04.06.08 @ 09:30:36. Archivado en Ideal
Sin presunción de ningún tipo, no nos queda más remedio que afirmar que tenemos un cuerpo. Negarlo o rechazar esta obviedad es la necedad más grande que se puede esperar de alguien. Pero los hay. Hay un grupo de gentes, todavía en nuestras sociedades, capaces de formular propuestas de esta índole, anclados en el más obsoleto ostracismo, irremediablemente irreconciliados con una sociedad corpórea. Y es que la evidencia clama a gritos una reconversión urgente ante la tradicional dualización de que el hombre es, independientemente, cuerpo y alma. Lo segundo unido transversalmente con lo divino y lo primero tangecialmente con lo humano. Lo segundo relacionado con el bien, lo primero con todo lo pecaminoso. Y aquí está la madre del cordero, en la visión absolutamente negativa del cuerpo o, por el contrario, en la venerada adoración del mismo.
>> Sigue...