El Evangelio de Judas. Doctrina sobre el Espíritu
21.08.08 @ 10:04:00. Archivado en Biblia
En el Evangelio de Judas, como en una buena parte de la literatura apócrifa, nos encontramos con la presencia del Espíritu de Dios y del Espíritu Santo como una fórmula que pertenece al campo de la angelología y la demonología. En el Evangelio de Judas la mentalidad dualista del bien y del mal aparece relacionada con la figura y el poder el Espíritu. En la misma obra nos encontramos con ideas que relacionan la figura del Espíritu de Dios con el mesianismo. El Mesías esperado tiene, en el Espíritu Santo, su lugar de inspiración. En el Evangelio de Judas, el Espíritu de Dios mantiene la tónica tradicional del Antiguo Testamento al ser empleado en multitud de ocasiones en el sentido de viento. Sin embargo en pocas ocasiones encontramos el poder el Espíritu como transformador de la realidad o de una situación concreta como aparece en otros textos apócrifos (ApBaruc 23,5).
En el Evangelio de Judas, los espíritus describen a los ángeles de todas las categorías (buenos y malos, positivos y negativos), incluyendo, de esta manera, entre el grupo de los espíritus, a los demonios (como sucede en el apócrifo TestLev 5,6). Es en este momento, y a la luz de la idea de Espíritu, cuando se desarrolla con mayor ímpetu la angelología y demonología como reflexión de un cristianismo emergente heredero del judaísmo.
No hay duda que la influencia de las corrientes griegas se hicieron presentes en el cristianismo de la época. El Evangelio de Judas no es ajeno a esta influencia. La idea de la supervivencia después de la muerte surge en un momento en el que la presencia del Espíritu se convierte en protagonista de esta nueva concepción antropológica. Las primeras concepciones -incluso en los escritos rabínicos- ponen de manifiesto que esa idea de inmortalidad de la que el Espíritu era protagonista destacado no eliminaba la esperanza en la resurrección final y definitiva.
Para el autor del Evangelio de Judas, el presente no afecta para la intervención del Espíritu. El Espíritu ha actuado en el pasado a través de los profetas y sus repercusiones y esperanzas miran siempre al futuro. No olvidemos que en el período intertestamentario y en el cristianismo naciente la profecía había desaparecido y, en consecuencia, el Espíritu profético no existía, como ponen de manifiesto otros textos apócrifos. No faltan, sin embargo, excepciones que sitúan la presencia del Espíritu en el tiempo presente en textos de carácter apocalíptico (HenEtiop 91; 4Esdr 5,22) a las que se suma el Evangelio de Judas. En esta obra, una de las figuras reaparece la imagen de un nuevo Mesías y con él, la esperanza mesiánica, se convierte en el nuevo portador del Espíritu de Dios. El carácter escatológico del Mesías proclamado y esperado le otorga una capacidad de resolución que sólo puede ser comprendida si se le considera portadora del Espíritu de Dios, así había sido anunciado en la literatura del Antiguo Testamento (Is 11,1ss; Sal 17,42; 18,8) y así lo encontramos en escritos mesiánicos como HenEtiop 49,3; 62,2.
La doctrina de los dos espíritus, presente en la literatura de Qumrán, aparece también en el Evangelio de Judas así como en otros destacados escritos de la literatura apócrifa -en ocasiones con ligeras diferencias de interpretación, frente a las concepciones que habían dado los hombres de Qumrán- como es el caso de la serie de los Testamentos de los Doce Patriarcas, de manera especial en el Testamento de Judá (TesJud 20,1). En el Testamento de Benjamín el Espíritu de Dios tiene la misión de promover la obediencia y hacer que se cumplan los designios y mandatos de Dios (TestBenj 8,1-2). Sin embargo, el Evangelio de Judas ofrece una novedad con respecto al Espíritu al dar lugar al desarrollo de la concepción de Espíritu de la sabiduría. Una fórmula que si bien ya había sido utilizada por la literatura del Antiguo Testamento (Sal 8,14ss), en esta obra es desarrollada como potencia superior que interviene en las actuaciones humanas.
