La exigencia de responsabilidades penales a los políticos y dirigentes públicos que, incumpliendo la ley, dañen gravemente a nuestra hacienda, es, además de razonable, consecuencia inevitable de la ligereza con la que se ha venido gobernando.
Es evidente que las responsabilidades políticas, exigibles cada cuatro años con la convocatoria de elecciones, se han mostrado insuficientes cuando la deuda pública nos ha desbordado y la tasa de paro bate récords mundiales.
Cuando el Fondo Monetario Internacional anuncia para España una caída de la renta nacional en 2012 y 2013 del 1.7% y el 0.3% respectivamente, si el gobierno central quiere evitarlo es conveniente que aderece las reformas laboral y financiera con exigencias adicionales sobre la totalidad de gestores públicos.
No es solo la adopción de medidas necesarias, es el cambio completo de mentalidad, que permite por ejemplo, que la Diputación de Castellón, que vive una situación económica mejor que la media de las administraciones, inserte en la totalidad de sus decisiones la austeridad como premisa.
Entre los diversos problemas que tiene España, dos están en la base de nuestras dificultades presentes y futuras; el sobreendeudamiento y la baja productividad.
Respecto del primero, la deuda, que ha hecho que la nuestra sea una Nación intervenida y tutelada internacionalmente, hay motivos fundados para el optimismo, al menos dos recientes.
El jueves el gobierno de Rajoy logró vender el doble de la deuda prevista a un interés un 1.6% inferior, lo cual nos puede dejar indiferentes, pero si tenemos en cuenta que con ese ahorro se paga el AVE Valencia-Castellón completo, la cosa cambia.
Además el mismo ejecutivo nacional anunció que la creación de deuda neta en 2012 por parte del Estado se va a reducir en un 25%, si a ello añadimos las del resto de administraciones, que en el caso de la Diputación de Castellón va a suponer la disminución de deuda en más de 20 millones en 18 meses, la previsión es de solución en el medio plazo.
Las recientes medidas anunciadas de reducción del gasto público son el principio indispensable de un duro camino de reforma global de un país económicamente inviable.
España, sus autonomías y buena parte de los ayuntamientos, han quedado, tras los siete años de socialismo al borde del colapso, hasta la Seguridad Social ha entrado en déficit y por tanto las pensiones futuras vuelven a estar en situación de riesgo.
Para entender la entidad del problema, pondré solo un ejemplo numérico; cuando el gobierno anterior equivoca su déficit y este en lugar de ser del 6%, comprometido con la Unión Europea para que nos financiase, es del 8% del PIB, significa que el agujero anual crece en 20.000 millones de euros, o lo que es igual, en lugar de que el gobierno de Rubalcaba y Chacón gastasen 60.000 millones de euros de más en 2011, se les ha ido la mano en 80.000 millones de euros.
¿Y como corrige Rajoy ese “desliz” adicional heredado de 20.000 millones? Pues reduciendo los gastos en 9.000 millones y aumentando los ingresos –IRPF e IBI- en 6.000 millones, y como verán con ello aun faltan 5.000 millones para cerrar el último agujero zapatero.
Quienes han protestado por la subida impositiva deben saber que esta solo cubre la treceava parte del desajuste de las cuentas de 2011, o que si Rajoy hubiese querido cubrir el agujero fiscal solo subiendo impuestos estos se tenían que haber subido ¡¡¡¡13 veces más!!!.
Superaremos esta crítica situación económica con un cambio radical de nuestra mentalidad marcadamente socialdemócrata, por una distinta, necesariamente más liberal.
Ante la situación imperante en nuestras administraciones, singularmente en la central, de gastar ilimitadamente y de endeudarnos irresponsablemente, debe apostarse por la responsabilidad, el equilibrio presupuestario y la ortodoxia económica.
El modelo actual tiene las consecuencias conocidas de elevación de impuestos, expulsión de la iniciativa privada de los bancos y masivo desempleo, que hemos padecido con las dos etapas de gobierno socialista.
