
Si pudiéramos dividir la sociedad en tres grandes parcelas o campos, por ejemplo, Seguridad, Economía y Cultura-Espíritu, podríamos diferenciar con cierta facilidad, y además graduar los distintos regímenes y opciones políticas, atendiendo al grado de control que ejerzan sobre cada uno de estos sectores.
Así, en uno de los extremos situaríamos el liberalismo, por reservar para sí exclusivamente el monopolio de la violencia, legitimada para garantizar la libre circulación de bienes y de ideas, es decir, sin intervernir en la economía y mucho menos en la cultura. Y en el otro extremo se encontraría el comunismo totalitario que intervendría y controlaría los tres campos -de ahí el adjetivo totalitario-, reservando el monopolio de la violencia, pero en este caso, para asegurarse de que la economía y el pensamiento y creencias de las personas así como sus gustos son acordes con los que el partido dispone.
Dicho lo cual, reconozco que no es de extrañar que el camarda Llamazares se haya volcado en la red, y se dedique a mitinear en Second Live, tal vez con la ilusión de que en esa su segunda vida, alguien más le haga casa o cobren un brillo y un vigor nuevo sus ideas, del que en la vida carnal carecen.
Leo en la prensa que se convocan manifestaciones, mítines y contramanifestaciones y quema de banderas en esta Segunda Vida. Inmediatamente recuerdo un artículo de Don Miguel Unamuno en el que habla que nunca ha encontrado mayor nivel dialéctico que el que se puede leer en las puertas de los retretes, y que tal vez se daba al momento de concentración el hecho de que las vindicaciones que allí pueden leerse en ocasiones rocen la genialidad.
Unamuno, a quien le tocó vivir una época procelosa de la historia de España, era de la opinión que no estaría mal que el odio entre los españoles y las arengas políticas se circunscribieran a tales momentos y lugares.
Y yo creo que sin duda esto favorecería la convivencia, como también el tránsito intestital.
Salud
Oscar M. PRieto
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No había pasado buena noche y su mujer había tenido malos sueños. La conjura y la malicia de los hombres le acechaba. Camino del Capitolio, un ciego le advirtió que se cuidara de los idus de marzo. No era el primero que se lo advertía, pero él no podía ceder ante el miedo, ni ante los malos augurios, ni ante los desagradecidos hombres, ni ante los esquivos dioses.
Él era Julio Cesar y el puñal de Bruto, su hijo político, y del Senado le esperaba para rasgar su vida a puñaladas: Tu quoque fili mi?
El 15 de marzo siempre despierto sabiendo que son los idus de marzo, aniversario del asesinato de Julio Cesar.
De Julio Cesar se ha dicho de todo a lo largo de más de 2000 años. Lo dijo él mismo, lo dijo Plutarco, lo han dicho políticos, filósofos, moralistas,..., aunque sin duda las palabras más bellas e inmortales son las de W. Shakespeare en su Tragedia de Julio Cesar.
Hoy, sin embargo, me ceñiré a un minúsculo comentario que nos refiere Plutarco en sus vidas paralelas y que fue la justificación por la que Julio repudió a su mujer Pompeya: "La mujer del Cesar no sólo debe ser honesta sino que también debe parecerlo".
En su sencillez recoge un modo de concebir la política. Se trata de toda una declaración de principios.
En aquellos tiempos -al menos en teoría- los políticos no sólo debían poseer las virtudes que deben adornar a todo hombre público en el desarrollo de su actividad en pos del bien común, sino que además, y con finalidad ejemplarizante y modélica, dichas virtudes debían exponerse al púeblo, debían 'aparecer'.
El siguiente paso en la concepción del ejercicio de la política consistió en prescindir de la posesión efectiva y veraz de las virtudes públicas, siendo suficiente la apariencia de ellas, su máscara, su simulación. Se podría decir que la mujer del Cesar no tenía porque ser honesta pero era imprescindible que pareciera honesta. Todavía no se habían venido abajo las barreras que separan el bien del mal. Se hacía el mal, pero se sabía.
Hace ya tiempo que las fronteras entre bien y mal están desilachadas. Ahora ni siquiera se molestan en aparentar, en simular, en engañar. Tan seguros están de su poder omnimodo y de nuestra patológica pereza y desinterés.
¿Me pregunto si se trata de un paso adelante?
