no existen, no son solo el pasado, son prehistoria.
El modelo administrativo que todos hemos conocido, el de hace solo un año, el “estado del bienestar” de inspiración socialdemócrata, y aspiración subsidiadora, ha fallecido por colapso.
Aquello de ayudas para todos con cargo a deuda, y la concepción del actual gobierno socialista de que “el dinero público no es de nadie” y se puede derrochar ya es história.
Sencillamente ha colapsado por falta de ingresos y exceso de gasto público. Se pudo evitar tan solo respetando las normas de déficit cero de 1997 del gobierno popular, pero desgraciadamente, Rubalcaba y Zapatero, derogaron aquella normativa restrictiva en favor de la barra libre y el sobrenedeudamiento.
Con efecto retroactivo, cinco millones de parados más tarde y tutelados económicamente por la Unión, Manuel Pizarro ganó el debate al entonces vicepresidente Pedro Solbes.
Como en tantas ocasiones, también hace tres años y medio, el socialismo ganó el debate sobre economía y, a continuación, arruinó el país.
Mi admirado Manuel Pizarro dijo la verdad, con toda su crudeza, afirmando premonitoriamente –marzo de 2008- que estaba menguando el crecimiento, el endeudamiento era alto y paro de record y que, de no tomarse medidas, se destruiría más empleo poniéndose en riesgo tanto la recaudación fiscal, como el sistema de pensiones.
Acertó en todo mi brilllante paisano -yo también luzco orígenes en Manzanera, el sur turolense- pues la nuestra es hoy una crisis fiscal, con sobreendeudamiento y desempleo desbocado.
Rajoy, Soraya, Aznar, Montoro y el propio Pizarrovenían haciendo similar análisis desde 2007, y efectivamente ahora estamos en la más honda crisis fiscal, hemos sido amenazados con la intervención y las pensiones ya ha habido que reformarlas para que sean un 20% menores en el futuro.
Sin embargo los españoles prefirieron entonces, 47% frente a 37% según las encuestas, creer a Pedro Solbes cuando afirmó que “me parece que la palabra crisis es un poco prematuro” utilizarla, y destacó que el crecimiento económico español era muy sólido, que atender la sensatez de Pizarro.
Es un mal común, preferir escuchar buenas a malas noticias, aunque aquellas sean falsas y estas ciertas.
En el debate Pizarro-Solbes sucedió como en el de la crisis de 1929, entre Ludwig Von Mises y J.M. Keynes, ganó el segundo pero tenía razón el primero.
En ambos casos se prefirió el narcotizante discurso socialdemócrata, de derechos para todos, al realista análisis liberal que exigía rigor y sacrificio.
Por fin Rodríguez Zapatero disolvió las Cortes, en una legislatura inacabable, infructuosa, destructiva, y siempre contradictoria.
Y el socialismo se marcha como llegó; improvisando. Y especialmente dañinas son las improvisaciones y ocurrencias en materia económica, porque los errores se pagan con más desempleo.
La penúltima rectificación ha sido a cuenta de la privatización de emergencia de Loterias del Estado, hace seis días el peor Consejo de Ministros que ha tenido España aprobó su salida a bolsa y ahora la anulan.
La siguiente rectificación, y harán bien, será la de paralizar la privatización de los aeropuertos de Barajas y El Prat, porque el horno de los escaldados inversores no está para bollos.
Este rosario de ocurrencias, comenzó en la misma campaña electoral cuando, haciendo caso omiso a las advertencias de eminente crisis, el gobierno socialista anunció un cambio en el IRPF para que diez millones de españoles tuviésemos una deducción de 400 euros, que poco después hubo de retirar.
Como el IVA, que, dado que González lo creó y elevó del 12% al 15 y luego al 16, Zapatero no quiso ser menos y lo subió al 18%, eso sí, ahora se arrepiente y lo rebaja durante cuatro meses y solo para la vivienda.
Parecido a la restitución del Impuesto sobre el Patrimonio, primero no y ahora sí.
Todo nuestro problema hoy es uno, el exceso de deuda pública, y la solución también una, la prohibición por ley, o constitucionalmente, a nuestras administraciones del recurso al endeudamiento.
Puede parecer una broma pero no lo es, tanto la prima de riesgo, como el posible rescate español, hacen tan solo referencia a la deuda pública del gobierno socialista.
Por tanto tenemos un solo problema, aunque llegue a ser de 870.000 millones de euros, y se resuelve como ya hizo el gobierno de Aznar en 2001, de una única manera, con la prohibición por ley, o en la Constitución como Alemania, del endeudamiento público injustificado.
El porqué el gobierno de Rubalcaba y Zapatero derogó parcialmente aquella norma limitadora en 2006, y como consecuencia hoy estamos al borde del precipicio económico, es algo que el candidato Alfredo deberá responder.
El problema de la deuda no es solo español, es una tentación común a todo mal político, de derechas o de izquierdas, dejar las facturas para las generaciones venideras, pero es cierto, que las soluciones siempre vienen del mismo lado. El rigor presupuestario y el ajuste de las finanzas públicas para devolver el protagonismo a la empresa privada en España solo se ha llevado a cabo con un gobierno liberal como lo fue el que vicepresidió Mariano Rajoy.