¿Qué supone para las administraciones un modelo más liberal? Tan solo el traslado de las virtudes privadas del ahorro, la austeridad, y el esfuerzo al sector público.
Solo mediante este viraje, del que se están dando los primeros pasos, se logrará que las previsiones, tanto públicas como privadas, de honda recesión, en 2012 y 2013 para España, no tengan lugar.
Da igual que sea el banco Citigroup, la OCDE o Merrill Lynch, todos anuncian estos días que a España nos espera para los dos años próximos una crisis mucho peor que la de de 2008 y 2009, de la que aun no hemos salido, y que si nada cambia en dos años estaremos en los seis millones de parados.
Una cosa es predicar y otra bien distinta dar trigo, y la Diputación Provincial de Castellón va a hacer esto último.
Cuando el principal problema de las administraciones públicas españolas es el sobreendeudamiento y sus consecuencias: retrasos en el pago a proveedores, subidas del tipo de interés, y finalmente elevación de impuestos para hacer frente a las amortizaciones; el ahorro y la austeridad se convierten en virtud principal.
Hay cartas, o correos electrónicos, que te pueden cambiar la vida, para bien o para mal. Nuestra institución recibió una de estas en el mes de julio por parte gobierno central pidiéndonos la devolución de 30.949.000, sí ni más ni menos que 31 millones, a los que hay que añadir una petición previa de 9.591.000 euros en el mismo sentido.
Ciertamente el ejecutivo socialista de Zapatero trataba de empañar durante este verano la buena herencia económica recibida de Carlos Fabra.
Pese a ello, con los nuevos presupuestos para 2012, habremos conseguido un record nacional, al bajar el endeudamiento desde el pasado julio de 139.955.000 euros a 119.685.000, a final de 2012, lo que supone una reducción neta de endeudamiento de más de 20 millones de euros, que se convierte de inmediato en menores intereses futuros y en dinero disponible en el banco para los particulares.
Ayer los españoles demostraron su confianza en la democracia y en otra forma de gestionar el país, el 72% de ellos acudió a votar.
Y sobretodo mostraron su confianza en que hay otra España posible, que el actual gobierno fuese derrotado en 17 de las 17 comunidades autónomas y en 48 de las 50 provincias denota un mayúsculo deseo de cambio.
Especialmente intenso es ese deseo de giro radical cuando Mariano Rajoy ha conseguido la mayoría en 15 de las 17 comunidades autónomas y en 43 provincias, el socialismo ha vencido en menos provincias que CIU, estos en tres y aquellos en dos. Apabullante resultado.
Cuando Rodríguez Zapatero llegó al gobierno, en un alarde de sinceridad, reconoció que era el presidente de España que mejor herencia recibía, ahora él, Rubalcaba, Chacón, Leire Pajín, José Blanco y tantos otros corresponsables políticos, entregan el peor legado imaginable.
Recibieron la caja llena, y ya ni esta llena ni tampoco hay caja. La caja junto con el resto de mobiliario de nuestra hipotecada vivienda nacional se la ha llevado el banco por impago.
He tenido la suerte de conocer a Mariano Rajoy y tengo el más absoluto convencimiento de que será un gran presidente si los españoles le dan la oportunidad el próximo domingo.
Haber estado en el Congreso estas dos legislaturas es un gran honor, pero compartir espacio con aquellos que pronto tendrán la encomienda de arreglar España es, además de un honor, una auténtica fortuna.
A principios de año, allá por el mes de febrero, tras la pregunta a Rodríguez Zapatero de Mariano Rajoy en la sesión de control de los miércoles subí tras este a su despacho en Congreso.
Estuve con Rajoy a solas casi una hora, fue un regalo por su parte, y aunque el motivo de la entrevista era plantearle mi deseo de no continuar en Madrid para ayudar a Javier Moliner en la nueva Diputación, me sirvió para salir plenamente convencido de que España iba a ser una Nación afortunada con su liderazgo.