Salud
Oscar M. Prieto
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El caso de pueblo saharaui es paradigma de la injusticia internacional y ejemplo de la inutilidad y nefasta concepción de una organización como Naciones Unidas.
Tras la Segunda Guerra Mundial en la que se pudieron comprobar los desmanes y horrores a los que podía conducir el positivismo jurídico, desde la recién nacida Organziación de las Naciones Unidas, se promueve un proceso descolonizador por el convencimiento de que la continuación del colonialismo impide el desarrollo de la cooperación económica internacional, entorpece el desarrollo social, cultural y económico de los pueblos dependientes y milita en contra del ideal de paz universal de las Naciones Unidas.
Con tal fin se configuran los derechos de los pueblos y entre ellos el derecho de libre determinación de su condición política.
Para poder acogerse a dicho derecho, encaminado generalmente a la independencia, debían y deben darse una serie de condiciones factuales. La primera de ellas hace referencia a que debe tratarse de pueblos sometidos a dominación colonial extranjera, así como también aquellos que padezcan un régimen racista. Podrán obtar también a este derecho los pueblos que vivan bajo regímenes no democráticos, y también aquellos en los que por ser minoría dentro del estado, su cultura y señas de identidad sean perseguida.
En el proceso descolonizador hubo pueblos que alcanzaron la independencia en fase temprana y otros que quedaron bajo la administración -no la soberanía- de la metrópoli. En estos casos la Resolución 1514 de la ONU en su punto 5 afirma: En los territorios en fideicomiso y no autónomos y en todos los demás territorios que no han logrado aún su independencia deberán tomarse inmediatamente medidas para traspasar todos los poderes a los pueblos de esos territorios, sin condiciones ni reervas, en conformidad con su voluntad y sus deseos libremente expresados, y sin distinción de raza, credo ni color, para permitirles gozar de una libertad y una independencia absolutas.
Siendo esto así, en el próximo artículo intentaremos conformarlo con la situación que vive el pueblo saharaui.
Pd: En el punto 6 de la citada Resolución se dice: Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incopatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.
A ver si se enteran por ahí arriba.
Salud
Oscar M. Prieto
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Es justo que se siga lo que es justo; es necesario que se siga lo que es más fuerte.
La justicia sin la fuerza es impotente; la fuerza sin la justicia es tiránica.
La justicia sin fuerza es contradicitoria, porque siempre hay malvados. la fuerza sin la justicia es acusada. Es preciso, pues, unir la justicia y la fuerza, y para ello hacer que lo que es justo sea fuerte o lo que es fuerte sea justo.
La justicia está sujeta a discusión. La fuerza es perfectamente reconible y sin discusión. Así, no se ha podido dar la fuerza a la justicia, porque la fuerz ha contradicho a la justicia y ha dicho que era injusta, y que ella era la justa.
Y, por tanto, no pudiendo hacer que lo que es justo sea fuerte, se ha hecho que lo que es fuerte sea justo.
Blaise Pascal
"Legalmente impecable" "Escrupulosamente legal". Cuando la ley no cumple el valor de la justicia, dicha ley debe ser derogada y no existe obligación moral de cumplirla. Y si no que se lo pregunten a Antigona.
Una cocepción meramente iuspositivista del Derecho posibilitó el auge de las más sanguinarias y opresoras dictaduras en el siglo pasado: los totalitarismos comunistas y nacionalsocialistas.
La pena es que en este país, pase lo que pase, ya no pasa nada. Desde ayer somos un poco menos ciudadanos y tenemos menos motivos para andar por la calle con la cara alta.
SAlud.
Oscar M. Prieto
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Así como los celiácos deben cuidarse bien de consumir gluten por padecer intolerancia, en micaso, debo ser extremadamente cuidadoso y no asomarme siquiera al alfeizar de esas galas en las que actrizas y actrizos, cómicas y cómicos se dan premios unos a otros en orgía onanista y desenfrenada, y que la televisión pública se encarga de colarnos de contrabando en nuestras casas por ver si nos pilla despistados.
Por lo tanto, es decir, por salud, confienso que la noche del domingo me abstuve de seguir la Gala de los Premios Goya.
Aunque he mi pueblo -y tengo entendido que también en otros pueblos- siempre se ha dicho que de lo que oigas, la mitad y de lo que te cuenten, nada, tengo por ciertas las informaciones que me relatan el desarrollo de dicha gala y entiendo que lo que no me cuentan, no me lo cuentan porque me sustraigan determinados datos, sino porque no sucedió.
