Los cuatro elementos paulinos de la Resurrección
22.07.08 @ 08:00:24. Archivado en Qumrán
Como hemos visto el esquema de la fórmula de fe paulina en la resurrección según el texto de 1Cor 15 sigue un proceso lógico y racional que se representa a través de una serie de momentos progresivos: a) primer momento: Jesús padece y muere; b) segundo momento: tras su muerte el cuerpo de Jesús es depositado en la sepultura; c) tercer momento: Jesús resucita; d) cuarto momento: el resucitado se aparece a distintas personas. Estos cuatro momentos manifestados en el escrito paulino reflejan los cuatro elementos constitutivos del argumento de fe en la resurrección: muerte, sepultura, resurrección y aparición. Son los cuatro elementos que configuran el escrito epistolar y estructuran el texto paulino, pero son, al mismo tiempo, los cuatro elementos que vertebran el acontecimiento de la resurrección y la confesión de fe.
4.1- Murió (muerte)
La fórmula Cristo murió (Cristo.j avpe,qanen) es una “fórmula de muerte” incompleta contextualmente pero completada gramaticalmente. El tiempo verbal justifica la conclusión de un acontecimiento, el de la muerte de Jesús, pero el contexto y los acontecimiento siguientes niegan el carácter conclusivo del tiempo verbal dando a la muerte de Cristo un carácter soteriológico nuevo que se apoya en la interpretación según las escrituras.
Para Pablo, Jesús muere y con su muerte se consuma su carácter humano a semejanza de todo ser humano al que después del tiempo de la vida le sobreviene la muerte. La condición humana de Jesús lo lleva a la muerte y esta muerte es, como todas las muertes, un hecho traumático. Desde este punto de vista podemos afirmar con Kessler que con la muerte de Jesús en la cruz se confirma una crisis por la que tiene que pasar el Hijo de Dios, la crisis de la vida-muerte. Todo esto hace que Jesús se sitúe con una especial expectativa ante la muerte y con una disposición e interpretación de la muerte en clave novedosa por su parte que deriva en la crisis radical del ajusticiamiento en la cruz.
El texto paulino afirma y confirma que la muerte de Jesús tiene su razón de ser en la fórmula por nuestros pecados y es reafirmada a través de la referencia a los escritos sagrados según las Escrituras en conexión con la muerte de Jesús, como ya lo había hecho en toda la tradición de la pasión (relato y sumarios).
El primer elemento es claro, Jesús muere. El hecho reclama una interpretación teológica inmediata y urgente sobre el acontecimiento de la muerte del Hijo de Dios y la verdadera capacidad de morir que tenía el enviado por Dios. Sin embargo en el esquema paulino es el primer paso en una fórmula bipartita según la cual a) puesto que Jesús murió en la cruz (muerte), ha de ser posteriormente sepultado (sepultura) y b) dado que resucita (resurrección), ha de manifestarse en su nueva condición de resucitado (apariciones).
4.2- Fue sepultado (sepultura)
El segundo de los elementos del texto paulino sobre la resurrección gira en torno al lugar físico en donde es depositado el cuerpo de Jesús (fue sepultado [o[ti evta,fh]). Se trata de un argumento directamente vinculado a la muerte (primer elemento) al que sigue en orden cronológico y al que se siente subordinado en esa sucesión de acontecimientos: Jesús muere y acto seguido es sepultado.
La sepultura de Jesús, al igual que el acontecimiento de la muerte, tiene una repercusión teológica de vital importancia. Lo que podría parecer un detalle obvio, simple complemento al suceso de la muerte (el hecho de ser sepultado confirma que Jesús murió realmente), se convierte en un dato de vital importancia para la vida de fe de las primeras comunidades cristianas a través de la interpretación paulina y prepaulina: “Pablo, al conectar la sepultura con la muerte, de un modo explícito no ha pretendido sino ratificar el hecho de una muerte cierta. Pero si el hecho de la sepultura se mira no ya desde la muerte que le precede, sino desde la resurrección que le sigue, entonces no hay duda que, al menos de modo implícito, está incluido el tema del sepulcro vacío”. El debate sobre el hallazgo de la sepultura vacía se convierte en uno de los argumentos utilizados por los seguidores de Jesús para confirmar la resurrección de Jesús. Para Pablo el argumento de la tumba (la tumba vacía) se convertirá en un tema teológico y justificación del acontecimiento del que posteriormente elaborarán sus teologías los evangelistas (Mt 28,1-8; Mc 16,1-8; Lc 24,1-12; Jn 20,1-13).
