Las desigualdades en salud aumentan si no se tiene en cuenta el género
21.11.06 @ 18:20:46. Archivado en Mujer, Medicina general
La salud de la población ha mejorado globalmente pero cuando esta mejoría se analiza atendiendo al género, se aprecian desigualdades. Las existentes entre hombres y mujeres se producen, además de por motivos económicos y culturales que afectan a toda la población, por el género cuyo concepto incorpora al hecho biológico del sexo el impacto negativo de los factores sociales que tiene que ver, por ejemplo, con roles familiares, expectativas laborales o tipos de ocupación.
El XXVI Congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) que estos días se celebra en la Feria de Valencia, organizado por la Societat Valenciana de Medicina Familiar i Comunitària, dedica una mesa a Las desigualdades en salud, género y atención primaria.
Los expertos definen estas desigualdades como las diferencias innecesarias y potencialmente evitables en uno o más aspectos de la salud y en grupos poblacionales definidos social, económica, demográfica o geográficamente. El doctor Vicenç Thomas, moderador de la mesa, aclara que mientras el sexo es una cuestión biológica, el género es un concepto más amplio. “La cuestión de ser mujer o de pertenecer al género femenino induce muchos cambios: de educación, de salud, etc. Las mujeres están más afectadas por el desempleo, ocupan puestos menos cualificados, hacen un trabajo más doméstico,… Todo esto acaba repercutiendo en la presencia de problemas de salud que son más frecuentes en ellas”.
Así la solución a los problemas de dependencia sigue recayendo en la familia y sobre todo en las mujeres, normalmente en la esposa, madre o hija del paciente. Son mujeres con un perfil determinado que reciben pocas ayudas externas. Esta situación favorece la aparición de alteraciones en el estado de salud, como el trastorno ansioso-depresivo, insomnio y problemas osteomusculares.
Distinta respuesta del SNS
A estas diferencias hay que añadir que también el sistema nacional de salud (SNS) responde de forma diferente. “Históricamente es como si la mujer no hubiera existido. Por ejemplo, los ensayos clínicos sobre tratamientos para la hipertensión arterial se hacían en el varón y luego se extrapolaban a las mujeres, cuando la respuesta a las terapias puede no ser la misma”, explica el doctor Thomas. Según los expertos, si no se tienen en cuenta los determinantes sociales, se produce un incremento de las desigualdades en salud.
La percepción de la salud-enfermedad varía según el género. Las mujeres siempre perciben que están peor de salud que los hombres, pero no lo manifiestan. “Van menos al médico y según un estudio español sobre cómo se manifiesta el infarto de miocardio, la mujer sale peor parada porque tarda más en pedir asistencia sanitaria. Ante una urgencia médica como ésta, se observó una diferencia de entre treinta minutos y una hora más de tiempo”, señala el doctor Thomas.
La última encuesta nacional (2003) revela diferencias con respecto a la salud percibida: las mujeres perciben peor su estado de salud que los hombres. El 75% de ellos lo perciben bueno o muy bueno frente al 68% de las mujeres. Como resultado, la esperanza de vida en las mujeres es mayor respecto a la de los hombres pero también la presencia de enfermedades crónicas que acaban en discapacidad y dependencia física.
También se han producido sesgos de género en los métodos diagnósticos, en la valoración de los análisis clínicos y en la aplicación de terapias sin ninguna diferenciación por sexo, ni en la dosis ni en la vía administrada. En el Congreso de Valencia se presenta un estudio sobre Las intoxicaciones por productos químicos como ejemplo de desigualdad de género.
La Atención Primaria constituye la puerta de entrada del sistema sanitario y es por tanto el primer contacto para la mayoría de la población. Este nivel asistencial es el marco idóneo en el que explorar y aplicar estrategias para la reducción de las desigualdades en salud.
La mujer médico
Suele decirse que las consultas de las mujeres médico son más prolongadas porque dedican más tiempo a conocer las necesidades del paciente. El sexo marca igualmente la especialidad médica. “Es habitual que las mujeres prefieran que las explore una ginecóloga del mismo modo que los hombres se sienten más cómodos con un urólogo varón. Algo parecido sucede con la atención a problemas del ámbito emocional como la violencia doméstica. En este caso, las mujeres son, sin duda, más empáticas; lo que no sabemos aún es si esto es bueno o malo”, asegura el doctor Thomas.
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