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La historia de José (XIV)

Permalink 17.10.08 @ 08:37:45. Archivado en Biblia

14- ACERCA DE LA SEPULTURA DE JACOB Y OTROS ACONTECIMIENTOS (Gén 50)
En el momento de la muerte de Jacob todos los hermanos se encontraban a su alrededor. José sostiene que el anciano tuvo una muerte dulce como quien se queda dormido o se dispone a soñar el último gran sueño de su vida, el sueño más largo -¿acaso alguien puede soñar un sueño eterno?-.
José estaba convencido que su padre Jacob se había ido a reunir con sus antepasados y que de él sólo quedaba el semblante y el recuerdo de haber sido el padre de un pueblo -aunque eso José todavía no se lo podía imaginar-. José lloró la muerte de su padre durante largo tiempo. Después ordenó que embalsamaran su cuerpo -sostiene que los médicos tardaron cuarenta días en embalsamar el cuerpo de Jacob porque era el tiempo requerido- y todos los egipcios guardaron luto durante setenta días. Trascurrido el tiempo del luto oficial José habló con los ministros para que le comunicasen al faraón su intención de cumplir la promesa que había hecho a su padre de sepultarlo en la tierra de Canaán, en el mismo lugar en el que permanecían sus antepasados. Los ministros comunicaron a José la aprobación del faraón para ir a la tierra de Canaán a enterrar a Jacob.
José salió para Canaán con todos sus hermanos y el resto de la familia a enterrar a su padre. Sostiene que le acompañaron todos los ministros del faraón y los ancianos de Egipto, y que en la región de Gosén sólo quedaron los niños, los rebaños y los ganados. Llegados al otro lado del Jordán realizaron grandes ceremonias de lamentaciones y despedidas como anticipación a los ritos funerarios. José sostiene que volvió a guardar luto por un período de siete días. Cuando los cananeos -los habitantes de la región del otro lado del Jordán- vieron a los egipcios guardando luto llamaron a aquel lugar "Abel Misrayin", que significa "Duelo de los egipcios".
José sostiene que entre todos los hermanos llevaron los restos de Jacob a la cueva del campo de Macpelá, el lugar que Abrahán había comprado a los hititas para ser sepultado él y toda su familia. Aquel día Jacob su sepultado con Lía y con todos sus antepasados, y José sostiene que allí permanece hasta el día de hoy.
Después de aquellos actos funerarios José regresó a Egipto y con él todos sus hermanos y el resto de los que lo habían acompañado. Durante un tiempo los hermanos temieron la venganza de José al faltar su padre. Ellos le recordaron que había prometido al anciano que perdonaría el daño que le habían hecho al venderlo a los mercedares para deshacerse de él. Sin embargo, en ningún momento José mostró rencor hacia ellos y les recordó que Dios había cambiado aquel mal por bien. Para él lo que estaban viviendo era consecuencia de un pecado que había sido transformado por Dios en una bendición que prolongaría durante todos los días de sus vidas. Así lo recordarían las generaciones futuras. José sostiene que indicó a sus hermanos que ellos también habían sido elegidos para dar a luz a un gran pueblo y que aquel iba a ser el pueblo elegido por Dios.
Los hermanos de José se quedaron con él en Egipto. José permaneció el resto de sus días en la tierra de los egipcios llegando a conocer a sus descendientes hasta la tercera generación. Conoció a los hijos de Efraín y de Manasés, y a los hijos de sus hijos. Cuando se le cumplió el tiempo, José mandó llamar a sus hermanos para anunciarles que su muerte estaba cercana y que pronto se reunirían con su padre Jacob y con todos sus antepasados. Sostiene que dijo a sus hermanos que el Dios que los había llevado a Egipto un día los llevaría nuevamente a la tierra de Canaán y los convertiría en un gran pueblo porque ya lo había prometido a Abrahán, Isaac y Jacob. Hizo jurar a sus hermanos que cuando se trasladaran a vivir a la tierra prometida llevarían sus huesos con ellos y lo sepultarían junto a su padre en la cueva de Macpelá, y que descansaría con las generaciones anteriores.
José murió a los ciento diez años y, como habían hecho con su padre, lo embalsamaron según las normas funerarias y guardaron luto por él todos los egipcios y sus hermanos. José sostiene que lo que sucedió a partir de ese momento es otra historia.


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