A lo que me refiero, es a que estos mismos que otrora dieron ejemplo y testimonio martir, estos que se erigieron en conciencia de toda una nación (por cierto, sin que nadie se lo pidiera), revindicando la paz como única opción moral aceptable y elevando su grito contra la guerra, (pero por lo que parece no contra toda guerra, sino sobre aquella guerra), callaron en silencio ominoso y deleznable, apagaron sus gritos y se olvidaron de reclamar la paz (recuerdan? la única opción moral aceptable) para Afganistan y maldecir a los gobernantes que vilmenten ensucian nuestras conciencias y almas, manteniéndonos, contumaces, en la guerra que asola a ese país y a su pueblo.
Pero debe ser que ahora las circunstancias no manchan, como parece que no mancha el chapapote que ensucia y contamina las playas de Almería. Al menos así lo deben entender los camiseteros del nunca mais, apoyados desde el inicio por el sindicato de actores.
Según las leyes d la física clásica, un ser no modifica su estado habitual si no es por la acción de una fuerza externa. El pie cambiado de nuestros intelectuales de pantalla y tablas viene sin duda motiva por la fuerza que ejerce la Ley de Enjuiciamiento Criminal. En ella encuentra auspicio, refugio y máscara la no vergüenza de su silencio.
En el artículo 430 sanciona que no deberan ser obligados a declarar como testigos:
2. Los funcionarios públicos, tanto civiles como militares, de cualquier clase que sean, cuando no pudieren declarar sin violar el secreto que por razón de sus cargos estuviesen obligados a guardar, o cuando, procediendo en virtud de obediencia debida, no fueren autorizados por su superior jerárquico para prestar la declaración que se les pida.
Aunque no aparezca expresamente, se da por entendido que en esta categoría se incluye a la gente del cine y la farándula, siendo como son frecuentadores del pesebre público y alimentada como está su carencia de ingenio por las subvenciones.
Pero aún en el caso de que no se pudieran incluir en el punto dos del citado artículo, si encajaría en el apartado 3 en el que se declara también exentos de la obligación de dar testimonio de paz a los incapcitados física y moralmente. Y moralmente hablando, estos señores son unos tretraplejicos.
Así mismo, en el art. 418 encontramos que Ningún testigo podrá ser obligado a declarar acerca de una pregunta cuya contestación pueda perjudicar material o moralmente y de una manera directa e importante, ya a la persona, ya a la fortuna de alguno de los parientes.
Sólo faltaba, tocarle la fortuna a los parientes por un No a la guerra o un Nunca Mais en lugar o circunstancias poco oportunas, o con un gobierno que piensa encarecer las entradas de cine de las películas extranjeras para ver si así el pueblo llano no tiene más remedio que ver las de estos lumbreras.
En fin ¿quién ha dicho que la coherencia se encuentra entre las virtudes que adornan a los buenos ciudadanos?
Y os dejo recordándoos el artículo 439 que dice lo sieguiente: No se harán al testigo preguntas capciosas ni sugestivas, ni se empleará coacción, engaño, promesa ni artificio alguno para obligarle o inducirle a declarar en determinado sentido.
Salud
Oscar M. Prieto
Pd: Sabíais que el dinero que el Estado aporta al mantenimiento de la Catedral de León es menos que la subvención que otorga a películas como: Crimen Ferfecto, AC/Dc, o la vida de borjamari y pocholo?
¡... pa no caerse!
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Que el número de los necios es infinito, ya lo sentenció en su momento el Eclesiastés. No obstante, el sabio Salomón, seguramente reclamado por los brazos de la Reina de Saba, no quiso entregarse a mayores imaginaciones -de ahí su sabiduría proverbial- y no alcanzó siquiera a sospechar el grado excelso de necedad que habita, late y se autoalimenta en la clase política española.
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EL ESTADO PUTATIVO
Por fin han llegado las heladas, y con ellas el frío necesario. No me alegro por puro gozo meteorológico (por lo que a mí respecta siempre llueve a gusto), sino que Diciembre me ha traído un placer mucho más íntimo con sus temperaturas pues ya son propiciatorias para el ancestral ritual que trasforma los cerdos en fiambres (hasta hora uno corría el riesgo de que se le estropearan los varales de chorizos por tanta humedad rezumando por paredes, por suelos y por almas).
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