Medio Ambiente

Serán llamados fascistas aquellos que duden del cambio climático

02.01.08 | 14:13. Archivado en Educación ecológica

(PD)-. El director de la revista QUO, Jorge Alcalde, ha sido uno de los primeros autores españoles que sin complejos ha expresado en un libro las tesis de que en torno al medio ambiente vivimos desorientados por el sonido de las alarmas.

De hecho, en el prólogo de “Las mentiras del cambio climático”, Alcalde explica que los insultos y descalificaciones provendrán de los “coalarmistas”. Pero, más allá del ensayo, de las páginas del libro se desprende un trabajo de investigación en el que se citan numerosos escépticos extranjeros que se cuestionaron el grito puesto en el cielo del efecto invernadero.

Habla, por ejemplo, de Bjorn Lomborg y su “letanía ecologista”.

Lomborg, el ecologista escéptico, el ex dirigente de Greenpeace que hoy reniega de los postulados ecoalarmistas, fue condenado casi al ostracismo científico tras la publicación de su primer libro, en el que ponía en duda que el deterioro del medioambiente fuese un problema prioritario para la Humanidad.

Tuvo que someterse a un juicio por supuesta deshonestidad científica (que, por supuesto, ganó), recibió el desaire de muchos de sus compañeros, fue amenazado, contempló cómo activistas ecologistas reventaban sus conferencias lanzándole tartas a la cara.

Lo que hace Jorge Alcalde es poner en práctica el método cartesiano por el cual muchos han dudado de que algunas de las más pesimistas previsiones medioambientales fueran tan cruentas como las pintan.

En una de sus últimas obras, Les mots, Jean-Paul Sartre hace repaso de sus primeros diez años de vida y recoge sus recuerdos sobre los miembros de su familia. De su abuela dice: "Ella no creía en nada. Sólo su escepticismo le impedía ser atea".

Sobre el conocido Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) cuyos informen ocupen grandes espacio en los medios de comunicación, Alcalde lamenta que

Docenas de científicos que critican las conclusiones del IPCC padecen serias dificultades para encontrar financiación para sus proyectos y son denominados "negacionistas" por los medios y por sus compañeros. Más de una firma autorizada ha tenido que presentar su dimisión como autor del IPCC, asqueada por la deriva política de la institución, a pesar de que ello supone cercenar de pleno sus aspiraciones científicas.

Todos aquellos que se han atrevido, simplemente, a sospechar que en la ciencia del cambio climático existen todavía demasiadas incertidumbres ven cómo sus trabajos son inmediatamente puestos en duda y se les acusa de investigar bajo sueldo de las grandes compañías energéticas.

(:::)

Es imprescindible que se sepa que en los propios informes del IPCC (el texto único en el que se basan el Protocolo de Kyoto y todo el movimiento pancontinental en torno al clima) es imposible encontrar datos que demuestren que el calentamiento global va a producir descensos en la producción de alimentos, aumentos en la frecuencia de las tormentas o huracanes, mayores prevalencias de enfermedades tropicales como la malaria, desplazamientos humanos consistentemente más graves de los que hoy provocan las hambrunas, las sequías y las guerras. Nada de esto está en los informes del IPCC, y sin embargo aparece reseñado en los medios de comunicación y en las agendas de los políticos como un mantra grabado a fuego: el calentamiento global es hoy ya culpable de todo, desde la explosión de enfermedades hasta la caída de puentes.

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