Medio Ambiente

Ruta Vía de la Plata

29.01.08 | 17:30. Archivado en Rutas y Senderos

La Calzada Romana

Las calzadas fueron las vías de comunicación por excelencia del pueblo romano, caminos empedrados de los que hoy quedan bastantes restos y que construyeron el Itinerarium Provinciarum Antonini Augusti, popularmente conocido como el itinerario de Antonino. Este documento no es más que una relación de puntos donde se encontraban las antiguas ciudades romanas, las famosas mansios.

Las calzadas eran auténticas carreteras de la época, un alarde más de la ingeniería romana, construidas para perdurar. La prueba es que muchos tramos, después de 2.000 años, permanecen intactos.

Estas vías de comunicación siempre aparecen en los pasos más suaves del terreno. Aunque las calzadas que han llegado hasta nuestros días se corresponden con las que se remataron con piedra pulida, otras se terminaban con una capa de tierra. Solían medir entre 5 y 6 metros de ancho y, para construirlas, se excavaba un metro de profundidad que luego se rellanaba con cuatro capas: el statumen (grandes piedras que servían de cimentos), el rudus (una capa de piedras más pequeñas), el núcleo (donde se mezclaba grava con arena para luego apisonar el conjunto), y el summa crusta (que es la parte superior, donde la pavimentación se realizaba con grandes piedras planas, encajadas las unas con las otras con pequeñas piedras, arena y limaduras de hierro).

Con el fin de que el pavimento no se quedara encharcado, se colocaba ligeramente inclinado. Sobre las aceras laterales se encontraban los guardacantones que hacían las veces de asientos o poyos para montar.

La flecha amarilla

Todo el Camino de Santiago de la Vía de la Plata está señalizado por la flecha amarilla para orientar al peregrino y marcar el itinerario que debe seguir.

La flecha amarilla aparece pintada tanto en piedras como en árboles, postes, en el suelo de las calles de las ciudades o en las farolas. Este símbolo-guía del peregrino es blanco cuando el camino, en lugar de sur a norte, se hace a la inversa, de norte a sur.

Perfil del Peregrino

La mayor parte de los peregrinos que realizan el Camino de Santiago del Sur, la segunda ruta jacobea de la Península, lo hacen movidos por un sentimiento espiritual o religioso. Si bien, cada vez son más los grupos de turistas que se lanzan a recorrer esta ruta con el fin de conocer de cerca una de las vías más transitadas y con mayor arraigo histórico de las que existen en la actualidad.

Acercarse a un tramo de calzada es descubrir los restos de las piedras miliares y el encanto que guardan los pueblos que hay a su paso.

La ruta Vía de la Plata... A pie

Aunque hay diversas formas de recorrer la Vía de la Plata, lo tradicional es realizarla a pie, siguiendo el ejemplo de los peregrinos medievales que subían hacia la tumba del Apóstol desde Mérida hasta Astorga, localidad esta última que empalma con el Camino Francés.

A su paso por Castilla y León la ruta discurre, a lo largo de cerca de 300 kilómetros, por Salamanca, Zamora y León. Dependiendo de la preparación física del peregrino lo cierto es que, caminando una media de 25 ó 30 kilómetros cada jornada, el trayecto se puede completar en menos de 15 días. Tiempo que aumenta si el viajero se detiene en cada uno de los pueblos que jalonan la ruta.

Consejos para el caminante

Para recorrer la ruta a pie es importante evitar las horas de calor. De aquí que los meses idóneos sean desde septiembre a mediados de mayo, aunque también puede realizarse en verano. Esta estación requiere que el peregrino madrugue para evitar los momentos del día más fuertes de sol.

A la hora de elegir esta opción, hay que tener en cuenta que el equipaje debe ser ligero y la ropa cómoda. Algo que no debe faltar en toda mochila de peregrino -además de la documentación- es un jersey, pantalones cortos, calzado adecuado, ropa interior y camisetas. El impermeable y el bañador son dos prendas obligatorias, para los días de lluvia y los de calor, en los que embalses y ríos son muy bien recibidos.

La escasez de fuentes y el largo recorrido entre dos poblaciones en algunos tramos de la ruta exige llevar una cantimplora o, en su defecto, botellas de agua. Bolsas de plástico, jabón para lavar, un botiquín, toalla, saco de dormir y agujas, hilo y alguna navaja son otros de los enseres que el peregrino agradecerá llevar en el viaje.

Se recomienda añadir en la mochila alguna tobillera o rodillera, un sombrero, gafas de sol y bibliografía para seguir la ruta. De todos modos, lo más lógico es que, antes de iniciar el camino, el viajero se documente sobre el recorrido, monumentos y datos de interés que después encontrará.

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