15.10.07 @ 08:48:57. Archivado en Judas
Habíamos llegado al atardecer. Todavía no se había puesto el sol. Sepa que desde Betania se puede ver una de las puestas de sol más hermosas con el Templo primer plano, la ciudad de Jerusalén y las colinas que rodean la ciudad al fondo. Nos habíamos reunido en la parte trasera de la casa de Lázaro. Permanecimos sentados en el suelo durante unos minutos en silencio contemplando la puesta de sol. Dentro se habían quedado las dos hermanas de Lázaro preparando la cena. El espectáculo era sobrecogedor. Él pronunció unas palabras que tenían algo que ver con la muerte del día, con el crepúsculo de los dioses. Hablamos de la Pascua. Los días previos a la fiesta todo el pueblo andaba más aprisa que el resto del año. Había que pensar en la celebración, la cena, organizar las visitas y preparar las camas para los familiares que venían de otros lugares. Entre todos estuvimos dando ideas para que aquella fiesta fuera básicamente nuestra. Todos queríamos que la Pascua de aquel año fuera más íntima, para nosotros solos. Queríamos retirarnos a un lugar solitario y vivir con intensidad el recuerdo de nuestros antepasados.
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