Muerte como fin y Resurrección como comienzo
18.07.08 @ 08:00:07. Archivado en Qumrán
La muerte de Jesús se enmarca en el ámbito de natural del final de su vida. Para Pablo la muerte de Jesús es un hecho real como lo es, posteriormente, el de su resurrección. Con su muerte Pablo considera finalizada la vida histórica de Jesús y su misión. La imagen de Jesús colgado de un árbol es el reflejo de una silueta estremecedora que Pablo no vio físicamente pero que sintió espiritualmente a través, fundamentalmente, de la tradición que él mismo heredó de sus antepasados (Dt 21,23) y que pone de manifiesto en sus escritos (Gál 3,13).
Para Pablo, aquella muerte significaba el fin de un proyecto cumplido aquí en la tierra. Un programa consumado y consumido que había llegado a su fin con un cierto carácter esperpéntico. Jesús había sido negado y rechazado, acusado de falsa doctrina, considerado como falso mensajero de Dios y anulado su mensaje. La imagen de la cruz demostraba que a) Dios lo había abandonado porque b) él no era el mensajero divino por lo que c) su mensaje no se merecía el menor crédito.
Sin embargo los acontecimientos que siguieron a la muerte y sepultura de Jesús -sucesos indudables y testimoniados por los allí presentes-, rompieron con todos los esquemas esperados abriendo las puertas a un proceso escatológico nuevo que se ponía en marcha a partir de ese momento. El anuncio de la resurrección, antes previo a la confirmación del acontecimiento a través de las apariciones, inicia un nuevo momento en la vida de los creyentes. La muerte de Jesús es el final de un camino pero es, al mismo tiempo, el comienzo de una nueva etapa, de una nueva vida que va más allá de lo que las capacidades humanas de los que vivieron tales sucesos podían imaginar. La resurrección de Jesús se convierte en el comienzo de una nueva vida después de la muerte en la que el Cristo resucitado es modelo y ejemplo; pero es, igualmente, comienzo del cristianismo, el génesis o principio cronológico constitutivo de una nueva fe que tiene en el acontecimiento de la resurrección su principio de vida. De esta forma, la resurrección de Jesús se convierte, también, en comienzo de la reflexión sobre el Jesús histórico y el Cristo de la fe (surge la cristología), con el nacimiento del conocimiento del Jesucristo a través de la memoria de sus discípulos, la experiencia de la cruz, la esperanza que había suscitado, las experiencias personales de los que lo habían conocido y las interpretaciones -nuevas lecturas- que había que hacer a partir de ese momento del Antiguo Testamento.
La resurrección de Jesús sólo puede ser entendida a la luz de su humanidad, de su experiencia de vida humana. La resurrección de Jesús remite a su vida anterior (predicación) haciendo del “antes” un momento esencial para la comprensión de los acontecimientos de la misma forma que lo será el “después” de la resurrección con la venida del Espíritu Santo y el nacimiento de la Iglesia.
Pablo es consciente de que la resurrección de Jesús tiene un antes y un después imprescindibles para comprender su mensaje y el futuro que se abre con el nacimiento de las primeras comunidades cristianas. Ya que, en definitiva, su resurrección afecta a todo el género humano como reflejan los escritos kerigmáticos que el mismo Pablo pone por escrito para justificar la fe a través de discursos programáticos, credos, reglas de fe, himnos cristológicos y símbolos primitivos en las primeras comunidades cristianas, destinatarias de los escritos paulinos. Los escritos paulinos, en este sentido son un verdadero testimonio de fe en la resurrección además de convertirse en la primicia que testimonia el acontecimiento de la resurrección.
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