La flor del vigilante (2)
19.09.08 @ 08:38:30. Archivado en Otros escritos
¡Eran otros tiempos!, nosotros estábamos en nuestra tierra y ustedes también. Ahora parece que todos hemos sido desplazados y no sabemos hacia dónde debemos dirigirnos. Sin embargo, sepa mi señor, que los míos y yo no estamos descontentos de estar aquí. Al contrario, con el paso de los siglos -disculpe esta categoría temporal, impropia de mi naturaleza- nos hemos adaptado a estas tierras y ahora, cuando uno ya tiene una edad respetable se considera propio -autóctono, diría usted- de esta tierra. Y, lo que es más importante, no hemos perdido nuestra identidad porque seguimos siendo vigilantes de la frontera entre una tierra y otra, entre un país y otro. Nuestra larga vida nos permite procurar una visión de la historia -del tiempo, para entendernos- que contemplamos cada vez que llega la primavera desde la Peña de la Redonda, desde el Tumbo de la Caldera o desde la Torreta en la que nos encontramos.
¡Mi señor! hemos reunido de los cuatro vientos una comunidad fiel a los signos de los tiempos, siempre vigilantes, con la mirada puesta en un paisaje rodeado de naranjos, olivos y chumberas; bañados por el Duero y por el Águeda. A fin de cuentas, mi señor, hemos sido capaces de mantener una sonrisa blanca cada vez que nos vestimos de flores año tras año. Y yo -quiero que sepa desde ahora- me revisto con el alba de san Marcos cada primavera para ver ponerse el sol en las Candelas y para dejar que en mis ramas se pose la cigüeña negra. Desde este lugar en el que me encuentro, mi señor, puedo ver pasar los buitres y alimoches, las águilas y todos las aves de Las Arribes. Me siento privilegiado, por ser un árbol capaz de desnudarse con el tiempo y de vestirse de blanco y de pureza para el sol de cada primer verano con la mirada dirigida hacia el horizonte, hoy que tantos añoran el ayer.
Un día un poeta dijo, no sin razón, que los vástagos de mi familia -la flor del almendro, precisará usted- era el mayor símbolo de la fecundidad y de la vida, y recuerdo que cuando lo dijo -lo recuerdo muy bien- utilizó una expresión para referirse a usted, al que siempre ha estado acompañándonos a lo largo de nuestra vida desde el momento -el itinerario- de la creación. La frase, le repito que la recuerdo muy bien, la dijo en su propia lengua y decía: En la caña del candelabro había cuatro copas en forma de flor de almendro, con sus manzanas y sus flores (Ex 37,20).
¡Cuanta razón tenía aquel poeta! El caso es que uno, a estas alturas, las más bajas de toda la región, llega a creerse algo importente -o alguien, que también se podría decir de esta manera-. Y es que todos los años, cuando la familia de los vigilantes se viste de blanco ustedes y los que son como usted, comienzan a mirar para nosotros y organizan las mayores fiestas y celebraciones de toda la comarca en lo que llaman por mi tierra "La fiesta del almendro". A uno, como a mí, estas cosas llegan a ruborizarme, aunque, en el fondo, a todos nos gusta que nos alaguen y que hagan de nosotros un símbolo de la vida y de la fecundidad y de nuestras vástagos -nuestras flores- un fruto tan preciado como las almendras que Jacob envió al faraón como regalo. Si la flor del vigilante es símbolo de vida, de luz y de color - como dicen en su lenguaje- nosotros somos los herederos de la tradición más antigua que nos vincula a la creación y a la historia de la salvación. Bien es verdad que uno siente que el tiempo no existe y que la quietud a la que nos sometemos es lo más parecido a la eternidad, estoy convencido de que nuestra presencia no ha sido sino simbólica y estimulante desde que usted -o alguien como usted- hizo un pacto con todos sus semejantes y lo ratificó en forma de flor de vigilante: En un brazo había tres copas en forma de flor de almendro, una manzana y una flor, y en el otro brazo había tres copas en forma de flor de almendro, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salían del candelabro (Ex 37,19).
Comentarios:
No está usted sólo. No es justo lo que he leído contra usted.
El señor Fernández de la Cigoña terminará en el infierno. ¿De qué sirve confesarse en confesonario e ir a comulgar todos los días si el resto de su vida se dedica a hacer el mal? La iglesia no necesita de esa clase de apoyos tan sucios.
Algunos todavía aquí se atreven a decir lo qué acredita y lo qué desacredita a un doctor en teología, sin ser ni siquiera teólogos.
Su artículo era sólo una invitación a la reflexión. Cuente con mi apoyo personal ante semejante cacería.
Y que nadie venga aquí aduciendo derechos de libertad de expresión: quien escribe esto o los que ayer criticábamos el post carecemos de la menor capacidad coercitiva contra la libertad de expresión de nadie. Criticar con la palabra las palabras de otros no es un ejercicio de coerción ni de limitación de derechos, sino un ejercicio de logos, de palabra, de racionalidad argumentativa. E indignarse porque alguien usurpe el lógos par...
No sé de qué artíclo están hablando. Yo te puedo asegurar que un artículo, un escrito, revela lo invisible que todos llevamos dentro y es un respetable acto de tanscendencia. He leído en otros post que lo que has ofendido es su religión, su Cristo. La religión no es la transcendencia. La religión se siente ofendida porque este acto de revelar lo invisible que todos llevamos con nosotros pone en evidencia la suplantación que hace continuamente en nuestras vidas. Los que se consideran detentadores de la religión escenifican la ofensa pero no declaran la suplantación. Las mariposas nocturnas se guían en su viaje nocturno por la luna y las estrellas, porque la óptica de sus ojos está enfocada en el infinito, pero si una farola o una vela se interponen entre sus ojos y la luna y las estrellas, vuelan hacia la farola o vela hasta quemarse o siucidarse. Nuestra vida se guía por el infinito la trascendecia, no por la suplantación de la religión. Los suplantadores religiosos ...
1º El texto era malo, inconsistente, sin nivel teológico alguno.
2º Hería la sensibilidad de muchos cristianos, católicos y evangélicos.
3º Le desacreditaba a usted como doctor en Teología Bíblica.
Creo que el retirarlo ha sido lo más correcto por su parte. Eso demuestra que, sean cuales sean sus opiniones, es usted una persona sensata y respetuosa con la sensibilidad cristiana de la mayoría.
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