Tanto es así que la prima de riesgo, que es un medidor de la fiabilidad del país, en el que las tonterías la hacen subir, y el equilibrio presupuestario la hace bajar, que alcanzó el martes los 404 puntos y en marzo de 2004, cuando dejamos el gobierno, estaba en 0 puntos.
Y cuando se habla de “rescate” tan solo se esta diciendo que el gobierno socialista no es capaz de devolver todos los prestamos que ha pedido y la Unión Europea debe acudir a su “rescate”, es decir a pagar por él.
Lo ha dicho Rubalcaba, pronto lo replicarán sus militantes, la culpa es de los bancos –antes fue de Aznar, del capitalismo salvaje, de la avaricia…-y la salida a la crisis tendrá lugar con un novedoso impuesto sobre su actividad.
La operación es sencilla, ¿con quién está usted, con el banquero de alma negra, sombrero de copa, y puro humeante, o con la familia desalojada de su vivienda porque no llega a fin de mes? Intuitivamente Rubalcaba gana; todos estamos con los desahuciados y no con la impersonal entidad financiera que se queda con su vivienda.
Pero si lo pensamos, algo que no conviene al actual gobierno, Rubalcaba pierde, ya que nos damos cuenta de dos cosas; primero, el responsable del hundimiento de la credibilidad de nuestra deuda pública es, obviamente, quién genera la deuda pública, en un 72% Zapatero, y no los bancos que tan solo le prestan.
De hecho, la denominada prima de riesgo tan solo mide deudas gubernamentales, públicas no privadas, y cuando se sitúa, como hoy, por encima de los 380 puntos básicos indica que, para prestarle al ejecutivo socialista, los inversores piden un 3.8% más de interés que al ejecutivo de Angela Merkel que es el de referencia.
Con Mariano Rajoy en la vicepresidencia del Gobierno la prima de riesgo era de cero puntos básicos.
La situación nacional hoy rebasa todas las líneas rojas que debieran determinar la disolución del parlamento, la convocatoria de elecciones generales y, si así lo deciden los ciudadanos, la renovación integral del gobierno de España:
1. Los concejales vascos no independentistas vuelven a ser vilipendiados en sus plenos municipales por aquellos que, sin condenar el terrorismo, han regresado a las instituciones por la decisión –que todos acatamos- de un tribunal de designación política, el Constitucional, que invirtió la sentencia por la que el Tribunal Supremo declaraba "probado" que Bildu formaba parte de "un proceso auspiciado en última instancia por la misma ETA".
Tres de los autores de aquella sentencia, anticipada por Rodríguez Zapatero al PNV, presentan ahora su dimisión, sumiendo al Tribunal Constitucional en la más profunda de las crisis.
2. Esta es la conclusión última de la politización de los órganos judiciales que debe resolverse retornando al principio liberal de la división de poderes, entre ejecutivo, legislativo y judicial, planteado por Montesquieu, a quién Alfonso Guerra dio por muerto en 1985.
Entonces, la mayoría socialista hurtó a jueces y magistrados la facultad de elegir los miembros que conforman el órgano rector de la judicatura, el Consejo General del Poder Judicial, que desgraciadamente ahora es elegido por los políticos, con la merma en la independencia judicial que de ello se deriva.
Cuatro años confundiendo el salón de plenos de la Diputación de Castellón con un estudio de televisión, buscando el mejor perfil para la cámara y la frase más redonda a la caza del titular periodístico del día siguiente, han llevado al socialismo castellonense al peor resultado de la historia.
Javier Moliner ha resultado elegido presidente de la diputación provincial de Castellón con el mayor margen en la historia de la institución, y uno de los tres mejores de España; dieciocho escaños para el Partido Popular, ocho para el PSPV y uno del Bloc.
El resultado es la conjunción de varios factores.
En primer lugar mérito de los más de mil hombres y mujeres que conformaban las 135 candidaturas populares en sendos ayuntamientos, que permitieron al partido que preside Carlos Fabra hacer buena su milimétrica previsión de 100 victorias municipales, con 99 triunfos y el empate de mi amigo Salvador Ballester en Alcudia de Veo.
Segundo, el éxito electoral es fruto de la dedicación plena, buena organización y adecuada estructura territorial del equipo que han dirigido el propio Carlos Fabra, Javier Moliner, Marisol Linares, Francisco Martínez o Vicente Aparici entre otros.
Y tercero y fundamental, el ya referido error de la oposición socialista, que abandonó el territorio provincial para conseguir minutos de pantalla. Solo así se explica que en hasta 30 ayuntamientos castellonenses el PSPV presentara candidaturas incompletas o de personas ajenas al municipio.
En mi ciudad, Segorbe, Caritas Diocesana distribuye trescientas comidas diarias, para ser un municipio que no alcanza los diez mil habitantes no esta mal.
Estos vecinos son distintos a los que cada tarde acuden recoger comida caducada de los contenedores de los supermercados y, en algunos casos, coinciden con los que hacen cola cada mañana en las oficinas del Servef, antiguo Inem, buscando empleo.
Esta situación que se repite en cada municipio es nueva en democracia, los derechos sociales habían sustituido a la beneficencia, a vivir de la caridad, ya en los años sesenta pero, desgraciadamente, hemos regresado ella.
