El significado del "Libro de Hagy"
12.09.08 @ 08:14:04. Archivado en Qumrán
Deberíamos analizar todas las posibles etimologías de la fórmula constructa hebrea para intentar descubrir el verdadero sentido y significado del título de la obra. La fórmula constructa comienza con la declaración informativa de la identidad de la obra en cuestión. El término hebreo indica que nos encontramos ante un “libro”. Lo cual, si bien en Qumrán es una referencia obligada a la luz de la cantidad de obras en formato libro que se han encontrado, también es una garantía de identidad al otorgar a la obra la categoría y el formato de libro. De esta manera la obra adquiere identidad e independencia a la vez. La fórmula confirma la existencia de un libro al que se le denomina como Libro de Hagy.
Tengamos en cuenta, por tanto, la importancia de los libros en la mentalidad de los hombres de Qumrán y, sobre todo, cómo los libros nos describen la vida comunitaria de aquellos hombres ya que, como afirma J. Trebolle, "las Reglas, los libros de oración y otros varios encontrados en Qumrán parecen indicar que los miembros de este grupo que habitaban este lugar vivían en comunidad, seguían un régimen de vida en común, compartían sus bienes, comían, oraban y trabajaban juntos en una especie de "monasterio", si como tal cabe definir el conjunto de edificios conservados en el yacimiento arqueológico de Kirbeth Qumrán, lo que ha sido puesto en cuestión por algunos estudiosos en publicaciones recientes". No olvidemos que los títulos más significativos están precedidos por el sustantivo hebreo de “libro”(1QS 1,1) que traducimos como Libro de la Regla de la Comunidad; (1QM 1,1) que traducimos como Libro de la Guerra. En otras ocasiones, en los manuscritos de Qumrán, la denominación de “libro” aparece igualmente vinculada a los escritos sagrados de la Ley o incluso de la literatura profética. Pensemos, por ejemplo, en las alusiones a la Ley de Moisés denominada como Libro de la Ley (4Q266 5,ii,2-3).
En cuanto al sustantivo no tenemos más referencias que las cuatro alusiones citadas de la literatura de Qumrán. Ciertamente se trata de un sustantivo precedido por el artículo determinado. El término carece, lógicamente, de vocalización, lo que dificulta su identificación. Necesitamos, por tanto, ver todas las posibles etimologías relacionadas con el vocablo y su identidad.
Goshen-Gottstein relaciona el sustantivo con la forma verbal. El verbo, en sus diferentes tiempos y formas, aparece en más de medio centenar de ocasiones en la Biblia Hebrea. Sus significados son múltiples. En algunas ocasiones y en su forma Qal, la raíz verbal significa “susurrar, recitar en voz baja”. Pero el verbo también tiene el significado de “meditar, planear, reflexionar”. Finalmente podemos encontrarnos esta forma verbal en el Antiguo Testamento traducida como “gemir, sollozar, lamentar”. En todo caso, el verbo tiene diversos matices y acepciones de una misma familia semántica. Por su parte, la forma Hifil del verbo siempre es traducida como “susurrar, bisbisear, musitar”. Pero el verbo tiene otra acepción en su forma Qal que significa “apartar, desprender, arrollar, deslumbrar”.
En el caso del comienzo Libro de Josué llama la atención la forma verbal en su sentido más puro al ser utilizada como “meditar” y al aparecer directamente relacionado con el Pentateuco o la Ley. Nótese el espacio de unión entre el comienzo del libro y el inmediato precedente libro de la Ley.
No se aparte el libro de esta Ley de tus labios: medítalo día y noche, así harás todo según lo que en él está escrito, y tendrás suerte y éxito en tus empresas (Jos 1,8).
La forma verbal es interpretada como pensar y meditar. Se trata de pensar y meditar la Ley de Moisés como fundamento de todas las acciones y voluntades de la persona. La forma sustantivada del verbo llevó a la aparición del nombre propio y su derivado, dos formas que dan nombre a un personaje del Antiguo Testamento llamado Hegay (Hegeo) (Est 2,3.8.15): Cuando se proclamó la orden y el edicto del rey, fueron reunidas muchas jóvenes en la ciudad de Susa, bajo la vigilancia de Hegay (Est 2,8).
El sustantivo que aparece en la literatura de Qumrán puede ser vocalizado de diferentes maneras. Lo que nos llevaría a leer el término como: sefer ha-hagi; ha-hege; he-hagi; he-hagu; he-hago; he-hegi. En el caso del sustantivo, la vocalización no modificaría en ningún caso su significado sino únicamente su denominación. La diferencia de vocalización es consecuencia de la dificultad paleográfica de visualizar el sustantivo. En el documento de la Regla de la Congregación se lee claramente el término (1QSa 1,7). Sin embargo en el Documento de Damasco resulta más difícil de precisar la diferencia que establece el escriba entre la terminación en waw o en yod. Es necesario recurrir a los fragmentos del CD encontrados en la cueva 4 para establecer la terminación en yod como la más apropiada. Por otro lado podríamos sostener la hipótesis de considerar la fórmula terminada en waw como el estado absoluto y la terminada en yod como resultado de un constructo. En cualquier caso el resultado sería el mismo, quedando la forma terminada en yod como la más precisa. El mismo Goshen-Gottstein ofrece la posibilidad de estar ante el hebraísmo de un vocablo arameo.
No deberíamos olvidar la relación que se podría establecer entre el término que da nombre al libro y el nombre del profeta de la Biblia Hebrea. Si hablamos del Libro de Hagy como también deberíamos compararlo con la denominación hebrea del libro del profeta del Antiguo Testamento como Libro de Ageo sin embargo, el contenido de la obra del profeta y los datos que los textos de Qumrán ofrecen del Libro de Hagy nos permiten sostener que se trata de dos obras diferentes. Por otro lado, el nombre del profeta no aparece en ningún momento identificado con el término “libro”. La denominación de no aparece en la obra profética sino que es una composición posterior para titular la obra hebrea.
Teniendo en cuenta las dos referencias filológicas y etimológicas del término a la luz de su raíz verbal que traducíamos como “meditar, susurrar, reflexionar” y de su presencia como sustantivo, se podría crear una traducción del título de la obra como Libro de Meditación. Sin embargo el hebreo de la época no utilizaría la fórmula que presenta como sino que sería, a no ser que se tratase de una forma arcaica o irregular. De manera que si bien, en sentido genérico, podemos identificarlo como Libro de Meditación lo más preciso es mantener una traducción literal y denominarlo Libro de Hagy.
También cabría tener en cuenta las referencias a la raíz desde sus consonantes radicales que aparecen en la Biblia Hebrea. En cualquiera de los casos las consonantes radicales no sólo están presentes sino que participan de un mismo código semántico que se mueve en el significado del lamento, el gemido o la meditación. En todo caso, y como afirma M.H. Goshen-Gottstein, no deja de ser una hipótesis muy discutible la vocalización del vocablo y el hecho de querer establecer el origen y la etimología del término que da nombre al libro.
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