Me pareció; inteligente, inteligente, inteligente, muy muy largo, que dirían en Segorbe. Una buena persona, de esos pocos que hablan bien de todos, a quién el futuro le depara la mayor de las responsabilidades, evitar el inminente colapso económico de la Nación.
Afortunadamente esta bonhomía, habló tanto de la familia como de política, se complementa con un carácter imperturbable que le permitirá hacer lo que los españoles necesitan y no lo que los grupos de interés, territorial o le piden. Actuará pensando en el largo plazo, y no en el interés político inmediato, como aquellos que aun nos gobiernan a golpe de improvisación y posterior rectificación.
No pretendo ser agorero y nada me gusta menos que dar tan malas noticias pero solo con un diagnóstico realista se alcanzan soluciones curativas.
Pero el legado socialista de desempleo record, gasto público desbocado y pobreza creciente tiene en los ayuntamientos a unos testigos de excepción.
La situación de nuestros municipios, que ya sufren cortes de luz por morosos, impagan a proveedores y retrasan el cobro de nóminas de sus funcionarios, se va a generalizar. Lo peor para todas las administraciones, especialmente locales y autonómica está por llegar.
No hablaré ni de los 4.978.300 desempleados, ni de que tras Grecia seamos la nación más penalizada por la Unión Europea, porque son hechos que se comentan por sí solos.
Solo utilizaré el último dato conocido de la caída de ingresos del Estado, que va a suponer que los ayuntamientos que los tienen como principal nutriente vuelvan a ver encogida su financiación.
Pondré dos ejemplos, las dos entidades locales en las que trabajo.
El ayuntamiento de Segorbe por los errores de cálculo de 2008 y 2009 del ejecutivo de Rubalcaba y Zapatero tiene que devolver 474.775 euros a las arcas del Estado en un momento en el que los ingresos tributarios son casi inexistentes.
Este miércoles se decide si hay o no una quita, una reducción, de de la deuda soberana española y desgraciadamente el gobierno socialista parece asumir ya que será inevitable y que alcanzará el 2%.
Lo de menos es el porcentaje, lo que cuenta es que desde ese mismo momento se nos considera incapaces de gobernarnos, igual que cuando una empresa pide entrar en concurso de acreedores y solicita la tradicional suspensión de pagos privada.
A quién tenga deuda pública, letras o pagarés del Tesoro, que es donde se invierte la tradicional renta fija, no se le podrá devolver lo invertido, y obviamente se sentirá engañado, estafado, y ¿quién se vuelve a fiarse nuevamente de un estafador? Nadie, o mejor dicho algunos sí, pero a un precio mucho más alto.
Rubalcaba y Zapatero ya han abdicado, como en la etapa de González, que se asumió que no entraríamos en el euro y que habría una Europa de dos velocidades, ahora también el ejecutivo socialista se resigna a estar en la tercera división europea.
Nos jugamos una década de crecimiento, no menos tiempo tardará en restablecerse la confianza en nosotros sino devolvemos todos nuestros préstamos.
El hecho de que técnicos en Bruselas hayan planteado, y Rubalcaba y Zapatero asumido, esta quita nos hace un gran daño:
1. Si se reconoce que el gobierno central, titular del 78% del endeudamiento público nacional, no puede devolver su deuda supone que somos un país inviable.
La totalidad de las administraciones españolas deben ser sometidas a profunda revisión, a una cura de adelgazamiento, tras la actual de humildad.
Pudo haberse hecho por convicción, en tiempo de mayor bondad económica, pero quienes desde el Partido Popular y el ámbito académico lo propusieron fueron tachados de centralistas, “antiautonomistas” y reaccionarios, por parte de los mismos inmovilistas que han arruinado el país.
Ahora habrá que hacerlo tardíamente y no por convencimiento sino por necesidad, por el colapso administrativo en el que vivimos.