Más de 1.600.000 familias españolas tienen a todos sus miembros en paro, y son ya casi dos millones de parados los que carecen de prestación pública alguna.
Al menos en mi experiencia personal, y por lo que cuentan amigos y familiares de más edad, tan solo la cola de desempleados se conoció en los peores momentos del socialismo de Felipe González, las otras dos, la de Caritas y la de los contenedores, son nuevas, o al menos, no se recuerdan en los últimos cincuenta años.
Socialismo es pobreza, siempre y en todo lugar, y cuanto más socialismo más pobreza, da igual que hablemos de las antiguas repúblicas soviéticas, que de Cuba que de España. Y si en algún momento los gobiernos socialdemócratas no generan pobreza es porque felizmente se han alejado del marxismo.
En pleno debate parlamentario sobre el estado en el que se encuentra nuestra Nación, la reflexión más importante es que, a pesar de todo, España tiene arreglo.
La credibilidad de un gobierno cotiza todos los días, se llama prima de riesgo, indicador que hoy está en 275 puntos, y que, rudimentariamente, supone que a España se le presta desde el exterior un 2.75% más caro que a Alemania, que es el país referencia.
Nuestro gobierno ha perdido toda la credibilidad atesorada en los ocho años de ejecutivo popular, y esta no es una afirmación partidista, sino que, objetivamente, puede observarse como se ha transitado de la fiabilidad máxima del gobierno de Aznar y Rajoy, que concluyó su legislatura en marzo de 2004 con prima de riesgo cero, a bordear la intervención internacional como el propio Zapatero ha confesado.
Incluso llegamos a tener momentáneamente prima de riesgo negativa, que suponía ser el país más fiable de toda la Unión Europea, no en vano, fuimos, no solo, quién más empleo creó, con cinco millones, sino también quien más redujo su volumen de deuda pública.
Hoy, con casi cinco millones de parados, millón y medio de hogares con todos sus miembros desempleados, un crecimiento económico próximo al 0% y emitiendo 500 millones de euros diarios de deuda pública, España tiene arreglo.
Zapatero ya ha probado las artes de su presunto subordinado. Rubalcaba ha estado a punto de echarlo como secretario general, solo la cabeza de Carmen Chacón sació su sed de sangre.
No sabe de economía, no sabe de derecho, no respeta las leyes ni lo pretende, le gustan los faisanes, lo ve y oye todo, y siendo esto así ¿por qué lo han designado candidato? Porque es malo sin límite, y lo que en circunstancias normales sería una desventaja, en la situación desesperada que sufre el PSOE se convierte en virtud.
Los socialistas saben que solo Rubalcaba, en su condición de malo, está dispuesto a todo para alcanzar el poder, y cuando digo todo es todo.
Primero exterminará a cualquier adversario interno como ha hecho con Chacón y estuvo a punto de hacer con Zapatero si este no humilla y le rinde pleitesía, como finalmente ocurrió. En el PSOE lo saben y por ello no habrá rival que tenga algo que perder que se le enfrente, y sino al tiempo. Me apuesto un café a que todos los rivales internos que le surjan en el proceso de primarias son competidores tolerados por el propio Alfredo y que no le supondrán la menor incomodidad.
Segundo, el mes que viene nuestro ilustre químico cumple 60 años, que es una magnífica edad para todo pero sus compañeros creen que no es la mejor para empezar a liderar la oposición al presidente Rajoy que es más joven, Rubalcaba también lo piensa así y por ello ha pedido todo el porder para esta confrontación. Así que él es plenamente consciente, y sus compañeros también, de que tiene una única posibilidad electoral, la de las elecciones próximas.
Si resulta derrotado, que lo será por amplísimo margen, dimitirá y dejará paso. Por ello a la maldad une la urgencia, que son las dos condiciones que han determinado su elección.
Solo recuerdo haberle hecho una pregunta oral en el Congreso y tuve la certeza de que eran mucho más creíbles sus invenciones que las verdades del resto de los mortales, entre los que me incluyo.
Las elecciones municipales y autonómicas del domingo tienen múltiples interpretaciones, pero hay alguna en la que muchos debemos coincidir:
1. La última vez que el PSOE, con Felipe González, salió del gobierno de España, fue con unas elecciones generales que se anticiparon, en más de un año, fruto de una derrota en unas elecciones autonómicas y municipales como las actuales, con la salvedad de que ahora la diferencia multiplica por dos la de entonces.
Luego, es posible un anticipo electoral, cuando Rubalcaba, que ya lidera el PSOE, se lo ordene a Rodríguez Zapatero.
2. El PP venció en once de las trece comunidades en las que hubo elecciones autonómicas, y en las otras dos lo hicieron lo más parecido al PP, que son el partido de Álvarez Cascos y Unión del Pueblo Navarro. Es posible que, merced a pactos, logren conservar Extremadura, una de trece.
3. En elecciones municipales, el Partido Popular venció 40 a 5 en número de capitales de provincia, además de en Ceuta y Melilla, en estas últimas la debilidad gubernamental frente a Marruecos casi convierte al PSOE en extraparlamentario con un 11 y un 8% de los votos respectivamente.
Sí, efectivamente este domingo se decide algo más que municipales y autonómicas, también es un juicio nacional sobre la política del gobierno socialista, que al igual que en las elecciones locales de 1995 se puede precipitar el adelanto electoral de las generales al próximo otoño.
