Con el socialismo crecen las desigualdades y aumenta la pobreza.
Es generalizada la creencia de que con gobiernos liberales aumenta la riqueza y con los socialdemócratas se redistribuye esta mejor. Solo es cierta la primera parte de la afirmación.
Con gobiernos menos intervencionistas y que respetan más la libertad y la iniciativa privada, crece más la renta nacional y se redistribuye mejor.
Contrariamente a lo extendido por los voceros socialistas en España, según puede verificarse en las estadísticas de Eurostat, regentadas hoy por el escasamente sospechoso Joaquín Almunia, en nuestra nación las desigualdades solo se han reducido en la etapa de gobierno popular con Mariano Rajoy de ministro y vicepresidente de los gobiernos de Aznar, y se incrementaron tanto en la época de Felipe González, como alarmantemente en la actualidad.
El índice de desigualdad en la distribución de renta, que mide cuantas veces más tiene el 20% de las personas más ricas de un país sobre el 20% más pobre, bajó del 6 de 1996 al 5.1 en 2004, mientras en la Unión Europea permaneció estable la desigualdad. España con 5 millones nuevos de empleos vivió el periodo de mayor reucción de los indices de pobreza y desigualdad, a la vez que también las clases medias y altas vieron crecer su renta.
Con el socialismo de nuevo en el gobierno hasta 2007 ya habíamos crecido desde el heredado 5.1 hasta el 5.4 y en la actualidad, aunque los datos no son oficiales todavía, estaremos nuevamente acercándonos al 6, o lo que es igual que el 20% más pobre tiene 6 veces menos renta que el 20% más rico.
Con medalla o sin ella Natalia Rodríguez fue quién ganó el mundial de Berlín, que como bien es sabido consiste en llegar primero a la meta, y Natalia lo hizo con holgura.
La descalificación de Natalia y la consiguiente perdida de de la medalla de oro en los 1500 metros por decisión de los jueces, es excesiva y no lo hubiesen hecho con Estados Unidos. Ha sido sencillamente un hurto.
Desde el lugar en el que Natalia veía la carrera, y que se puede observar en el vídeo, había hueco y lo intentó. Gelete Burka cuando notó la presencia optó por cerrarse, cosa lógica, y se produjo la desgraciada caída, que no habría tenido lugar al principio de la carrera, con más fuerzas, ni con otra corredora de más peso.
Espectacular. Marta Domínguez, la nueva campeona del mundo de tres mil metros obstáculos, desplazó por un día al abusivo futbol de todos los informativos y las primeras páginas de los periódicos.
Lo merece Marta, y lo merece el atletismo femenino español. La palentina, a punto de cumplir 34 años, mostró a nuestros amodorrados jóvenes, practicantes en su mayoría de sofá y Play Station, que una puede caerse en las olimpiadas de Pekín, cuando acariciaba una medalla, y volver a levantarse para ser la más rápida del mundo un año más tarde.
El perfilado cuerpo de Marta, distinto del que muestra en los croses invernales, representa la renuncia, el sacrificio y la entrega, de ella y de tantos otros atletas que, en el anonimato, se entregan sin descanso hasta en catorce sesiones semanales.
Ojala sirva este triunfo para que exista una mayor sensibilidad con nuestros deportes minoritarios, y que quienes ahora nos representan en el mundial de atletismo de Berlín, Ruth Beitia, Natalia Rodríguez, Nuria Fernández, Iris Fuentes-Pila, Chema Martínez y tantos otros, no sean perfectos desconocidos para el público en general.
Las costuras que unen España están cada día más deshilachadas, las distintas partes de nuestra histórica nación cada vez más desencajadas.
Nuevas barreras artificiales se levantan entre las comunidades autónomas para hacer más difícil la convivencia.
Las medievales fronteras comerciales renacen, a quién rotula o etiqueta en la lengua común, en la oficial del Estado, lo sancionan.
La comunidad autónoma de Cataluña se rige por un Estatuto claramente inconstitucional y el Tribunal que debe enjuiciarlo lleva tres años de cómplice y bochornoso silencio.
Vivimos en una indolencia judicial por parte del Tribunal Constitucional que permite al ilegal Estatut seguir su implacable proceso secesionista.
La denuncia popular del “España se rompe”, es hoy una realidad, de hecho lingüística y comercialmente ya está rota. Durante la aprobación de la Ley de Educación Catalana, a propuesta del gobierno socialista-separatista, el diputado de ERC que la defendió afirmó que el objetivo era “construir el estado catalán”.
Cuando la resolución judicial del pasado lunes archivó la causa contra Francisco Camps, Ricardo Costa y Víctor Campos, dando la razón a la postura mantenida por el Partido Popular, Mariano Rajoy, tenía tantas cosas que decir, tanta intoxicación que depurar, tantas portadas que refutar, que le asaltó la feliz duda de por donde comenzar.
En mi caso basta con reproducir lo que escribí en este mismo medio hace exactamente tres meses, refererido a los procesos judiciales contra dirigentes populares que: “La constante feliz a todos los casos es que, tras el fragor mediático, la responsabilidad judicial no existe. ¿Alguien apuesta a que ninguno de los que hoy está siendo públicamente fustigado resulta condenado?, yo me jugaría algo a que hay mucho ruido y ninguna nuez.”
Bueno pues gané la apuesta, y hoy me la cobro dándole publicidad.
Jueves, 16 de febrero
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla
Pedro Rizo