La pasada semana en este mismo medio escribí “Reinventar la Administración”, afirmando que los gobiernos que conocíamos hace tan solo un año ya no existen y son no solo el pasado, sino la prehistoria.
La revisión a favor de una administración única, con el menor número posible de solapamientos, ya está en marcha y va a afectar a la totalidad de entes públicos.
Afectará a las diputaciones, como a las restantes administraciones, pero no supondrá su desaparición. La única reforma viable es aquella en la que, sin eliminar a nadie, todos presten, con menor gasto, servicios más eficientes. Lo ineficaz no es la institución sino el uso que se haga de ella.
La reforma ya ha comenzado, este mismo año, con dos hechos; la reforma constitucional, que fue propuesta por Mariano Rajoy hace dos años, y que finalmente ha tenido que ser impuesta por el Banco Central Europeo para prohibir el derroche público, y en segundo lugar, por las propuestas de los nuevos gobiernos autonómicos de supresión de organismos, devolución de competencias y drástico recorte del gasto.
Las administraciones debemos reinventarnos, los gobiernos “buenistas”, del sí a todo, ya no existen, no son solo el pasado, son prehistoria.
El modelo administrativo que todos hemos conocido, el de hace solo un año, el “estado del bienestar” de inspiración socialdemócrata, y aspiración subsidiadora, ha fallecido por colapso.
Aquello de ayudas para todos con cargo a deuda, y la concepción del actual gobierno socialista de que “el dinero público no es de nadie” y se puede derrochar ya es história.
Sencillamente ha colapsado por falta de ingresos y exceso de gasto público. Se pudo evitar tan solo respetando las normas de déficit cero de 1997 del gobierno popular, pero desgraciadamente, Rubalcaba y Zapatero, derogaron aquella normativa restrictiva en favor de la barra libre y el sobrenedeudamiento.
Con efecto retroactivo, cinco millones de parados más tarde y tutelados económicamente por la Unión, Manuel Pizarro ganó el debate al entonces vicepresidente Pedro Solbes.
Como en tantas ocasiones, también hace tres años y medio, el socialismo ganó el debate sobre economía y, a continuación, arruinó el país.
Mi admirado Manuel Pizarro dijo la verdad, con toda su crudeza, afirmando premonitoriamente –marzo de 2008- que estaba menguando el crecimiento, el endeudamiento era alto y paro de record y que, de no tomarse medidas, se destruiría más empleo poniéndose en riesgo tanto la recaudación fiscal, como el sistema de pensiones.
Acertó en todo mi brilllante paisano -yo también luzco orígenes en Manzanera, el sur turolense- pues la nuestra es hoy una crisis fiscal, con sobreendeudamiento y desempleo desbocado.
Rajoy, Soraya, Aznar, Montoro y el propio Pizarrovenían haciendo similar análisis desde 2007, y efectivamente ahora estamos en la más honda crisis fiscal, hemos sido amenazados con la intervención y las pensiones ya ha habido que reformarlas para que sean un 20% menores en el futuro.
Sin embargo los españoles prefirieron entonces, 47% frente a 37% según las encuestas, creer a Pedro Solbes cuando afirmó que “me parece que la palabra crisis es un poco prematuro” utilizarla, y destacó que el crecimiento económico español era muy sólido, que atender la sensatez de Pizarro.
Es un mal común, preferir escuchar buenas a malas noticias, aunque aquellas sean falsas y estas ciertas.
En el debate Pizarro-Solbes sucedió como en el de la crisis de 1929, entre Ludwig Von Mises y J.M. Keynes, ganó el segundo pero tenía razón el primero.
En ambos casos se prefirió el narcotizante discurso socialdemócrata, de derechos para todos, al realista análisis liberal que exigía rigor y sacrificio.
Sábado, 4 de febrero
Rufino Soriano Tena
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Francisco Rubiales
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Paco Sande
Juan Ramón Moscad Fumadó