Historia de Israel
26.09.08 @ 08:03:40. Archivado en Biblia
La historia es, por naturaleza, subjetiva. Siempre depende de quién la cuenta, de qué lado está, cuáles son sus intenciones y a qué conclusiones pretende llegar con sus interpretaciones de los acontecimientos.
Al hablar de historia antigua, la subjetividad no sólo se complica sino que los elementos de juicio o de rigor objetivo que puedan cuestionar la subjetividad de los planteamientos son -siempre lo serán- menores. En contra de lo que sería un principio natural, el paso del tiempo suele ser el peor enemigo para la historia por la pérdida de datos, testimonios, informaciones que pudieran ofrecer o contrastar las visiones de quienes confirman y dan cuenta de los acontecimientos desde sus puntos de vista.
Si lo que hacemos es acercarnos a la historia bíblica de Israel el grado de complicación es mayor ya que tenemos que hacer un esfuerzo para intentar reconstruir un tiempo y un espacio en el que las fuentes se limitan a las informaciones que aparecen en los textos de la Sagrada Escritura -con todas las intencionalidades de los autores de los textos bíblicos y las diferentes redacciones literarias por las que han ido pasando los textos de la Escritura a lo largo de la historia- y pequeñas informaciones arqueológicas -inscripciones, cerámica, utensilios de la vida diaria, tumbas y enterramientos,...-.
A todo esto hay que añadir que la historia de Israel no se limita a los acontecimientos relativos al devenir de los hechos que tuvieron que ver con un pueblo único y determinado. Al hablar de historia de Israel hay que tener en cuenta aquellos hechos y acontecimientos de carácter histórico de los pueblos vecinos, de las potencias e imperios y de las civilizaciones más antiguas de la humanidad. Israel, como referencia y marco de la geografía bíblica, estuvo determinada por las historias de la gran mayoría de los pueblos de la antigüedad (egipcios, griegos, persas, asirios, romanos,...). De manera que hablar de historia de Israel implica, a la vez, hablar de las historias de otros pueblos, culturas y civilizaciones.
A todo esto hay que añadir las no menos importantes informaciones y reconstrucciones elaboradas a través de la fe y las tradiciones del pueblo. La llamada Historia Sagrada, lejos de ser un intento de equiparar el trabajo científico de los arqueólogos e historiadores con las leyendas, mitos y recreaciones bíblicas, se convierte en un interesante punto de referencia y contraste entre unos y otros. La tradición popular siempre tuvo y tendrá algo que decir, sin olvidar que el marco científico de la historia tiene una palabra más autorizada.
Para el historiador, las fuentes de documentación son los referentes más importantes que ha de tener en cuenta en su reconstrucción del pasado. Para el historiador de Israel las fuentes se reducen 1) a la documentación bíblica, con la subjetividad e intencionalidad que puedan tener y 2) a la documentación extrabíblica, iluminada por la arqueología y las referencias de otras historias paralelas. Esto hace que las hipótesis, conjeturas y opiniones se multipliquen al intentar elaborar un recorrido objetivo a través de los acontecimientos de la historia de los pueblos de la Biblia.
La historia de Israel es, también, la historia de muchas otras culturas que han asumido, a través de la fe, pasados ajenos como las tradiciones bíblicas. Cada país, nación o estado del Occidente llamado cristiano tiene que tener en cuenta la historia de Israel por influencia, desarrollo, extensión o simplemente injerencia. Tanto el judaísmo como el cristianismo han sido, a lo largo de su propia historia, los mejores canales de comunicación entre una historia -la propia del país- y una fe -determinada por la misma historia de Israel-.
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