La triple elección que dentro de cuatro días tiene lugar se convierte así en un acontecimiento de primer orden.
Sumar Salva Aguilella, Susana Marqués, Juan Bautista Juan, o Alicia Bañuls, al grupo de buenos alcaldes de los que disfrutamos en Castellón como Alberto Fabra, Rafael Calvo, Juanjo Rubert, Isabel Bonig, José Ramón Calpe, Mario García, Andrés Martínez, Vicente Casanova o Marcelino Domingo es muy importante y justifica cualquier movilización, máxime cuando, producto de ese resultado local se configura la diputación provincial, instrumento indispensable en esta España en crisis, y para la cual Javier Moliner ha demostrado ya méritos sobrados.
La confirmación de la apuesta autonómica de Castellón por el gobierno valenciano de Francisco Camps es tan relevante como sus políticas sanitarias y educativas, con una calidad en su prestación pública, universal y gratuita nunca antes alcanzada.
Pero junto a estas dos urnas, hay una tercera invisible, que es la de la suma nacional de voluntades que llevó a Felipe González a anticipar las elecciones generales en más de un año.
La mía es una visión rural, una apreciación incompleta de la campaña, reducida a los cincuenta municipios de habla castellana de la provincia de Castellón, pero tan periférica como exacta, y me indica que el socialismo aquí va a sufrir un considerable retroceso, y lo será porque hay unos que están, y otros, que vienen y van.
Lo observo por Segorbe (9 concejales PP, 3 PSOE, 1 Partido Republicano) donde el candidato popular Rafael Calvo está permanentemente, y los otros tres de la izquierda, por no residir en nuestra ciudad, vienen y al ratito se van.
Así, los “alcaldables” de Izquierda Unida, y el Partido Republicano ambos viven en Valencia, y el socialista lo hace en Castellón, preciosas ciudades ambas, pero nada indicadas para teledirigir una emergente ciudad como Segorbe. Por eso, los dos primeros aspiran a lograr el mismo concejal de la izquierda dura y el segundo a no perder alguno de los tres que ahora tiene.
Ocurre igual, en muchos, de los cincuenta municipios del Palancia y del Mijares, la izquierda ha abandonado buena parte del territorio y va camino de convertirse en un partido de salón, donde solo el veraneante progre esta disponible para rellenar las candidaturas del puño y la rosa pues los del terreno ya han sido engañados en demasiadas ocasiones.
Por eso en estas tierras de habla castellana, unos estamos y a los socialistas los vemos venir y marcharse al final del mitin.
En el Palancia y el Mijares, y sus tres partido judiciales, Lucena, Viver y Segorbe, liderados por los diputados Luís Rubio, Laureano Sandalinas, y Manuel Martín, los vecinos de Vallat, Toga, Villamalur, Villanueva de Viver, Pina de Montalgrao, Matet, Arañuel, Barracas, Sacañet, Gaibiel, Pavías, El Toro o Chóvar y algunos más, han visto como los del PSPV iban y venían y sin presentar candidaturas completas con vecinos. Todos ellos tendrán alcaldía popular por la deserción socialista, flaco favor a la concurrencia democrática.
La publicación definitiva de las candidaturas para las próximas elecciones municipales, conocidas este fin de semana, depara noticias asombrosas; el Partido Popular de Castellón contará con 30 alcaldías de salida por incomparecencia del PSOE.
En 18 municipios los socialistas han presentado menos de la mitad de candidatos a elegir, lo que matemáticamente supone renunciar a la alcaldía, y en una docena más, ninguno de los candidatos del PSPV pertenece a la población, es decir, son paracaidistas en su totalidad.
Al final, aquellos que se han pavoneado de disponer de un proyecto progresista para Castellón dejan a 30 municipios huérfanos de representantes autóctonos, lo que significa que mientras su única obsesión ha sido perseguir verbalmente a Carlos Fabra, este les ha demostrado, con hechos, con candidaturas, no con palabras, lo que es hacer provincia.
Los vecinos de Villamalur, Chódos, Albocasser, Coves de Vinromá, Vilar de Canes, Higueras, Villanueva de Viver, Toga, Torre d´en Besora, Vallat, Torre d´en Domenech, Pina de Montalgrao, Matet, Arañuel, Barracas, Sacañet, San Rafael o Castellfort, ya saben que al “nuevo” PSPV le importa bien poco su municipio y ello se traduce en la incapacidad para presentar candidaturas completas.
Los socialistas de Castellón han renunciado a presentar candidaturas autóctonas en once municipios del Palancia y el Mijares, lo que supone partir de inicio con una ventaja de once a cero del PP respecto al PSOE en el número de alcaldías de los partidos judiciales de Viver y Segorbe.
Un regalo innecesario a nuestro partido, y una ofensa a sus votantes, que evidencia la inexistente estructura territorial del socialismo castellonense, en el caso de que este último exista.
En Matet, Arañuel, Barracas, Villamalur, Higueras, Villanueva de Viver, Pina de Montalgrao, Sacañet, el PSPV ha presentado candidaturas incompletas, que no alcanzan la mitad de concejales a elegir, lo que les impide si quiera optar a la alcaldía aunque resultasen todos ellos electos -cosa improbable ya que en su mayoría los candidatos son ajenos al municipio, y en estos comicios se vota a la persona-.
