PP: El partido de la abstención
19.06.06 @ 13:20:00. Archivado en Políticos
Que haya gente haciendo malabarismos con Pitágoras para no reconocer que ha perdido su apuesta, es algo que demuestra mala fe, falta de deportividad o, lo que ya sabemos, que nuestros estudiantes están a la cola de Europa en el estudio de las matemáticas.
Decir que solo el 33 por ciento de los catalanes ha aprobado el nuevo Estatuto Autonómico, es una falacia. Ningún partido político, ni en España ni en Tombuctú tiene derecho a atribuirse los Votos en Blanco y la Abstención. Ese pobre 20,7 por ciento de noes es el único que corresponde a ERC y al PP unidos en extraño concubinato que no maridaje. Haciendo extrapolaciones sobre el peso de cada uno de estos partidos en anteriores confrontaciones, se puede decir que el PP sale mal parado. En Génova, deberían preguntarse cuál es la razón para que así sea.
Si miramos el mapa político de España, veremos que en el País Vasco, el PNV cumple con el retrato robot de la derecha, incluida la patronal y los empresarios de Neguri. En Cataluña, CIU representa ideas muy parecidas a las del PP en esa Comunidad, incluido el mundo empresarial. Por Galicia –recorriendo las llamadas autonomías históricas—no existe un equivalente a CIU o PNV por lo que el terreno de juego ha sido siempre del PP. De existir una pugna de izquierdas sería el BNG y el PSOE quienes serían los contendientes. Pero eso se acabo porque el solemne bobo regatea en corto mientras Mariano Rajoy juega a la patada larga colgada en el área. Las minorías suelen ser las victimas de los gobernantes en busca de una página en la Historia con mayúscula. Rodríguez Zapatero, tanto en la vida cotidiana como en la política, quiere estar a bien con todo el mundo. Para satisfacción de tamaño XL ya cumplió con la promesa de retirar nuestras Fuerzas Armadas de Irak. Ahora, dos años más tarde, los valientes países de la coalición no saben cómo salir del avispero iraquí y contemplan un aumento de suicidios, deserciones y actos indignos en sus soldados que exigirán psicoterapia para remozar su prestigio de antaño.
No reconocer la existencia de fuerzas nacionalistas en una España que se hizo a partir de entidades más o menos independientes antes de los Reyes Católicos, es plantearse los problemas de nuestro país sobre bases voluntaristas pero erróneas. Suárez, González y Rajoy han sido conscientes de la importancia de esos movimientos nacidos ante el temor a la globalización y que existen en otros países. Aznar y Rajoy han decidido retener el agua en sus manos sin que se les escape a través de los dedos. Cualquier forma de convivencia que no sea la ”unidad de destino en la eternidad” es inaceptable para nuestros conservadores españoles. Piden libertad económica, libertad de despido pero absoluta uniformidad y respeto a la norma como si esta no existiese para marcar cauces pero siempre interpretados a la luz de la lógica.
Hay mucha gente que tacha, a quienes alabamos a veces a Alberto Ruiz Gallardón, como “asquerosos sociatas que solo deseamos desmembrar el PP y España”. Las corrientes que constituyen el Partido Popular son aplastadas por los Acebes, Zaplana o Aguirre, el ala dura de esta formación. Véase el deseo de Jaume Matas en Baleares de equipararse a Cataluña abortado por Génova. La ductilidad del Alcalde de Madrid suena en los oídos de muchos de sus correligionarios como cobardía, entreguismo. Ser macho es no apearse del burro, no dar la razón a los demás ni por fair play. Ya en tiempos de Aznar hubo algunas admiradoras suyas que pidieron entusiastas, ante las cámaras de televisión, que se le midiesen o sopesasen sus partes. Y es que en algunos lugares el tamaño si importa.
Los no votantes en este referéndum catalán, como en cualquier elección, carecen del derecho de criticar el resultado. Su obligación moral –en algunos países conlleva multa el absentismo—era ir a votar. Eso sí, lo pueden hacer cuando quieran dentro del horario establecido por ley. La subida de votantes en las últimas horas, no puede achacarse a partidarios del SÍ, quizá eran votantes del NO. Los señores Josep Carod- Rovira y Mariano Rajoy, en este momento solo pueden aceptar los resultados del referéndum de Autonomía 2006. La democracia no les permite otra opción.
Algunos sostienen que si el 90% del parlamento catalán aprobó el texto inicial, el resultado del referéndum debería haber sido un 90% de síes. Esto es un absurdo ya que el texto que ha salido de aquel parlamento autonómico, ha sido pulido y enmendado antes de lograr la aprobación del Congreso de los Diputados en Madrid. Ahora, después del referéndum con 75% del voto favorable a la redacción final de los representantes de toda España, solo falta el dictamen del Tribunal Constitucional para que todo quede legalmente en orden. Los 4 millones de votos recolectados por el PP (una señora decía en Cádiz: ”yo firmo contra Cataluña” y el marido corregía lo que la esposa afirmaba), además de ser ilegales eran un auténtico engaño puesto que se decía desde el PP que el nuevo estatuto rompía la unidad de España. Habría 17 Españas y la gente mayor (menos yo y algunos más) se echaba a temblar. Estaban a las puertas del verano de 1936.
Finalmente, si España no se rompe y Baleares, Valencia, Castilla y León se adhieren a las nuevas fórmulas de autonomía catalana ¿qué futuro le espera al PP en el mundo de los videntes?
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Enrique Meneses
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