El tiempo verbal usado por Pablo (aoristo pasivo) sitúa a un mismo nivel y en un mismo momento el hecho de la muerte de Jesús con el de su resurrección. Sepultar a Jesús implicaría, teóricamente, cerrar las puertas a la vida de una forma definitiva y separar físicamente el cuerpo del fallecido del mundo de los vivos. Pero desde la perspectiva de la resurrección la referencia al sepulcro es obligada: sólo se puede hablar de resurrección con la evidencia de un sepulcro vacío ya que el mismo hecho de la resurrección implica, por su propia naturaleza, el abandono del sepulcro.
4.3- Resucitó (resurrección)
El tercer elemento del texto paulino es, sin duda, la afirmación más importante que centra el escrito: que resucitó al tercer día [o[ti evgh,gertai th/| h`me,ra| th/| tri,th]. Se trata de la fórmula de fe sobre la que se asienta la teología de la resurrección en medio de un marco, el del texto, encuadrado en unas coordenadas espacio-temporales determinadas: en el sepulcro y al tercer día. La fórmula, paralela a la de la muerte, está regulada por un verbo pasivo, perfecto de indicativo [evgh,gertai] que tiene como sujeto a Jesús y que, por tanto, tiene como matiz el aspecto de un hecho realizado de forma receptiva: aunque el sujeto es Jesús, el que realiza la acción es Dios. Dios resucita a Jesús, Jesús es resucitado por Dios. Estamos ante el elemento teológico más importante de toda la fórmula de fe que nos remite al acontecimiento clave en todo el texto: la resurrección de Jesús.
La referencia temporal al tercer día nos remite a referencias a la creencia popular de que el alma de un muerto permanece cerca del cadáver durante tres días. Posteriormente se identificó con la referencia cristiana al domingo como fiesta dedicada a Dios. Pero, sobre todo, el texto tiene su origen en el contexto judío según el cual el tercer día es el momento de la actuación definitiva salvadora de Dios como leemos en 2Re 20,5; Est 5,1; Os 6,2. Todo parece indicar que la referencia cronológica formaba parte desde el principio de los sumarios y tradiciones más antiguas del acontecimiento de la pasión y resurrección sin más interés que el de la simple precisión cronológica. La duración temporal de los tres días tiene, sin embargo, un matiz que debemos indicar. Se trata de una significación genérica de “tiempo breve” aunque no podamos precisar con rigor si se trata en realidad de “tres días”, “al tercer día”, “después de tres días”,... Sin embargo propongo hacer una nueva lectura del texto original y desviar la intencionalidad que se ha pretendido dar al autor: Cuando Pablo afirma que resucitó al tercer día según las Escrituras ¿se refiere a que el acontecimiento de la resurrección tuvo lugar según las Escrituras, o lo que es según las Escrituras es el dato cronológico del tercer día? Dada la diversidad de interpretaciones que se han hecho de esta fórmula cabe resaltar el estado intermedio de las dos alternativas, esto es, tanto el dato de la resurrección como el argumento cronológico forman parte de la interpretación del Antiguo Testamento, esto es, según las Escrituras.