Esta deserción rural se extiende a otros ayuntamientos como El Toro, Chovar o Pavías, donde no hay un solo candidato autóctono, lo que supone también renunciar de facto a la alcaldía.
Al final son 39 las concejalías a las que los socialistas renuncian situando al Partido Popular como único referente rural en nuestras comarcas.
El socialismo no solo mantiene unos postulados económicos y sociales propios de principio de siglo pasado, sino que también conserva una estructura territorial arcaica y diseñada con anterioridad a la Constitución y al Estatuto de Autonomía.
Segorbe es el municipio del interior castellonense que más ha prosperado en los últimos años.
Objetivamente en los ámbitos sanitario, educativo, patrimonial y en lo referente a instalaciones socio-deportivas, no hay ayuntamiento menor de veinte mil habitantes -el nuestro tiene 9.700- mejor dotado que la capital del Palancia.
Disfrutar de un centro sanitario con intervenciones quirúrgicas, un pequeño hospital con centro de especialidades, atención primaria y de urgencias, es una gran suerte para el Alto Palancia.
Tener cuatro institutos, dos públicos, uno privado y otro concertado, junto a una escuela oficial de idiomas, conservatorio de música de grado superior, y extensiones universitarias de la UNED y la UJI, nos sitúan con una oferta formativa envidiable.
Están recién estrenadas las piscinas climatizadas, gimnasio, una completa ciudad deportiva con campos de fútbol, pista de atletismo y para todas las modalidades de raqueta, que permiten que nuestros jóvenes encuentren caminos alternativos a la sociedad sedentaria en la que nos encontramos.
Si a ello añadimos la existencia de dos residencias de ancianos, un activo centro de atención especializada de mayores, y unos servicios sociales de alta calidad, entendemos porqué una inmensa mayoría de los segorbinos se siente satisfecho con el actual gobierno municipal que lidera Rafael Calvo.
Ante la más profunda de las crisis hay que responder con la más profunda de las reformas. Hace un mes escribí “La verdadera reforma pendiente” en referencia al ineludible recorte en el gasto público con el que debe comenzar la recuperación, hoy los datos conocidos abundan en esta receta.
Se acaba de conocer que la deuda pública ha alcanzado los 814.000 millones de euros, con un aumento de más de 300.000 millones en la actual legislatura, esto supone que cada español tiene una deuda personal de 17.319 euros, de las cuales las tres cuartas partes corresponden al gobierno central y el resto se reparte entre las administraciones autonómicas y locales.
Una familia de tres miembros deberá pagar casi nueve millones de pesetas en impuestos a las administraciones solo para que estas sufraguen sus deudas, es decir, a cambio de nada, y además, obviamente, el resto de tributos con los que merecidamente hay que pagar los salarios de médicos, maestros y policías.
Todo indica que, a pesar de que el ejecutivo socialista tiene competencia exclusiva sobre las “bases y coordinación de la planificación general de la actividad económica”, ha perdido el control del gasto.
El sobreendeudamiento público ha provocado, primero, un efecto expulsión de la iniciativa privada, que se ha quedado sin los prestamos que ahora se dirigen a las administraciones, y en segundo lugar, una elevación de todos los impuestos para devolver los prestamos que la administración pidió.
No hay que entristecerse por la salida de Zapatero tras los empujones de sus barones territoriales, siempre quedará su magna obra.
Se va antes de que los ciudadanos lo echen, y deja en nuestra nación una obra que será largamente recordada, en lo económico-social, lo territorial y lo institucional.
En el primer ámbito el de la ceja abandona el barco con la peor cifra europea de paro, record histórico de desempleo en un país en el que el anterior presidente socialista decía, desde la oposición eso sí, que “nunca seré presidente con un millón de parados” y ya estamos en los cinco sin maquillaje.
Tras seis años de abandono de la economía, llegaron las reformas impuestas en el séptimo ejercicio, la intervención americana y europea y los grandes recortes sociales por la inacción gubernamental y una deuda desbordada, que hace que cada día el ejecutivo socialista precise casi 500 millones de euros prestados por el exterior y que nos convierte en mendigos internacionales.
Quién alardeaba de dirigir a la octava potencia mundial, despreció siempre a la economía, no recibió las dos tardes necesarias de lecciones y por eso, es la misma economía la que en justa venganza lo hunde, pero junto a él a todo un país cuyo único error fue votarle confiando en su falsa palabra.
España sufre un grave problema endeudamiento, público y privado, que nos ha convertido en mendigos internacionales de crédito, da igual que sean democracias o dictaduras, europeos o asiáticos, a cualquier país se le implora que nos preste parte del 528 millones de euros que diariamente, incluidos sábados, domingos y festivos, necesitamos para acabar la jornada.
En esta situación, de ahogo financiero, no se entiende que el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, el único al que se le atribuían probados conocimientos en la materia, pidiera "rebajar la tasa de ahorro” de las familias.
La citada afirmación la hizo curiosamente el señor Campa durante la presentación del libro el "Ahorro Familiar en España", elaborado por la Fundación de Estudios Financieros –FEF-, y que recoge magníficamente, en una compilación de diecinueve estudios, una posición radicalmente contraria a la expresada por el Secretario de Estado.
