La flor del vigilante (3)
20.09.08 @ 08:39:45. Archivado en Otros escritos
No me dirá usted que el fruto de mi trabajo no se valora por la pepita o la nuez que tan apreciada para el comercio es, sea dulce o amarga. Usted lo sabe bien, la almendra dulce es de sabor agradable, la amarga es venenosa. A fin de cuentas en el pecado está la penitencia y de todas esas cosas usted entiende bastante más que yo que soy un simple árbol que, aunque simple, he sido y sigo siendo más apreciado que los demás, sobre todo en el momento en el que me revisto de alba rosada de flor y adopto el porte arbóreo más vistoso. Lo decía el viejo sabio al final de su obra al hablar del ocaso del hombre y acercarlo a usted y a todo lo que le rodea: Cuando también se tema a las alturas, y se llene de peligros el camino, y florezca el almendro, y la langosta sea una carga, y se pierda el apetito; porque el hombre va a su morada eterna, y rondarán por las calles quienes hacen duelo (Qoh 12,5).
Por alguna razón que desconozco se ha vinculado la familia de los vigilantes -los almendros- a la vejez, a la ancianidad, o a la tercera edad (como algunos dicen ahora) en comparación con la sabiduría, el conocimiento y la experiencia que provoca el paso del tiempo -de su tiempo- que se refleja en esa sonrisa blanca del vigilante en flor. El almendro se vuelve vigilante de la tradición, de la historia y de la fe, garante carcelero del tiempo y cetro de poder. Durante la infancia mi abuelo me leía el libro de la vida y la importancia que usted (y los que son como usted) le habían dado a nuestra esencia y cómo nos habían otorgado el poder para dirigir a las naciones y al pueblo que había sido elegido y cómo en la tienda del testimonio la vara de Aarón de la casa de Leví había retoñado y echado brotes, y había producido flores y almendras maduras.
No me queda más que darle las gracias porque usted y su hijo -el que fue crucificado en el madero de un almendro- han hecho de mi y de mi familia uno de los mejores representantes de la naturaleza desde el momento de la creación y nos han situado en medio de los mejores productos de la tierra. A todos nos enorgullece que nuestros hijos -las almendras, como las llaman- estén entre los mejores de su especie: Si así tiene que ser, haced esto: tomad de los mejores productos de la tierra en vuestras vasijas, y llevad a aquel hombre como presente un poco de bálsamo y un poco de miel, resina aromática, mirra, nueces y almendras (Gén 43,11).
A estas alturas, mi señor, no me queda más que ofrecerle mi sombra, invitarle a que apoye su cabeza sobre si tronco y respire el aire puro de mi flor. Después de todo el trabajo creador, en estos momentos -disculpe nuevamente mi referencia temporal-, debe descansar y dejarnos a nosotros, a los que hemos descubierto el placer de todo lo creado, disfrutar de este hermoso paisaje y contemplar, como usted ya lo ha hecho, que mi testimonio es fruto de la creación por la palabra y que mi alba vestidura de flor es el resultado del esfuerzo colectivo de una tradición familiar que nos ha mantenido vigilantes a lo largo de los siglos -disculpe, finalmente, toda referencia temporal-.
Comentarios:
Estupendo trabajo. Gracias.
Una vaca ciega embestía con sus cuernos contra un almendro en flor. El almendro herido por los cuernos, por toda respuesta, cubrió con sus pétalos a la pobre vaca ciega.
Un cordial saludo.
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