En el Evangelio de Judas, encontramos un texto que determina el carácter sapiencial del Espíritu: Le dijo Jesús: Ven para que te instruya sobre [...] que no ha visto nunca ningún hombre, porque existe allí un gran eón sin límite, tan grande que ninguna generación de ángeles ha visto, en donde hay un gran Espíritu invisible que ningún ojo de ángel ha podido ver y ningún corazón ha pensado y nadie ha conseguido llamar por su nombre (EvJud 47,1-13).
Para el autor del Evangelio de Judas son determinados ángeles, con nombre propio, los encargados de ser portadores de este don sapiencial que es el Espíritu: Dios mandó a Miguel darles los espíritus (53,19-20); Mandó a Gabriel otorgar espíritus (53,23). En la literatura apócrifa también encontramos algunos textos que ayudan a comprender esta nueva concepción del Espíritu como potencial sapiencial del Mesías. En el Testamento de Leví leemos: Le será concedida la gloria del Altísimo, y el espíritu de sabiduría y santidad reposará sobre él [en agua] (TestLev 18,7). Aunque para algunos autores este versículo podría considerarse una interpolación cristiana, el texto ha llegado hasta nosotros conteniendo este elemento mesiánico, sapiencial y pneumatológico a la vez. Otro texto lo encontramos en el Testamento de Judá: Después de esto se levantará en paz un astro de la estirpe de Jacob y surgirá un hombre de mi semmilla como sol justo, caminando junto con los hijos de los hombres en humildad y justicia, y no se hallará en él ningún pecado. Los cielos se abrirán sobre él para verter las bendiciones del Espíritu del Padre Santo. Él mismo derramará también el espíritu de gracia sobre nosotros (TestJud 24,1-2). Estamos, nuevamente, ante un texto que goza de la sospecha de haber sido una interpolación cristiana sobre el texto judío. En todo caso y aunque estuviéramos ante una reelaboración cristiana no podemos cuestionar el carácter mesiánico y sapiencial de estas palabras provenientes, en su mayoría, de fórmulas del Antiguo Testamento. También podemos considerar los siguientes versículos mesiánicos y a la vez pneumatológicos teniendo en cuenta que el Espíritu de carácter mesiánico anunciado como Espíritu de gracia sirve como soporte a la obediencia y sumisión ante Dios: Seréis hijos en la verdad y caminaréis por el sendero de sus preceptos, los primeros y los últimos. Éste es el retoño del Dios Altísimo y la fuente misma para vida de todo ser humano (TestJud 24,3). El Libro de los Jubileos no olvida la imagen del Espíritu creado por Dios en el ser humano. Aunque en esta ocasión no queda del todo clara la distinción entre el Espíritu de Dios y el Espíritu de los hombres como dos categorías diferentes y diferenciadas (Jub 1,20-25).
La figura del Espíritu en el Evangelio de Judas depende en gran medida del carácter gnóstico pero a la vez apocalíptico en el que están sumergidos muchos de los documentos que se redactan en este tiempo. La apocalíptica es una característica de la literatura apócrifa intertestamentaria de la que el Evangelio de Judas no se escapa. En consecuencia el debate sobre el Espíritu en los testimonios escritos de este momento dependen irremediablemente del contexto apocalíptico y escatológico en el que se mueven.
Termino con una palabras en forma de alusión de José Luis Martín Descalzo sobre el Evangelio de Judas antes de que el documento saliera a los medios de comunicación y muchos superan siquiera su existencia: “Ni falta entre los autores de los apócrifos el integrista que, como un ultra de hoy, se inventa un judas "infiltrado" que, siendo sobrino de Caifás, habría entrado en el Colegio apostólico sólo para vigilar de cerca a Jesús y venderle cuando se hiciera verdaderamente peligroso. Y hay ya en el siglo II un llamado "Evangelio de Judas", que precederá a todas las fantasías que decimos modernas, inventando un Judas santo que, conociendo la necesidad de que Jesús muriera, se habría ofrecido, en homenaje a Cristo, al horrible papel de traidor para que así se cumpliera la Escritura”.
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