De hecho la primera de las diez conclusiones de la referida publicación de la FEF, dice que “el ahorro interno se perfila como un elemento clave para la economía española en los próximos años, de mejora de competitividad, el motor de la regeneración económica”.
Exactamente así es. Si hubiésemos tenido un elevado ahorro interno de familias y empresas, en lugar del sobreendeudamiento conocido, aunque el gobierno de Rodríguez Zapatero hubiese mantenido su comportamiento derrochador nos habríamos evitado la imagen de nación genuflexa ante cualquiera que nos muestre un euro.
En el tiempo de aplicación del mayor recorte social de la historia de España, hay amigos del gobierno que siguen cobrando salarios disparatados.
Mientras se baja el sueldo a médicos, profesores, guardias y empleados públicos que alcanzaron su plaza por oposición, aquellos que la lograron sin tanto mérito conservan insultantes privilegios.
El submundo administrativo creado por el gobierno de Rodríguez Zapatero, tiene entes como el Consorcio de Apoyo a la Investigación Biomédica en Red (Caiber), financiado íntegramente con fondos ministeriales, y que cuenta con un director, que en 2010, el año del decretazo, tuvo un salario de 131.000 euros, casi un 70% más que el presidente del gobierno de la nación, que percibe 78.000.
La exigente responsabilidad de este director, elegido en un proceso al que al parecer solo concurrió él, le ha llevado a disfrutar de un contrato indefinido, o sea, vitalicio, a pesar de que el consorcio Caiber tiene un plazo de vida de cuatro años.
Con lo dicho, a nadie sorprenderá que, cuando la ministra Cristina Garmendia el pasado octubre anunció el nacimiento de Caiber, este había recibido ya 20 millones de euros desde 2009. Y aunque solo ejecutaron el 60% del presupuesto se auto premiaron con un 10% de sueldo adicional “por consecución de objetivos”.
Todo en el año del recorte, ejercicio en el cual tuvieron tiempo de visitar varios paradores nacionales con cargo, como siempre, al erario público.
El gobierno de Rodríguez Zapatero, el del mayor recorte social de la democracia, aun no está saciado. Tras bajar los salarios a los empleados públicos, congelar las pensiones, suprimir ayudas a la maternidad y menguar las de las personas dependientes, ahora quiere entrar en la historia de las políticas sociales.
Y lo va a conseguir. Primero elevó la edad de jubilación que se había establecido en 1919, en la época de Alfonso XIII, a los 67 años y ahora quiere eliminar la Inspección de Trabajo y Seguridad Social en España, que es una institución creada en 1906 y que viene actuando con eficacia, independencia y profesionalidad.
Así el ejecutivo socialista pretende cambiar la actual ley Ordenadora de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, cuyo borrador de Proyecto de Ley fracciona en 17 la actual Inspección, y supone de facto la disolución de la unidad inspectora.
En la práctica supondría, entre otras cosas, hacer depender la Inspección de Trabajo de los consejeros autonómicos que aprueban los expedientes de regulación de empleo –EREs-.
Rodríguez Zapatero ha justificado la última ocurrencia socialista, de rebajar la velocidad a 110 kilómetros por hora, en que se ahorra, “además salva vidas y contamina menos", al menos las dos primeras afirmaciones son falsas.
El Estado no solo no ahorra sino que pierde dinero con la medida. Dado que de cada litro de gasolina que se consume, con las últimas subidas del Impuesto de Hidrocarburos, el 52% son impuestos, estos dejarán de ser ingresados en las arcas públicas si realmente al ir a 110 se consume menos.
La única posibilidad de ingresar más dinero es a través de las multas, que efectivamente se van a encarecer notablemente, pero esta, la parte coactiva y sancionadora, ha sido deliberadamente omitida por Zapatero.
La referencia gubernamental a que esta medida “salva vidas”, es una estupidez, si realmente salva vidas, ¿por qué hemos estado siete años de legislatura con muertes evitables?, ¿por qué esta medida es temporal? y, Zapatero confía en que “ojala, la limitación pueda levantarse cuanto antes” ¿para provocar muertes?.
Y si la motivación fuera realmente “salvar vidas” ¿cómo se incluye entre las medidas de mayor seguridad apagar las luces en las carreteras?
Lo cierto es que, tal y como confesaba Rubalcaba “He tenido que improvisar mientras venía para acá las medidas”, se trata de otra ocurrencia que será a su vez rectificada en breve.
Pero no deja de resultar preocupante el nivel de intromisión en nuestras vidas y de intervencionismo creciente que padecemos, con la velocidad, el tabaco, las chucherías, la prohibición de los toros, las constantes subidas de impuestos, el adoctrinamiento en las aulas y tantas otras.
Es curioso que la denominación de “fondo de reptiles” para el dinero que se han repartido los socialistas en Andalucía, defraudando a nuestro sistema de pensiones, se lo hayan dado ellos mismos.
Tenían tan interiorizado que lo que hacían con el dinero de todos era propio de reptantes, de aquellos animales que caminan arrastrándose, que el mismo director general de Trabajo de 1999 a 2008, el socialista Francisco Javier Guerrero, confesó que se concedían multimillonarias ayudas sin regulación y que «no era una subvención excepcional, era un fondo de reptiles para crisis». Así directamente, sin anestesia, confesión ante la policía.
