La Resurrección en Pablo y en los Evangelios
17.07.08 @ 08:00:00. Archivado en Qumrán
El tema de la resurrección en la literatura paulina tiene una serie de elementos comunes y, al mismo tiempo, diferenciales con el resto de los escritos neotestamentarios, de manera especial a los escritos evangélicos. Estos elementos son los que configuran la teología del apóstol sobre el acontecimiento de la resurrección y hacen que podamos hablar de un teología paulina de la resurrección.
a) Elementos comunes: Tanto en los escritos evangélicos como en la literatura epistolar paulina hay una serie de elementos comunes que hacen de la resurrección un acontecimiento único. En ambos casos el esquema de los acontecimientos es fijo y único: La muerte de Jesús tiene como siguiente paso su sepultura. El mismo esquema aparece en ambos escritos con la resurrección a la que sigue la manifestación del resucitado (apariciones). Los cuatro elementos paulinos (muerte-sepultura y resurrección-apariciones) los encontramos también en los escritos evangélicos siguiendo, de esta forma, un esquema fijo.
b) Elementos diferentes: El hecho de que los cuatro elementos paulinos aparezcan igualmente y en el mismo orden en la literatura evangélica no quiere decir que después cada uno de estos elementos sean idénticos. La muerte según Pablo es fundamentalmente un acontecimiento físico (avpoqnh,|skw) que centra su teología en el sentido de la capacidad de morir (ser mortal). Sin embargo en los evangelios la muerte se manifiesta a través de la cruz. Los evangelistas destacan no tanto la capacidad de morir de Jesús sino la cruz como la razón-causa de su muerte. El sepulcro vacío es otro elemento común y diferenciador a la vez. Para Pablo el sepulcro de Jesús es un dato implícito a su narración: fue sepultado (1Cor 13,4a), mientras que para los evangelistas es un dato explícito y bien destacado. En Marcos es uno de los argumentos teológicos más importantes como signo del acontecimiento de la resurrección. En Mateo el dato del sepulcro no sólo está más desarrollado (Mt 27,62-66) sino que adquiere un profundo carácter apologético (Mt 28,11-15). En Lucas el sepulcro vacío aparece como un elemento de contraste frente a la resurrección. En Juan forma parte de un proceso de fe: ver el sepulcro vacío ayuda a comprender el acontecimiento de la resurrección. La resurrección como consumación del acontecimiento no aparece descrito por ninguno de los evangelistas ni encontramos la narración del suceso en la literatura paulina. El momento de la resurrección como proceso sobrenatural es, más bien, un elemento común todos los redactores neotestamentarios que se caracteriza por la ausencia de la descripción del acto. Las apariciones forman parte de esa serie de elementos diferenciadores. Para Pablo son un hecho consumado: Jesús se aparece a distintas personas por lo que este acontecimiento debe ser enumerado y descrito detalladamente (1Cor 15,5a.7.8). Para Pablo las personas que ven a Jesús resucitado se convierten en primeros y principales testigos del suceso. Sin embargo los evangelistas añaden los relatos de las apariciones tras la resurrección de Jesús como narraciones que describen un acontecimiento extraordinario y presentan al resucitado como una realidad corporal y física evidente.
Podríamos hablar, finalmente, de una teología paulina de la resurrección que se fundamenta en la descripción de la tumba vacía y en la referencia a la tradición con un cierto sentido apologético -confirmado a través del acontecimiento de la resurrección- por medio de la afirmación: según las Escrituras (1Cor 15,3b.4b).
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