Montilla pateó a Rajoy y Piqué en el trasero del `indiscreto´ Mas
23.10.06 @ 19:04:18. Archivado en Artículos
La tentación recurrente al pacto estable entre PP y CiU que sacrificaría a los populares catalanes debería ser cosa del pasado. La excepción navarra de "segunda marca" rompió el molde.
Artur Mas ha sacado las vergüenzas al PP en uno de los temas más espinosos para Mariano Rajoy. Y es que hay algunos que todavía no han tomado el pulso a la política autonómica en nuestro país. Tenemos una democracia más que madura y consolidada, y con unos rasgos muy bien definidos. Al menos hasta la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa así era. Uno de esos rasgos es el sistema de partidos, siempre desde la Transición articulados en un gran bloque de centroderecha y otro de izquierda, que se han turnado en el poder. Bien es verdad que el sistema electoral proporcional que impone la Constitución ha creado un "bipartidismo imperfecto", con importantes espacios parlamentarios y de poder para las minorías extremas y para las minorías nacionalistas periféricas.
Dos grandes partidos de gobierno
Ahora bien, es muy importante acordarse de que, ni siquiera en los momentos de más frágiles mayorías parlamentarias en Madrid, nunca hemos tenido un Gobierno de concentración. Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo, Felipe González, José María Aznar y ahora José Luis Rodríguez Zapatero han recurrido a apoyos de unos y de otros, han hecho concesiones a nacionalistas catalanes y vascos y a los más variados partidos localistas, pero el Gobierno siempre ha sido o del PSOE o de UCD y el PP después.
Y esto tiene una razón de ser muy clara: nuestra democracia se basa en que tanto el PSOE como el PP son grandes partidos nacionales, presentes en todo el territorio y capaces -al menos hasta Zapatero, insisto-, de decir lo mismo en todas las Comunidades Autónomas. No sabemos qué pasaría si los partidos nacionales renunciasen a serlo, pero lo seguro es que cambiaría nuestra percepción de la política. Y lo más probable también es que quien lo hiciera dejase de ser alternativa de Gobierno. Con todo, no creo que los tiempos estén para más cambios, y desde luego la creciente autonomía del PSC de José Montilla respecto al PSOE de Ferraz está demostrando todos los problemas que podría traer la pulverización de los partidos tal como los hemos conocido.
El "bombazo" lanzado por Mas explica lo de Piqué
Conocemos ahora en detalle algo de lo que se ha venido hablando durante mucho tiempo sin datos tan concretos. Al parecer, el PP -y con la mayoría absoluta obtenida por José María Aznar en 2000- en 2003 ofreció a Convergència i Unió un pacto estable en Cataluña, que habría supuesto una especie de federación de partidos con la desaparición del PP catalán y la entrega a CiU del monopolio autonómico del centroderecha, tan catalanista como se hubiese querido pero renunciando al independentismo. Y CiU, según ha contado Artur Mas en plena y polémica campaña electoral catalana, renunció hace cuatro años a esta oferta. Ese intento –fracasado- de "Pacto del Coto Doñana" explicaría desde luego la deriva "aventurera" adoptada por el PP catalán en todos los sentidos –tanto en su discurso como en el debilitamiento de su estructura interna- tras la llegada de Josep Piqué a la cabeza.
Si se ve en pura teoría, la cosa tiene su sentido. En Baviera -por irnos lejos- no existe la CDU sino una CSU, Unión Cristiano Social, fuertemente regionalista y marcadamente más derechista. Y en Navarra -por quedarnos en casa, aunque a pequeña escala- el mismo Aznar liquidó una AP, luego PP, de intensa y meritoria historia, para llegar al actual y fructífero acuerdo permanente con la Unión del Pueblo Navarro de Miguel Sanz. Desde distintos foros democristianos y en teoría centristas y centrados se ha sostenido la extensión de la idea, como si el líder de Unió, el democristiano catalán, Josep Antoni Durán i Lleida, pudiese dar a Mariano Rajoy los votos que Josep Piqué debe aportar a una victoria en España. No fue así en 2004, y no parece vaya a serlo en 2008.
La implantación tiene que ser nacional
Un gran partido que quiera gobernar este país no puede renunciar a estar presente de modo activo en todo el territorio. Ahora que el PSOE está dejando de hacerlo, además, el PP tiene ahí una baza electoral mejor que cualquier cosa que pueda ofrecer el más sutil gabinete de análisis político. Frente a un riesgo de descomposición, precedido y anunciado por la descomposición del gran partido de la izquierda, el centroderecha se puede presentar como lo que es de modo natural, un garante de la igualdad de todos los españoles, vivan donde vivan, y de la solidaridad de sus comunidades.
De poco vale la teoría de las "segundas marcas" si se contrasta con la realidad. Incluso el ejemplar, pero excepcional, caso navarro, muestra sus riesgos, ahora que el PP no está en el poder en Madrid pero UPN desea conservarlo en Pamplona. Las "esperanzas" de Sanz respecto al "proceso de paz" no dejan de ser una postiza sugerencia de su equipo de prensa en el pasado debate sobre el Estado de la Comunidad, pero la imagen de distanciamiento respecto a Génova -ahí están sin ir más lejos las declaraciones de Carlos Iturgaiz, tan afectado y tan enfadado- no es más que un anticipo de lo que podría suceder si se dinamitase o se entregase el PP catalán al nacionalismo convergente.
Rajoy tiene hoy la suerte de que CiU no aceptase sus peticiones. Ahora, lo que toca es callar, poner buena cara y mirar al frente lo más lejos que se pueda, pase lo que pase el 1 de noviembre.
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Antonio Martín Beaumont
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