En el diccionario de la Real Academia de la Lengua “fondo de reptiles” se describe como “fondos secretos que se aplican a la captación de voluntades”, mientras todos pensábamos que eran aquellos fondos opacos con los que se enriqueció la cúpula de Interior de Felipe González, y que llevó a la cárcel a Rafael Vera por apropiarse de más cuatro millones de euros, o también aquellas pesetillas con las que el ministro Corcuera regalaba joyas a las esposas de sus colaboradores, resulta que no, que los reptantes socialistas estaban también haciendo su agosto con el dinero de la política social.
Es reprochable que en materia de pensiones el mismo gobierno que le dice a un albañil que deberá subir al andamio hasta los 67 años, favorezca la jubilación anticipada a partir de los 55 años a los empleados de bancos y cajas, pero es sencillamente repugnante que se regalen pensiones a amigos que no han trabajado y todavía no haya ningún responsable político en su casa o en prisión.
Hubo un tiempo en que los españoles andábamos despreocupados de la economía. Hay un gobierno nacional, con competencias exclusivas, supuestamente dedicado a ello.
Aquel desinterés, justificado por los cinco millones de nuevos empleos y el aumento de la riqueza, se ha tornado ahora en intensa preocupación. Los españoles ahora se familiarizan con la deuda soberana o la prima de riesgo, y pronto también con la estanflación, que es lugar en el que ahora se halla nuestra dolida nación; estancada y con inflación.
Mientras el Producto Interior Bruto de Alemania creció el pasado año un 3,6% y el francés un 1,5%, el español retrocedió un 0,1%, esto quiere decir que nos encontramos con la previsible salida en “L” de la crisis, o mejor, la no salida, tras caer, nos arrastramos por el fondo.
A esta situación, de por sí muy negativa, se adiciona ahora otra; la inflación, que ha crecido hasta el 3,3%, más de un punto por encima de nuestros vecinos, y que tiene dos efectos inmediatos.
Durante la pasada semana, la de la reforma de las pensiones, pasó inadvertido el dato económico más relevante a la hora de evaluar cualquier reforma estructural en España, el del déficit público.
En la actual crisis nacional de deuda o de riesgo soberano, es decir, de la financiación de nuestro endeudamiento público por parte de los mercados extranjeros, y que precisa de casi 22 millones de euros cada hora, el control del gasto lo condiciona todo.
Hasta el punto de que es solo el descontrol en el gasto público es el que justifica todos los recortes sociales padecidos y parte de la reforma de las pensiones, y singularmente, la elevación obligatoria de la edad de jubilación a los 67, y que era perfectamente evitable.
Así el dato del déficit público del gobierno central, y por el que la vicepresidenta Elena Salgado sacó pecho mostrándose no solo complacida, sino asegurando que «hay un margen más que suficiente para poder absorber potenciales desviaciones en otras administraciones», viene a decir de por cada tres euros ingresados en el pasado año nos hemos gastado cinco, y eso, tras bajar sueldos a empleados públicos, paralizar inversiones y reducir ayudas de todo tipo.
Puede parecer sorprendente, que cuando el gobierno de Rodríguez Zapatero afirma que el déficit de la Administración Central ha cerrado el 2010 en el 5,07% del PIB, por debajo del 5,9% previsto, lo que realmente esté diciendo, es que hemos gastado 182.000 millones de euros, e ingresado tan solo 121.000 millones, a pesar de haber subido la mayoría de impuestos.
En los últimos meses se han improvisado varias reformas fiscales, dos laborales y cuatro del sector financiero, todas ellas anunciadas como “definitivas” y de pobres resultados.
La anunciada esta semana sobre nuestro sistema bancario es tan profunda, como imprecisa. Se amenaza con la desaparición de aquellas cajas de ahorros que incumplan un requisito, y este no se determina.
Pero, por encima de la imprevisión gubernamental, y de si las reformas son sinceras rectificaciones o imposiciones externas, hay que reconocer que España padece un grave problema de sobreendeudamiento, cuya responsabilidad es compartida, entre quienes pedían prestado, particulares y sector público, y quienes prestaban, bancos, cajas y cooperativas de crédito.
“Ante el vicio de pedir la virtud no dar”. El famoso dicho no ha estado vigente en España en los últimos años, tampoco en el sector financiero. Hoy pagamos las consecuencias.
En la actual crisis bancaria, tanto por la falta de crédito de nuestra deuda pública en el exterior como por la delicada situación de nuestras entidades financieras, hay una superposición de responsables.
Trabajar más y gastar menos, una obviedad, esa es la sencilla receta que precisamos para salir del profundo pozo en el que deambulamos, y también del actual laberinto de las pensiones.
¿Cómo se concreta esa necesidad nacional de trabajar más y reducir el gasto en pensiones, para asegurar la viabilidad del sistema de pensiones? Pues con algunas decisiones más imaginativas que la elevación obligatoria de la edad de jubilación a 67 años.