La fórmula sobre la resurrección termina, como lo había hecho el elemento de la muerte, remitiéndonos a la tradición de la Sagrada Escritura: resucitó al tercer día según las Escrituras. Es la segunda vez que se nos remite a las Escrituras. En la primera ocasión se trataba de justificar la muerte de Jesús a la luz de los textos sagrados, en esta ocasión lo que se pretende justificar a la luz de la Sagrada Escritura es la resurrección de Jesús. San Pablo al hablar de resurrección “según las Escrituras”, une los dos términos, al menos en esa interpretación global del Antiguo Testamento, que culmina en el cumplimiento de salvación, realizada en Cristo al ser liberado de la muerte”. No tenemos, sin embargo, ninguna referencia precisa a la que Pablo esté aludiendo en estos momentos. Tal vez deberíamos preguntarnos si hay alguna referencia bíblica a la que Pablo nos remita. Con esta alusión el escrito paulino queda perfectamente estructurado como hemos visto anteriormente dando lugar a una fórmula de fe bien pensada y organizada que tiene sus orígenes en redacciones previas, de lo que deducimos que el texto de 1Cor tal y como ha llegado hasta nosotros es el último estrato redaccional de una de las fórmulas teológicas más importantes del Nuevo Testamento.
4.4- Se apareció (aparición)
Estamos ante la última afirmación de la fórmula de fe que elabora la tradición paulina de 1Cor 15. La expresión se apareció [w;fqh] es la garantía de la resurrección. De la misma manera que la sepultura confirmaba la muerte de Jesús, sus apariciones confirman la resurrección. El Antiguo Testamento está lleno de apariciones directamente relacionadas con Dios. Igualmente, en el Nuevo Testamento las apariciones están directamente relacionadas con Dios como acontecimientos teofánicos. Para Pablo la aparición implica la visión (se dio a ver) y, al mismo tiempo, una revelación extraordinaria que supera la categoría de la simple visión de algo o de alguien. Con otras palabras: que Jesús resucitado se aparezca a determinadas personas tiene una consecuencia mayor y trascendente que la de la mera visión por parte de quien es receptor del acontecimiento.
Para Pablo la aparición de Jesús es continuación de los procesos “pasión, muerte, resurrección” y “muerte, sepultura, resurrección”. La aparición es, por tanto, continuidad con la muerte y continuidad con la resurrección. Pero es, fundamentalmente, una experiencia nueva que tiene como finalidad dejar constancia testimonial de un acontecimiento extraordinario. Con las apariciones de Jesús resucitado surgen los testigos del acontecimiento. Ellos van a ser, a partir de ese momento, lo encargados de testimoniar el acontecimiento de la resurrección.
Las apariciones son el cuarto elemento cristológico relativo a la resurrección. No se trata de imaginaciones, sueños o visiones interiores, son hechos que Pablo presenta como reales, hechos dados y que el apóstol enumera por orden de importancia, en ningún caso cronológico. Una enumeración que no le limita a presentar el testimonio de la resurrección -tengamos en cuenta que los destinatarios primeros del texto son los cristianos de Corinto- sino que justifica la fe a la luz del acontecimiento de la resurrección y proporcionar, de esta forma, credibilidad en los hechos relatados. En todo caso debe quedar claro que la finalidad de Pablo al incorporar el dato de las apariciones no sigue un esquema propio de un género literario (género de relato de apariciones) entre otras cosas porque el texto omite cualquier tipo de referencia al escenario de esas apariciones, el tiempo en que fueron realizadas o cualquier otro tipo de circunstancias relativas a un género literario de estas características. No olvidemos que estamos ante una fórmula de fe antigua.
Con las apariciones Pablo nos sitúa fundamentalmente ante la estructura de una fórmula de fe cristológica, que “presupone, como tradición común del cristianismo primitivo, que las apariciones de la Pascua y, por tanto, el encuentro del Resucitado fueron la base fundacional del apostolado y de la misión de los discípulos. Esta tradición cristiana primitiva queda fijada aquí en los relatos de apariciones, que ofrecen el carácter de relatos de misión y adquieren una concreción objetiva con la promesa de una promesa permanente”. Pero las apariciones son, al mismo tiempo, una fórmula de legitimación de los acontecimientos.
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