La Vicepresidenta de Rodríguez Zapatero, que nunca ha repetido traje en el Congreso, y ya llevamos más de dos años, se está construyendo, según revela la combativa revista Epoca, una casita de 505 metros con una parcelilla adicional de 940 metros y 7.000 metros más que compartirá con dos vecinos, todo en el exclusivo lugar de La Granja de San Ildefonso.
En España ser pijo es un respetable derecho, y a mi me parece bien que María Teresa Fernández de la Vega gaste su dinero en lo que quiera, pero esta forma de vida se compadece mal con dos de la medidas que este gobierno ha puesto en marcha:
El Código de Buen Gobierno establece la “austeridad en el uso del poder (evitarán toda manifestación externa inapropiada u ostentosa que pueda menoscabar la dignidad con que ha de ejercerse el cargo público)”.
Si es o no ostentoso, exhibir más de cien trajes distintos en un escaso periodo de tiempo no me corresponde juzgarlo a mi.
Tampoco se explica fácilmente que la medida estrella del ministerio de la señora Apretujillo sea favorecer la construcción de “Viviendas de Protección Oficial de 25 o 30 metros cuadrados con servicios comunes a un precio reducido”inuación se agregó, para compensar, que estas “soluciones habitacionales” podrían tener “techos de hasta cuatro metros de altura”.
Esta propuesta no es ni buena ni mala, como respondía el médico del chiste al anciano que le consultaba sobre su docena de relaciones sexuales diarias, es mentira, que diría el doctor.
El precio de una vivienda con techos de cuatro metros es casi el doble que el de una normal, ya que aunque no lo puedas disfrutar debes pagar todo el espacio que compras. No ha nacido el constructor que en el lugar de dos viviendas, si así se pueden seguir llamando los inventos de la Trujillo, haga una y lo cobre a “un precio reducido”. Serán por tanto viviendas carísimas.
Con esta nueva originalidad constructiva el gobierno de la nación pretendía satisfacer dos demandas, la de aquellos que quieren volar en su vivienda, solamente los españoles alados pueden disfrutar de techos de cuatro metros, y la de los que les gusta hacer pipí por las mañanas mientras son observados por los vecinos que tienen “servicios compartidos”.
Conclusión; la vicepresidenta es libre de hacer con su dinero lo que quiera, pero la próxima vez que nos vayan a vender viviendas de 25 metros, o a proponer códigos de buen gobierno para evitar la ostentación, que se lo piensen dos veces.
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Qué ofendedor, Miguel, que ofendedor...no querrás que te recordemos cómo viven y disfrutan todos los que os dedicais a este mundillo político ¿verdad? y que bromitas más vulgares (apretrujillo, vicepija) podías dejar el ingenio para los genios y dedicarte a lo que dices que haces: ¿ hacer política?
Viernes, 17 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
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