En 1996, cuando el Partido Popular alcanzó el gobierno la situación en la Seguridad Social era peor que la actual; cinco millones menos de cotizantes, déficit permanente, y un pequeño agujero, superior al medio billón de las antiguas pesetas al que hubo que hacer frente de inmediato para que nuestros jubilados pudieran acabar el año cobrando. Ni entonces se propuso, ni ahora es indispensable, la elevación de la edad de la jubilación obligatoria.
Se precisan otras cosas, la mayoría de las soluciones están reflejadas en los veintiún puntos que conforman el acuerdo de la comisión parlamentaria del Pacto de Toledo, que solo tuvo un elemento de discrepancia, el de la edad obligatoria de jubilación.
“España me salvó de ser un paria” afirmó Mario Vargas Llosa al recibir el premio Nobel de Literatura. Resulta reconfortante que frente a las respetables corrientes indigenistas de Hispanoamérica, el peruano más ilustre destaque las ventajas pertenecer a nuestra comunidad lingüística.
Toda lengua, por pequeña que sea, supone una riqueza a preservar y a engrandecer, en mi Comunidad disfrutamos del valenciano que debe ser defendido y enseñado.
No obstante, en ocasiones, es bueno que llegue alguien del otro lado del Atlántico para recordarnos que escribiendo en una de las cincuenta variantes que tiene el quechua y el aimara en Perú no habría tenido ni millones de lectores, ni Nobel, ni disfrutaría escribiendo en una "maravillosa lengua", en uno de los idiomas más "dinámicos", "enérgicos" y "creativos" del mundo, el español.
“No me estaban premiando sólo a mí sino la lengua en la que escribo” afirmó Vargas Llosa, que hizo en la Fiesta del Chivo, la mejor descripción de las relaciones de poder que se pueda escribir, la leí hace once años y aún me parece irrepetible, escrita sobre la República Dominicana, en la transición de los años sesenta, su profundidad la hace aplicable hoy a cualquier lugar del mundo.
Su reciente obra El sueño del Celta me parece también extraordinaria, y dista mucho de Los Jefes, su primer libro publicado y premiado, y de Los Cachorros, en ambos, mis carencias literarias me impidieron encontrar al mismo autor y su evidente calidad.
El compromiso con la libertad de Mario frente a las dictaduras, “siempre he combatido el autoritarismo, de izquierdas y de derechas", y al nacionalismo "plaga incurable del mundo moderno", lo hacen hoy referencia inexcusable en la literatura comprometida, que no necesariamente debe estar en la izquierda.
Si una persona se acercase a nosotros para pedirnos 22 millones de euros cada hora, repito, cada hora de las 24 horas al día, incluyendo sábados y domingos, sin garantías para devolvérnoslo, ¿le prestaríamos el dinero? Probablemente no, y si lo hacíamos sería con condiciones.
Pues bien, esas condiciones, esas garantías ante nuestro deudor, que nosotros prudentemente le exigiríamos, son las que establecen quienes nos prestan a nosotros a través de lo que se llama “prima de riesgo”, que es un pequeño seguro contra la morosidad, y esta sube o baja diariamente en función de si las decisiones del potencial moroso garantizan la devolución del préstamo o no.
España está en esa situación, y además de pedir prestado durante 2011 cada hora 22 millones su comportamiento ha sido negligente, derrochador y faltón con quién nos presta diariamente lo que necesitamos para comer.
El mercado es sentido común, ni más ni menos, puro sentido común, el mismo que todos empleamos diariamente. Conformado por millones de decisiones individuales que actúan, como previno Adam Smith, como “la mano invisible”, que, por cierto, no tiene que ver con la no intervención gubernamental, de la cual el economista escocés era acertada y moderadamente partidario.
¿Es el mercado quién nos gobierna? Parcialmente sí. El mercado solo puede gobernar al irresponsablemente endeudado.
El mercado solo gobierna a quién se deja gobernar, a quién, por desconocimiento o desidia, no sabe administrarse.
Preferiría escribir otro artículo, pero como economista oxidado me siento en la obligación de analizar las perspectivas del nuevo año y, como no quiero ser agorero, en lugar de dar mi opinión, simplemente ofreceré la formulación que se utiliza para los pronósticos de renta y cada lector que saque su propia conclusión.
En este modelo rudimentario para analizar la renta (Y), observaremos la producción, ya que todo lo producido, fabricado o servido, al final acaba siendo renta salarial, empresarial o de alquiler.
Esta renta (Y) o producción nacional tendría cuatro elementos; el consumo (C), la inversión (I), el gasto público (G) y las exportaciones netas (X-M), lo que supone que Y=C+I+G+(X-M).
Observando estos cuatro componentes vemos que solo uno, el último, las exportaciones netas, (X-M), puede tener un comportamiento futuro positivo, ya que no depende de nosotros sino de la creciente renta exterior, que hará que la venta de nuestros productos fuera de España (X) crezca y que nuestras importaciones (M) lo hagan en menor medida producto de la escasa capacidad económica del consumo interno.
El consumo (C), se mantendrá en niveles bajísimos ya que depende básicamente del nivel de riqueza personal y de la renta presente o futura. Ambas andan por el suelo, los españoles se sienten pobres, en el último año la bolsa ha caído un 17% mientras la de Méjico o Alemania crecía un 18%, nuestras viviendas han perdido un 20% de su valor y las expectativas del consumidor son muy negativas en un 75% de los casos.
Jueves, 31 de mayo
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina