La historia de José (XIII)
16.10.08 @ 08:36:51. Archivado en Biblia
13- SOBRE LAS BENDICIONES Y MUERTE DE JACOB (Gén 49)
José sostiene que su padre Jacob había reunido a todos sus hijos para anunciarles a cada uno cuál iba a ser su futuro. De esta forma, sostiene, fueron pasando por delante del anciano Jacob sus doce hijos para hablar con él y para escuchar sus últimas palabras. Aquellos instantes pasaron a la historia como el testamento a los doce hijos de Jacob. Comenzó con Rubén, por ser el mayor de los hermanos. A él Jacob le anunció que siempre sería el primero en poder y en dignidad pero le advirtió que en el futuro no gobernaría por haber profanado la cama de su padre. Los siguientes fueron Simeón y Leví. A ellos Jacob les recordó que eran los hermanos guerreros pero que por haber matado a hombres no los acompañaría más. A continuación vino Judá a quien Jacob advirtió que sería alabado por sus hermanos y sometería a sus enemigos y que tendría el poder sobre muchos pueblos. El siguiente fue Zabulón a quien el anciano indicó que viviría en la zona del mar como puerto y frontera para los extranjeros. Isacar fue el siguiente del que Jacob destacó su robustez y su gran capacidad de trabajo y de compromiso con sus obligaciones. Le siguió Dan quien sería juez de su pueblo, el que dictaría normas y sentencias sobre las otras tribus de Israel pero le advirtió, también, que su comportamiento sería como el de una serpiente venenosa que haría caer al jinete por la espalda. A continuación vino Gad al que anunció que repelería las agresiones vecinas atacando por la espalda. El siguiente fue Aser que será el que proporcionará pan a los reyes y manjares para su bienestar. Le tocó el turno a Neftalí a quien José identificó con una cierva suelta que lleva consigo a una gran cantidad de crías. El penúltimo fue José, el retoño fértil, a quien el anciano Jacob advirtió que sería hostigado y perseguido pero que su brazo siempre permanecería firme frente a las dificultades con la agilidad y la astucia que le habían caracterizado en todo momento -José era el preferido de Jacob, por eso el anciano pronunció una oración especial que incluía la bendición de Dios, la del cielo, la del abismo, la de todas las madres de la tierra y, finalmente, la de su padre Jacob. La colección de bendiciones terminó con el más joven de los hermanos, con Benjamín, al que el anciano identificó con un lobo rapaz que por la mañana devora la presa y por la tarde come los despojos.
José sostiene que aquellas palabras eran de despedida pero, sostiene también, que formaban parte de una constitución, del establecimiento de las doce tribus de Israel. Aquellos doce hermanos se convertirían en las doce familias del pueblo hebreo, los doce clanes que un día se asentarían a lo largo y ancho de toda la tierra prometida y formarían un pueblo, el pueblo elegido por Dios. Aunque de todo eso José, en ese momento, no sabía nada ya que formaba parte de un futuro que él no se podía ni imaginar.
Antes de terminar la representación ante cada uno de sus hijos, el anciano Jacob les dejó una serie de instrucciones y normas. José sostiene que aquellas fueron las últimas palabras de su padre que ya estaba dispuesto a reunirse con sus antepasados. Y les indicó que lo sepultasen en la cueva de Macpelá en la tierra de Canaán, en el mismo lugar en el que estaban enterrados sus padres, y los padres de sus padres, y los padres de los padres de sus padres. Aquella cueva la había comprado Abrahán a los hititas para ser sepultado junto a Sara. El mismo lugar en donde habían sido enterrados Isaac y su mujer Rebeca. El lugar en el que el propio Jacob había sepultado a Lía. Concluido este discurso, el anciano Jacob encogió los pies en la cama y murió para reunirse con sus antepasados.
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