Hoy los etarras en nuestras cárceles tienen un trato privilegiado.
Así pudo apreciarlo la opinión pública cuando el criminal De Juana Chaos, en teórica prisión, por asesinar a 25 inocentes, dormía y se duchaba junto a su novia, y así ocurre, diariamente, en los centros penitenciarios españoles.
Sólo con un trato de favor se puede justificar que el etarra Juan Carlos Iglesias Chouzas, alias Gadafi, fuese el pasado 3 de junio trasladado a loa cárcel de Picassent, y allí, junto a su mujer, la terrorista Nagore Múgica también terrorista, y su hija, en sólo dos días, el 24 y 25 de junio, disfrutara de una salida a la piscina, degustara una paella valenciana y asistiera a un curso de taichí.
A pesar de que el Reglamento Penitenciario, 190/1996, estipula que los miembros de ETA no deben coincidir entre ellos en sus desplazamientos en el interior del penal, Gadafi asistió también a una representación teatral en el salón de actos, donde coincidió con varios internos de la banda.
Tambien contrario a las normas fue que en la paella participaran otras parejas etarras como Alaitz Iturrioz e Ibon Urrestarazu y Cristina Gete y Jesús María Lombide, que formaron parte de la jornada gastronómica.
Los criminales de ETA son los únicos que no padecen el hacinamiento penitenciario, ya que gozan de celda individual independientemente de que en algunas prisiones como la de Castellón lleguen a haber “comunas” de hasta ocho presos.
Lo de De Juana es solo la pequeña parte conocida de la ventajosa realidad penitenciaria de quienes son criminales organizados y no arrepentidos.
Jueves, 31 de mayo
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina