Los presidentes británico y francés, David Cámeron y Sarkozy han rendido homenaje a Winston Churchill y Charles De Gaulle, en el 70 aniversario, del mensaje radiofónico de este último desde Gran Bretaña animando a la rebelión de Francia, que ese mismo día, 17 de junio de de 1940, capitulaba ante Hitler.
Ambos merecen el homenaje, Winston Churchill fue un primer ministro de carácter y se supo enfrentar con valentía al gran desafío de la ll Guerra Mundial.
El extraordinario Charles De Gaulle actuó con la altivez y arrogancia propia de quién necesita rellenar de orgullo una patria vacía de autoestima y ocupada por el poderoso ejercito nazi.
El tributo a ambos es merecido, pero tan presente como el inicio de la resistencia francesa frente a la ocupación debe estar en nuestra memoria el final, con la entrada de las tropas aliadas en París y los 225.000 soldados anónimos que se dejaron la vida en ello.
Me parece deseable la recuperación de nuestra memoria histórica, dudoso que tenga que ser impuesta por ley e inconveniente que esta sea parcial.
He visto algunos de los quince videos que artistas españoles han realizado sobre la Guerra Civil, me parecen reveladores de la crueldad y la barbarie que se dio en aquel periodo.
Son quince historias que merecen ser contadas y recordadas, como también lo podrían ser otras tantas, en los mismos días y a la misma hora de víctimas inocentes del otro bando.
Otra oportunidad perdida, el olvido de unos desmerece a los otros, antes y ahora.
El estudioso comandante, hijo de militar republicano, que me entregó el expediente judicial en el que, en 1941 se absolvía a Juan Barrachina Gómez, uno de mis dos abuelos, ambos militares republicanos, me dijo que la única diferencia entre el análisis de las crueldades de uno y otro bando residía en que en uno se solía dejar constancia escrita, a veces macabra, pero con precisión militar de lo ocurrido, mientras que en el otro bando, la anarquía reinante limitaba mucho más este trabajo. Desconozco la precisión científica de afirmación, pero establece un paralelismo que los de la ceja desconocen una y otra vez.
Lejos, muy lejos, queda la afirmación de la insigne estadista Leire Pajín, cuando con motivo de la conjunción de Obama, como presidente de EEUU, y de Rodríguez Zapatero como de la presidente de turno de la Unión Europea, afirmó solemnemente que se iba a producir un “acontecimiento de interés planetario”, que luego rebajó a “mundial” con la humildad que caracteriza a la de los tres sueldos.
Ya hemos despertado de aquel ensoberbecimiento sueño progresista, que llevó a Zapatero a calificar de “fracasada” a la presidenta alemana Angela Merkel, que ahora le ordena las medidas, y a ponerse como ejemplo mundial de crecimiento económico.
Y, desgraciadamente, ese despertar ha sido con un jarro de agua fría para nuestros mayores y empleados públicos.
Hoy, cuando nominalmente aún presidimos la Unión Europea, España es un país intervenido por nuestros presididos.
Los teóricos subordinados nos imponen las políticas, nos examinan de los resultados, nos suspenden y, como los malos estudiantes, nos pasaremos el verano haciendo los deberes que no quisimos hacer en seis años.
El gobierno de España es incapaz de autogestionarse, en 2009 gastó casi el doble de lo que ingresó, 205.000 millones de gasto y solo 105.000 de ingresos, este año vamos ligeramente peor. De cada 2 de nuestras pesetas de gasto público central una es prestada por la Unión.
Aunque todo el mundo hable solo una crisis, la económica, España sufre al menos tres, ya que junto a aquella hay otras dos; la territorial y la institucional.
La crisis económica nacional, agravada por la situación mundial, es el producto de la desidia gubernamental, que hace que llevemos seis años sin adoptar ninguna medida modernizadora, y la innecesaria elevación del gasto público de los dos últimos años.
Así, al reformismo económico del periodo 1996-2004 en el que incluso las últimas medidas de 2002 fueron contestadas con una huelga general, sobrevino el inmovilismo socialista, que con la justificación de un presunto diálogo social, ha paralizado la economía de la nación.
A esa etapa de indolencia económica de 2004-2008 sucedió la del derroche del gasto público, planes E, deducción de los 400 euros,…, como errónea salida keynesiana –de elevación del gasto público- a la crisis.
Jueves, 31 de mayo
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina