En los últimos años han proliferado conferencias, debates y mesas redondas sobre la responsabilidad social de las empresas, originado generalmente desde ONGs y asociaciones, en muchos casos, de ideologías próximas al socialismo.
Este concepto se está desvirtuando y se ha convertido ocasionalmente en refugio de ideologías socialdemócratas y neomarxistas, que tras la práctica desaparición del socialismo real con la caída del muro de Berlín, andan huérfanos de modelo económico y tratan, con escaso éxito, de adulterar e incluso deslegitimar la existencia de la empresa y la de economía de mercado.
Tratar de sustituir la economía de mercado por un planteamiento exclusivamente social, deslegitimando a las sociedades capitalistas, es volver a caer en el error de la economía planificada –de cuya pobreza algunos países aun no han salido-. La RSC no debe convertirse en la guarida de ideologías derrotadas mil veces en la batalla de la realidad.
Las empresas siempre han tenido presencia en actividades distintas a las de su objeto social, que hoy se corresponderían con la RSE, como patrocinios, mecenazgos, fundaciones, etc., buscando en la mayoría de los casos un rendimiento publicitario. ¿Por qué ahora ha hecho fortuna esta acuñación de Responsabilidad Social Corporativa?
La preocupación por la RSE nace en un país cuando se alcanza un nivel de prosperidad que permite cumplir con holgura las exigencias normativas y plantearse objetivos que las superen. Dicho nivel se alcanzó en España en las dos pasadas legislaturas, de modo que es a partir de entonces cuando comienza a plantearse aquí el debate sobre los compromisos sociales de la empresa.
En 1996, la preocupación por el empleo en España se reducía sólo a la cantidad de puestos de trabajo. Con el espectacular crecimiento económico logrado en la época popular, la preocupación se ha desplazado a la calidad en el empleo (estabilidad, siniestralidad, igualdad salarial) y a garantizar el acceso de colectivos marginados o desfavorecidos.
Así, en las dos legislaturas del gobierno popular, en las que se generaron más de cinco millones de empleos y se crearon medio millón de empresas, se facilitó que en éstas se incorporasen colectivos para quienes el trabajo es algo más que una simple ocupación, es el vehículo para su integración social.
Todas las empresas que respetan la ley, son socialmente responsables por generar empleo, riqueza, y proveer al Estado de tributos suficientes para desarrollar sus políticas públicas. El debate sería por tanto para graduar dicha responsabilidad pero no para tachar de irresponsables a aquellas que cumplen su fin social. De no ser así estaremos arruinando el interesante debate de la RSE en España.
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Avelino Vallina
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Cesar Sinde
Toni García Arias
José Pómez
Francisco Rubiales