“Un musulmán no tiene más nacionalidad que su fe”Sayyid Qutb
He tenido la oportunidad de visitar Berlín invitado por la Fundación Konrad Adenauer y compartir con algunos responsables políticos las preocupaciones de sus ciudadanos, entre ellas la de la inmigración.
Hay en Berlín 300.000 musulmanes en su mayoría turcos de origen, y sorprende que siendo todos ellos alemanes, en algunos casos de cuarta generación, muchos de sus miembros no hablen alemán y no manifiesten ninguna intención de integrarse en la nación que los acoge.
La llegada de inmigrantes ha sido, y es, muy beneficiosa para España. Los recién llegados han ocupado los empleos que muchos nacionales evitaban, posibilitando en gran medida el renacimiento económico que hemos vivido en la última década.
La preocupación alemana, que también se extiende a Francia y a algunos otros países, no tiene lugar en España y ello es básicamente por dos motivos. Primero, aquí se han generado casi seis millones de empleos desde el cambio de gobierno en 1996. Y segundo, la composición de la inmigración en España es radicalmente distinta de la argelina o turca de Francia o Alemania.
Los rumanos, que en mi tierra castellonense son mayoría, hablan una lengua latina, profesan religión cristiana y sus costumbres se confundirán con las nuestras con el paso de sólo unos años. Los inmigrantes iberoamericanos además de hablar español tienen nuestros nombres y apellidos.
Por tanto, la única dificultad de integración, que todos hemos de tratar de evitar, puede darse, como ocurre en el resto de Europa, con algunos colectivos de musulmanes cuya religión, lengua, posición de la mujer y otras costumbres -estéticas, gastronómicas, etc.- están más alejadas de las nuestras.
“Un musulmán no tiene más nacionalidad que su fe” afirmaba el lider fundamentalista egipcio Sayyid Qutb en 1966, y esta aseveración parece confirmarse hoy entre los musulmanes españoles.
Así una encuesta realizada recientemente por Pew Global entre inmigrantes que viven en nuestra tierra, ante la pregunta sobre qué se consideraba primero si ciudadano de su país –ahora España- o musulmán, sólo el 3% respondía la primera opción y el 69% se consideraba primero musulmán.
Una proporción aún mayor que la de Alemania donde al menos un 13% de los musulmanes se considera antes ciudadano de su país.
La encuesta cambia drásticamente cuando el inmigrante residente en España es de cultura cristiana, donde el 60% dice sentirse primero ciudadano de su nuevo país y sólo un 14% antes cristiano que español.
Que este fenómeno, advertido por las encuestas, no se torne en una preocuapción que dificulte una armónica convivencia es cometido de todos, y muy especialmente de los dirigentes. .
Sábado, 18 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel