El día que llegamos a Séforis hacía mucho calor en toda la zona. El viaje había sigo agotador. Por el camino se nos habían mezclado las altas temperaturas con el cansancio. Shush, mi caballo, comenzaba a manifestar las consecuencias del largo viaje que nos había traído desde los reinos de la Cristiandad hasta los últimos territorios sagrados conquistados a los enemigos de la fe.
>> Sigue...
|
Sepa que a los cruzados no nos gusta mucho bañarnos salvo cuando el baño es imprescindible. Y no es que seamos poco sensibles a todo lo que tiene que ver con el aseo y la limpieza corporal, lo que sucede es que por encima del cuerpo está el alma y es más importante conservar el alma limpia que andar a diario sometiendo al cuerpo a purificaciones externas de carácter farisaico que no limpian los pecados que invaden nuestro espíritu. Pero sepa, también, que me dirigí a la piscina de Siloé con devoción, como corresponde a quien lucha por la defensa de los santos lugares. A Shush, lo había dejado en las caballerizas que llamaban de Salomón. Algunos -los propios del lugar- decían que allí habían estado en tiempos del gran rey de Israel.
>> Sigue...
|
Shush y yo estábamos más cansados de lo esperado. Llevábamos varias jornadas sin detenernos a dormir en alguna hospedería de los cruzados. Era mucho tiempo sin dormir sobre un lecho blando y eso, mi caballo Shush, también lo echaba de menos. Sin embargo había algo dentro de mi que me movía a llegar hasta el final y aquel era, sin duda, uno de los finales de nuestra peregrinación a las tierras de Nuestro Señor. Pensé en la cantidad de hermanos cruzados que habían dejado sus vidas en aquel lugar. Y es que, al principio, Cesarea de Filipo se había vuelto un bastión difícil de alcanzar.
>> Sigue...
|
Algunas veces pensamos que la primera resurrección que realizó Nuestro Señor fue la de su amigo Lázaro. Yo creo, en realidad, que lo del santo Lázaro más que una resurrección fue una vuelta a la vida y nada más -que no es poco- quiero decir, me digo, que supongo que después de haber vuelto a la vida, Lázaro, con el paso del tiempo se moriría -tal vez de viejo- como todo el mundo. Es decir, se volvería a morir como ya se había muerto antes. Y esto, digo yo, no es lo mismo que la resurrección de Nuestro Señor que resucita a la vida eterna. ¿Entiende lo que quiero decir? El caso es que iba yo pensando todas estas cosas mientras nos dirigíamos a Naín. La tradición situaba allí la resurrección del joven de Naín que Jesús había vuelto a la vida.
>> Sigue...
|
El día que Shush y yo salimos de Belén lucía un sol radiante. Nos habíamos asesorado bien de la dirección que nos llevaría a los restos del que había sido la fortaleza y palacio de descanso de Herodes en tiempos de Nuestro Señor. Sepa que no es que yo tuviera un interés especial en visita aquel lugar, sin embargo había prometido a mis sobrinos antes de partir del Reino obsequiarles con un recuerdo del castillo del monarca.
>> Sigue...
|
Shush y yo acabábamos de llegar de un largo viaje por el desierto. Por el camino nos habíamos quedado sin agua (no recomiendo a ningún cruzado partir sin el suficiente aprovisionamiento de agua para todo el viaje). En el desierto es muy difícil calcular las necesidades de agua. Algunas veces uno cree llevar en exceso y a medio camino se queda sin ese don tan precioso y preciado. Además Shush estaba mal acostumbrado, era incapaz de saber dosificar el agua según los momentos y las necesidades. Tiene usted razón, lo de calcular es otra de las cualidades que tenemos los hombres creados a su imagen y semejanza y que nos distingue de los animales.
>> Sigue...
|
Sepa que habíamos decidido llegar hasta la población de Mambré, aunque confieso que no tenía nada claro que Mambré fuese una ciudad o al menos un lugar identificado claramente. Había tomado el mayor número de notas e indicaciones en la Biblioteca del Colegio Imperial pero, con todo, mis conocimientos sobre el lugar se reducían casi exclusivamente a las descripciones bíblicas. Conmigo llevaba varias cartas geográficas, todas imprecisas sobre el punto exacto en el que podía encontrase Mambré. Mis referencias daban cuenta de una población desaparecida en los siglos primeros del cristianismo. Podía haber sido una antigua aldea romana que tal vez no llegó a ser mucho más que un pueblo de muy pocos habitantes. En todo caso Mambré era el lugar en el que Abrahán había plantado su tienda y había recibido la visita de tres personajes misteriosos.
>> Sigue...
|
Cuando llegamos a la ribera del Mar Muerto, Shush comenzó a relinchar como no lo había hecho nunca. Yo creía en la superstición de las personas, pero nunca pensé que los animales fueran, también, susceptibles a lugares como aquel. Y es que aparentemente allí no había más que arena, piedras, y al fondo el agua salada de un lago al que todos llamaban mar.
>> Sigue...
|
Hacía demasiado calor como para seguir unos metros más y mi caballo mostraba síntomas de cansancio y sed. Aquel desierto era muy duro. Demasiado, diría yo, como para atravesarlo en una jornada. El Mar Muerto había permanecido a la izquierda durante todo el recorrido desde nuestra partida de Jericó. Habíamos aprovechado la mitad de la noche para viajar con el fresco lo cual, se me antojaba, un privilegio poco frecuente. El clima del desierto hacía que las temperaturas entre el día y la noche oscilasen más de veinte o veinticinco grados. Eran cambios bruscos que se producían en intervalos de tiempo muy breves. Había que estar preparados y Shush -mi caballo- y yo lo estábamos.
>> Sigue...
|
Aquella mañana, cuando el sol estaba todavía por salir, Shush y yo tomamos la decisión de acercarnos hasta Kariot. Sabíamos que no íbamos a encontrar más que los restos de la población, las ruinas de la aldea que engendró a uno de los peores gérmenes que puede surgir del ser humano. Aquella era la población que había visto nacer a Judas Iscariote. Todavía estábamos tomando la decisión de acercarnos a Kariot cuando recordé los apuntes que había tomado en la biblioteca del Colegio Imperial. En un determinado momento se decía que el apellido de Judas tenía su origen en su población o aldea de nacimiento. Y recordé a María Magdalena, originaria de la población costera del Lago Tiberíades conocida como Magdala. Y recordé al mismo Jesús de Nazaret, para identificar el lugar en donde se había criado. En cualquier caso lo de Judas Iscariote debía de ser algo parecido, a sabiendas -eso sí- de que en tiempos de Jesús había una población al sur de Hebrón con aquel nombre.
>> Sigue...
|
Estaba seguro de que a Shush, mi caballo, la ciudad de Hebrón le iba a gustar. El mismo nombre de la ciudad significaba, en árabe, “el amigo”, lo cual -en aquellos momentos- era algo que tanto a Shush como a mí no nos vendría mal. Claro que tras la conquista de mis predecesores cruzados la ciudad pasó a llamarse Castillo de Abrahán -supongo que los de Abrahán-Hebrón-.
>> Sigue...
|
Viajamos con el fresco durante toda la noche. Las jornadas que habíamos pasado entre Sodoma y Masada en pleno desierto habían sido muy duras para Shush y para mí. Ninguno de los dos estábamos acostumbrados a soportar aquellas temperaturas. Mis predecesores cruzados nos habían advertido de aquellas temperaturas, pero uno nunca se hace una verdadera idea hasta que no siente en su propio cuerpo lo que nosotros estábamos viviendo.
>> Sigue...
|
:: siguientes >>
|