Fue mi primer maratón y valió la pena, llegué el 1.058, pero llegué, mi objetivo era sobrevivir y lo hice. En entrenamientos había llegado a los 30 kilómetros y, por tanto, correr 42 es siempre un riesgo en el que nunca sabes lo que te vas a encontrar.
Felizmente no tropecé con el famoso muro que aparece en el kilómetro 30 pero sí con una creciente rampa a partir del 32 que devino en verdadera pared entre el 38 y 42.
Tuve la fortuna de ir en buena compañía hasta más allá de los treinta, amigos de Navajas y Soneja –Javier, Vicente, Pepe y Alvaro- hicieron entretenidas las primeras dos horas y media de carrera, pero tal y como se agotan las fuerzas, unos se quedan atrás y otros se van delante, y por únicas amigas quedan tus zapatillas, con las que te has comer en solitario los kilómetros más largos, los que nunca se acaban.
La maratón de Castellón se consagrará como una de las grandes del calendario nacional por varios motivos.
La importancia de España y su gobierno ha venido a menos hasta el punto de convertirse en completamente insignificante.
Buena prueba de nuestra irrelevancia internacional la dan dos hechos recientes.
El primero, que en Marruecos sus ciudadanos, animados por el su gobierno –allí nada ocurre de otra manera-, organizan manifestaciones contra la prensa libre española y contra el Partido Popular, sí contra la oposición política del país vecino, no pierden el tiempo contra un gobierno irrelevante.
Ante Marruecos, el socialismo gobernante, ha abandonado a los saharauis, en su enésima impostura, y la monarquía alauí, responde a la cobardía de Zapatero anunciando cortes de agua en Ceuta y Melilla y nuevas manifestaciones anexionistas. Roma no paga traidores.
El segundo hecho internacional que prueba la inexistencia gubernamental es la intervención tácita que vivimos. Nos han expropiado la política económica desde la Unión Europea por incapacidad manifiesta de autogestión.
Íbamos a cambiar el mundo, con presidencias planetarias y con alianzas entre civilizaciones reñidas durante milenios y que ZP iba a apañar en una legislatura –lo del Sahara anunció que lo arreglaba en seis meses-, y nos hemos quedado en nada, en meros observadores de cómo otros gestionan nuestros intereses y deciden si el recorte se lo aplican a nuestros padres o a nuestros hijos.
Pero nuestra insignificancia internacional es solo el reflejo tardío de la incoherencia y la inoperancia interior.
España vive en estado de alarma, tras 32 años de Constitución Española, el gobierno ha hecho uso de esta excepción que permite limitar la circulación de personas, requisar temporalmente bienes y otras medidas extraordinarias.
Para eso esta el artículo 116 de nuestra dañada Constitución, para utilizarlo justificadamente -cosa más que dudosa en la ampliación-, una pena que hasta llegar a ese precepto, el gobierno que dirige Rubalcaba, no haya reparado en la existencia de muchos otros que se han vulnerado sistemáticamente en estas dos legislaturas.
Una lástima también, que el ejecutivo socialista eche mano de nuestra norma máxima solo cuando estamos con el agua al cuello, y hasta entonces busque formulas para “sortear” las sentencias del Tribunal Constitucional que le recuerdan cuan lejos de su texto se han situado en este tiempo.
Algo falla, cuando quien pide respeto a la Constitución suele ser la oposición política y no el gobierno, algo no va bien cuando quien recurre ante el Tribunal Constitucional pidiendo respecto a Carta Magna es el Partido Popular y no el ejecutivo.
Solo la más conocida de las sentencias a recursos de inconstitucionalidad de la oposición, la referida al Estatut, declaraba que quince de sus artículos estaban fuera de la Constitución y otros 35 debían ser reinterpretados.
Cualquier resultado electoral se presta a múltiples interpretaciones, creo humildemente que al menos se extraen cinco consecuencias de las elecciones catalanas:
1. Se asienta una elevada abstención, y un creciente desinterés.
Al 40% de abstención hay que agregar un 4% de aquellos que han ido votar en blanco o nulo, lo que suma 2.210.000 catalanes, casi el doble de los 1.198.000 que votó por CIU.
2. Hay una progresiva atomización de la representación política en Cataluña.
Mientras en el conjunto nacional los dos principales partidos PSOE y PP suman el 84% de los votos, en la comunidad catalana alcanzan el 57%.
Hay tantos grupos parlamentarios allí como en el Congreso de los Diputados, que representa a una población seis veces superior.
Siempre tuve la fundada sospecha pero, ahora, tengo la certeza: Sísifo era del PSOE.
Forzado a repetir interminablemente una tarea inútil, Sísifo tenía que empujar una roca colina arriba hasta que esta caía ladera abajo para nuevamente realizar la misma tarea.
Sísifo fu condenado, como Rodríguez Zapatero, por creerse más listo que los dioses. Aquél engañó a Plutón para regresar del infierno al mundo de los vivos, y este hizo lo propio con funcionarios, jubilados, madres y personas dependientes, a quienes prometió un mundo feliz justo antes de perpetrar el mayor recorte social de nuestra historia.
El socialismo español también repite miméticamente su fatal comportamiento, pone a las pensiones en riesgo, el desempleo supera el 20%, deuda estratosférica, impuestos subiendo por las nubes, Rubalcaba de portavoz y debilidad política interior y exterior.
El gobierno acaba de confirmar que ha llegado el déficit a la Seguridad Social, y que ya no habrá aportación a la hucha de las pensiones creada por Aznar en 1997.
Jueves, 31 de mayo
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina