Si en un país en el que se bate record en número de parados, tipos de interés y crecimiento de los precios, su presidente está entregado a la negación de la evidencia y a los golpes de efecto mediáticos, es obvio que la estética, la imagen, se ha impuesto sobre los contenidos, sobre la eficacia en la gestión.
Ayer en el Congreso de los Diputados se convalidó el decreto que restituye parcialmente, y sólo hacia el norte socialista, el trasvase del Ebro. La vía del decreto es la misma que se utilizó para paralizar las obras del gran acuerdo alcanzado en el Consejo Nacional del Agua y que cristalizó en la ley del Plan Hidrológico Nacional.
Lo llamativo es que Zapatero derogó un trasvase a seis provincias necesitadas, y lo que ahora se repone es “una aportación puntual de agua” sólo para una de ellas, Barcelona, que lo merece sin duda tanto como las otras cinco.
Para el presidente socialista no importa los cuatro años perdidos, ni la legislatura concluida con miles de hectómetros cúbicos de agua desaprovechados, sino la operación cosmética de cambiarle el nombre a las cosas para ocultar la situación real.
La banda criminal ETA acaba de atentar contra la sede del PSE de Elgoibar, y ya van seis ataques contra los socialistas desde la ruptura de la tregua en junio del 2007.
El más doloroso el que le costó la vida a Isaías Carrasco a dos días de las pasadas elecciones.
Esta sede guipuzcoana de Elgoibar ha padecido ya numerosos atentados y felizmente sigue abierta.
Todos los demócratas, en este tiempo de recrudecimiento criminal y hostigamiento al PSE, estamos junto a ellos, han de saber que la inmensa mayoría de los vascos les secunda y deben notar la presencia de los 44 millones de españoles a su lado.
En esta nueva legislatura la Comunidad Valenciana va a seguir habitando en la marginación. Las primeras decisiones de Rodríguez Zapatero así lo indican, la restitución parcial del derogado trasvase del Ebro sólo hacia el norte indica la “idea de España” que tiene el presidente socialista.
Durante el debate de investidura de esta lX legislatura tuvimos que aguantar el giro puramente estético de Zapatero proponiendo su “idea de España”. Ya la conocíamos y la hemos vuelto a sufrir con sus primeras decisiones.
El gran acuerdo alcanzado por más del 80% de los miembros del Consejo Nacional del Agua, tras una década de estudios iniciados por el gobierno González, y plasmado en la ley del Plan Hidrológico Nacional fue destruido por la vía del decreto, y ahora otro decreto ley, repondrá el agua pero sólo para las autonomías que votan PSOE.
Lo ha dicho Mariano Rajoy con meridiana claridad, tras anunciar Soraya Sáenz de Santamaría que la primera interpelación del Grupo Popular al gobierno será sobre el agua, “estoy a favor de que se lleve agua a Barcelona, porque es lo que llevo diciendo desde hace ocho años. Estoy a favor de que se hagan las obras de Aragón, y estoy a favor de que se traiga aquí –la Comunidad Valenciana-, a Murcia, Almería y al resto de España y es lo que llevo diciendo durante ocho años, lo mismo.”
El trasvase a Barcelona no se llamará trasvase, sino “aportación puntual de agua”, con la misma facilidad con la que a la negociación con los asesinos le llamaron “proceso de paz”. ¿Quién puede estar en contra de la paz o de una aportación puntual de agua? Nadie, es cuestión de manipular en lenguaje para convertir lo malo en bueno o viceversa.
Pero si al final lo del agua era una cuestión terminológica, que hubiesen empezado por ahí y en lugar de haber derogado los trasvases que les hubiesen cambiando el nombre y hoy Barcelona dispondría del agua que reclama, merece y el propio PSOE sacó del Plan Hidrológico Nacional.
Hay un lugar común entre socialistas y nacionalistas, ambos reducen nuestras libertades para que la sociedad se ajuste a sus caprichos totalitarios.
Los gobiernos social-nacionalistas en Baleares, Galicia y Cataluña están dando nuevas vueltas de tuerca a la represión lingüística.
El director del colegio público Mestre Guillemet de en Santa Eugènia en Mallorca, un pájaro llamado Miquel Coll, hace que los niños cambien su lengua materna por la catalana incluso en el tiempo de recreo.
Si algo ha quedado claro en este debate de investidura es que ya no hay trasvase que derogar, tropas que retirar, leyes educativas que anular, ni herencia que malgastar.
Rodríguez Zapatero es ahora sucesor de sí mismo y se enfrenta a sus propias carencias.
Ya no puede gobernar contra el Partido Popular, ahora cada vez que sus medidas perjudiquen al conjunto de los españoles ya podrá responsabilizar más que a sus ministros de sus evidentes fracasos económicos, hídricos, judiciales, territoriales o inmigratorios.
Hoy, cuatro años después, mientras los agricultores del Sur y de Levante siguen mirando al cielo esperando la lluvia, Zapatero ya no tiene trasvase que derogar, sino sequía que atender, y son los socialistas catalanes, que jalearon la paralización de las obras ya iniciadas del trasvase del Ebro, quienes ahora lo demandan de su afluente el Segre que también se contemplaba en el Plan Hidrológico Nacional.
Acabo de jurar por segunda vez como diputado nacional en un contexto bien distinto al de hace cuatro años, tanto en la forma como en el fondo.
La escena parlamentaria ha cambiado mucho más de lo que parece, y no sólo, aunque también, el que que encarna Soraya.
Es la primera vez, en nueve legislaturas, que un presidente del Congreso de los Diputados resulta elegido en segunda vuelta y sin mayoría absoluta, y donde que el principal grupo de oposición bate record representativo sumando 154 escaños.
Esta cifra de 154 diputados está más próxima a la de un grupo de gobierno –la primera victoria popular en 1996 fue con 156 escaños- que de oposición y refleja el crecimiento en 515.000 votos obtenido por Mariano Rajoy.
Viernes, 1 de junio
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina