La siembra del odio a lo común ha cosechado un nuevo éxito; el Parlamento Catalán, o mejor, 68 de los 125 diputados autonómicos catalanes han decidido ignorar su historia, renunciando a una tradición catalana de más de cinco siglos y que llegó a contar con tres plazas de toros abiertas en la ciudad de Barcelona, para prohibir los toros.
Es una lesión más que socialistas y nacionalistas se autoinfligen en Cataluña, piensan que así perjudican al resto de España pero el daño solo se lo hacen a sus vecinos, a los cien mil catalanes que asistían a las corridas, y los siete millones que tenía derecho a hacerlo, lo cual para mí, como patriota, no es menos doloroso.
De la misma manera que no habrá toros, pronto dejarán de verse películas en castellano en los cines, como respuesta de las productoras a la imposición política de cuotas lingüísticas, ya no se elije lengua en los colegios, con el consiguiente aumento del fracaso escolar entre los castellanohablantes, se sanciona por no rotular en catalán y a los niños de las escuelas de verano dependientes del gobierno de Montilla se les prohíbe ver a la selección nacional.
Cataluña pierde libertades, Cataluña se empobrece.
En 2009, cuando el Estatut se ejecutó sin límite constitucional, esta autonomía fue la 13 de las 17 de España en crecimiento de renta.
Cada nueva barrera, comercial, lingüística o cultural, como es el caso taurino, supone un empobrecimiento moral, pero también económico, que es más fácilmente cuantificable.
La pregunta no tiene respuesta única, sus militantes tampoco lo saben, y dependerá del territorio o sensibilidad del socialista al que se le pregunte para obtener una respuesta distinta, y cada vez más distante.
Que la mayoría de socialistas catalanes está a favor de un referéndum por de la independencia de su autonomía ya no es una sospecha sino un dato demoscópico, y que este, es un viraje reciente también es otro dato.
Si sobre a dónde van los socialistas pueden hacerse quinielas múltiples, en lo que no debiera existir discrepancias es sobre de donde vienen, y que ese origen, el de toda la izquierda nacional, es profundamente español.
El socialismo, durante la II República, periodo tan añorado por Rodríguez Zapatero como, al parecer, ignorado, escribía en el editorial de su publicación orgánica:
“Al proletariado catalán le tienen sin cuidado la autonomía, la independencia y todas esas garambainas que hoy esgrime la burguesía con una picardía capitalista admirable. Para los trabajadores catalanes, como para los trabajadores de todo el mundo, lo esencial no es crear nuevas fronteras, sino borrar las existentes” El Socialista (7/7/1931).
A finales de ese mismo año un nuevo editorial de El Socialista sentenciaba: “Todos los nacionalismos son reaccionarios, aunque se disfracen de un ropaje liberal y democrático. Y no solo son reaccionarios, son al mismo tiempo perturbadores”.
Ver la bandera catalana en Madrid, llevada por jugadores de la selección nacional, manifiesta la verdadera naturaleza plural de nuestro de país.
La selección nacional nos ha demostrado a todos que unidos se llega más lejos, sin distinción de territorios, sin la quiebra de nuestros vínculos, somos capaces de llegar a lo más alto, y hemos llegado, al menos en lo deportivo.
Y si España puede ser así, ¿por qué manifestaciones independentistas, con agresiones, en Cataluña? ¿Por qué en Pamplona se apuñala a un joven vestido con la camiseta de España? ¿Por qué los separatistas vascos cortan la luz en Baracaldo para que no se pueda ver el partido de la final?
No tiene una única respuesta, pero el nacionalismo tan solo se puede “conllevar” como decía Ortega y Gasset, si cedes lo haces crecer.
Es un error monumental, el de Montilla y Zapatero, que ahora estudian como desacatar la sentencia del Tribunal Constitucional, intentar complacer al nacionalismo que es por naturaleza insaciable, y persigue siempre, a través de la exaltación de la diferencia, real o inventada, conseguir crear un Estado homogéneo poblado de adeptos a su causa.
De la manifestación del pasado sábado, lo importante no es si hubo un millón de personas o 56.000, como afirma la agencia EFE, lo decisivo, es, que un acto de estética y gritos separatistas, estuviese encabezado por los socialistas que gobiernan España, son estas actitudes las han favorecido el crecimiento del independentismo en Cataluña.
Este sentimiento separatista es relativamente nuevo, y puede parecer milagroso, pero una ideología inventada hace solo cien años puede pasar de inexistente a hegemónica si no se la combate ideológicamente.
Decía Sabino Arana, fundador del PNV, e inventor de la Ikurriña, “Cataluña es, pues, española por su origen, por su naturaleza política, por su raza, por su lengua, por su carácter, por sus costumbres. Si hay diferencias antropológicas, de carácter y de costumbres entre los catalanes y los demás españoles, no son mayores diferencias que las existen entre los hijos de unos mismos padres.”
Hablamos de crisis económica nacional y hay gran motivo para ello, sin embargo la crisis institucional y territorial que afecta a España es más grave que la económica y tiene más compleja solución.
En 1996 la situación económica era incluso peor que la actual en algunos extremos y con un gobierno popular se resolvió en solo dos años, el agravante actual es Rodríguez Zapatero, pero en uno o dos años de gobierno de Mariano Rajoy retomaríamos el vuelo.
La tasa de parados entonces, en 1996 año de la primera victoria popular, era del 21%, ahora lo es del 20%, la deuda pública era superior aunque ahora crece a un ritmo extraordinario y no hay manera de controlarla.
De los 27 países de la UE, junto a España, tan solo, Irlanda, Grecia y Rumania han recortado el sueldo a sus empelados públicos.
Ellos pagan los errores de un ejecutivo socialista que ha permitido que solo en los dos años de la presente legislatura el empleo público crezca en 215.200 mientras el número de parados lo hacía en 2.438.500. En este mismo tiempo nuestros vecinos han reducido 100.000 empleos públicos en Francia y 73.000 en Portugal.
Por ello el PSOE ha sufrido ya su primera huelga en la Función Pública y ahora se anuncia una General aplazada, con la gran diferencia de que el Partido Popular no se suma a ninguna de ellas, aunque tengan razón los trabajadores, parar un país no resuelve el problema, a pesar de que los socialistas fueron los auténticos organizadores de la que se hizo al gobierno popular en 2002, en plena Presidencia Española de la Unión y en el día anterior a la reunión de presidentes de Sevilla.
Las medidas de bajada salarial a los empleados públicos, y de congelación de las pensiones, para ahorrar 8.000 millones de euros eran algo evitable, con no haber adoptado cualquiera las tres decisiones -dos planes E y deducción de los 400€- que suman 19.000 millones y a las que mostramos nuestra oposición, era suficiente.
Jueves, 31 de mayo
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina