El Evangelio de Judas. La administración
16.08.08 @ 09:00:02. Archivado en Biblia
Tanto Judas como su padre Simón son “hombres de Cariot” (Iscariot). Esto los situaría cercanos a la administración oficial de Jerusalén tanto por parte del gobierno de los romanos como de las autoridades judías del Templo. Alguien podría pensar -y acertar- que Judas asumió el papel de administrador del grupo de Jesús por sus capacidades y cualidades como economista. Podríamos hablar de una experiencia previa en las labores administrativas del discípulo contrariado, pero carecemos de cualquier dato que pudiera orientarnos en esta dirección. Sin embargo todo parece indicar que debía de tener unos mínimos conocimientos económicos experiencia o habilidad para lo relacionado con la administración.
Judas Iscariote podría verse ensombrecido por la figura de Pedro, el discípulo que antes de sentir la llamada de Jesús era recaudador de impuestos y, por tanto, administrador de los bienes de su pueblo. Sin embargo las artes recaudatorias de Pedro desaparecen en el momento en el que se convierte en seguidor de Jesús. Tal vez Judas asume la economía del grupo por que era buen conocedor del panorama administrativo de Jerusalén y sus alrededores de donde procedía y en donde parece que se movía con una mayor soltura tal y como se confirma en su contacto con los sumos sacerdotes del Templo de Jerusalén.
En el momento de la cena de Jesús en Betania con sus amigos escuchamos la explicación de Juan el evangelista después de que Judas se quejase ante el derroche de perfume: Si dijo esto, no fue porque le importaran los pobres sino porque era ladrón y, como tenía a su cargo la bolsa del dinero común, robaba de lo que echaban en ella (Jn 12,6). El mismo Juan nos informa de que Judas era el que administraba los bienes económicos del grupo de Jesús: Como Judas era el depositario de la bolsa común, algunos pensaron que le había encargado que comprar lo necesario para la fiesta o que diese algo a los pobres (Jn 13,29).
Un buen administrador es el que está dispuesto a conseguir dinero de donde sea con tal de fortalecer las arcas de su economía. Es de suponer que en tiempos de Jesús el ecónomo del grupo no sólo era administrador de los bienes que poseían sino, también, un gestor capaz de buscar el dinero necesario cuando hacía falta y evaluar el nivel de compras y gastos.Judas había apalabrado en treinta monedas de plata el precio de la entrega de Jesús, buscado por las autoridades judías de Jerusalén. El acuerdo económico está unido al acontecimiento de la traición: Entonces uno de los doce, el llamado Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me dais si os lo entrego? Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando la ocasión para entregarlo (Mt 26,14-16). No se establece ningún tipo de regateo en el precio de la entrega de Jesús. Tal vez a Judas le pareció una oferta razonable. Para Mateo lo que a Judas le interesaba era, sobre todo, el dinero. En su descripción del acuerdo de entrega a Jesús lo primero que hace es preguntar a los jefes de los sacerdotes por la cantidad que le darían por Jesús: ¿Qué me dais si os lo entrego? (Mt 26,15). La respuesta a su pregunta parece definitiva. Las treinta monedas de plata zanjan una puja inexistente y, por tanto, convincente para Judas.
En el Código de la Alianza del libro del Éxodo, al hablar del valor de la vida, se establece como ley que treinta monedas de plata son el precio de un esclavo muerto o mal herido: Si el buey acornea a un esclavo o a una esclava, el amo del buey pagará treinta monedas de plata al dueño del esclavo y el buey será apedreado (Ex 21,32). La norma está dentro de la ley del talión. El número coincide con la descripción del profeta Zacarías en el relato de los dos pastores: Ellos me pagaron treinta monedas de plata. El Señor me ha dicho: Echa al tesoro ese valioso precio en que me han tasado. Tomé las treinta monedas de plata y las eché en el tesoro del templo del Señor (Zac 11,12-13). Treinta monedas de plata eran treinta siclos. El número treinta señala el carácter de pobreza en la cantidad. Treinta monedas de plata eran muy poco dinero por una persona y, en el fondo, un ejemplo del desprecio que Judas siente hacia Jesús. Los evangelistas destacan el momento en el que Jesús es apresado en Getsemaní como uno de los acontecimientos más dramáticos de los evangelios. Judas vuelve a tener un papel destacado en este gesto. Al parecer había acordado con los jefes de los sumos de los sacerdotes un gesto para identificar a Jesús del resto de sus seguidores. Judas besaría al que había de ser arrestado: El traidor les había dado esta señal: Al que yo bese, ése es; prendedlo. Nada más llegas, se acercó a Jesús y le dijo: ¡Hola maestro! Y lo besó (Mt 26,48-49). El beso se convirtió en una expresión simbólica de la traición. El evangelista Lucas nos ofrece la respuesta de Jesús ante aquel signo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre? (Lc 22,48). De esta manera Judas rompe con la imagen del beso como símbolo de amor y cariño para convertirla en un gesto de traición.
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