Un inglés de traca y un francés de risa
06.12.05 @ 12:07:06. Archivado en TVE, Radio
El artículo no tiene desperdicio y es hasta gracioso. Víctor de la Serna, que es un políglota notable y tiene escasa tolerancia con la mediocridad, se harta de darle maporros a nuestros locutores. De radio y televisión. Cominza el analista de El Mundo haciendo una referencia a la prehistoria de nuestra televisión, o en la Historia bastante antigua de nuestra radio:
Hablamos de los años 60 y 70, cuando los locutores y demás bustoparlantes tenían, como la mayoría de los españoles del momento, una aseada educación que les permitía expresarse con fluidez y hasta adornarse cual torero sevillano, como tan airosamente hacían un Matías Prats (padre) o un José Luis Pecker.
Y escribe Víctor de la Serna que en aquel bachillerato de la época, el 99% había aprendido -o pensaba haber aprendido- francés:
Así que ante los micrófonos se pronunciaban bastante correctamente los nombres de Georges Pompidou, de Jean-Claude Brialy o del pueblecito de Colombey-les-Deux-Eglises...
Constata a continuicón que en cambio, por aquel entonces nadie hablaba inglés en España.Y la pronunciación de los nombres anglosajones era de traca:
Más de una vez hemos oído hablar de Grígori Pic (Gregory Peck), y no digamos de la Universidad de Práinston...
Hoy las generaciones de la LOGSE, con su vocabulario de 200 palabras, ocupan ya buena parte de las ondas hercianas. Todos han estudiado inglés. Y concluye De la Serna que casi todo es peor:
El inglés, para empezar. Si antes chapurreábamos francés, una lengua bastante próxima de la nuestra, ahora asesinamos un idioma más remoto y difícil como el inglés. Este cronista, aficionado al baloncesto, va de sorpresa en sorpresa ante la escabechina de nombres de profesionales de ese deporte: el de pila de Baron Davis se convierte en Báiron (sí, como Lord Byron, cuando es Béhron), Amaré (Stoudemire) es aquí Amér (tiene mérito, porque en realidad se pronuncia igual que se escribe), Melvin Ely se apellida Ilái (es Ili), y Olden Polynice, claro, Polináis. Lo correcto es Polinís: el hombre es de Haití, y su apellido debe pronunciarse a la francesa. Pero, claro, si hoy no sabemos inglés, ya no tenemos ni idea de francés. ¿No oyen ustedes hablar con frecuencia del Renault Spéis?
Entra después De la Serna en la la sintaxis y afirma que los locutores no conocen ni sus rudimentos:
¿qué decir cuando se escucha, en un programa deportivo radiofónico, «me se ocurre que...»? La primera vez, uno sospecha que el desenvuelto periodista habla en broma. La segunda vez crece la desazón. La tercera...
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Juan Cruz Osta
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